Depósitio Sonoro

29 marzo, 2026

The Lemon Twigs regresan con Look For Your Mind!, un nuevo álbum entre la paranoia y el pop perfecto

En una época donde casi todo parece correr demasiado rápido, The Lemon Twigs han decidido hacer lo contrario: detenerse a perfeccionar la canción pop como si aún fuera un arte mayor. Y ahora, el dúo neoyorquino formado por los hermanos Brian y Michael D’Addario está listo para abrir un nuevo capítulo con Look For Your Mind!, su sexto álbum de estudio, programado para salir el 8 de mayo a través de Captured Tracks. El anuncio llega acompañado por “I Just Can’t Get Over Losing You”, un primer sencillo que vuelve a confirmar una de las mayores virtudes de la banda: hacer que la nostalgia suene viva, elegante y ligeramente extraña. Porque si algo ha distinguido a The Lemon Twigs desde sus inicios es esa capacidad de tomar la tradición del pop barroco, el soft rock setentero, la melodía beatle y el teatro glam, y convertirlo en algo que no se siente como simple revival, sino como una obsesión cuidadosamente actualizada. El pop luminoso también puede esconder ansiedad Aunque a primera escucha el nuevo material parece moverse dentro de ese universo soleado, melódico y pulcro que The Lemon Twigs ha venido refinando en los últimos años, Look For Your Mind! también parece esconder una tensión más oscura. Según la información compartida con el lanzamiento, el disco carga un trasfondo de paranoia, sospecha y desorientación emocional, una lectura que dialoga perfectamente con el presente y con la manera en que la banda ha aprendido a disfrazar la incomodidad existencial bajo armonías impecables. Brian D’Addario resumió el espíritu del álbum con una frase tan sencilla como certera: hay que aferrarse a la mente propia para no perderla. Y eso es justamente lo que vuelve tan interesante este nuevo anuncio: The Lemon Twigs no parecen interesados en repetir una fórmula complaciente, sino en seguir explorando cómo la canción clásica puede contener fracturas, rareza y una sensibilidad emocional más compleja de lo que aparenta. Una nueva etapa más abierta y colaborativa Otro de los elementos que vuelven atractivo este lanzamiento es que, por primera vez de manera más formal, el universo de estudio de The Lemon Twigs se abre a músicos que ya eran parte esencial de su experiencia en vivo. En Look For Your Mind! participan Reza Matin en la batería y Danny Ayala en el bajo, además de Eva Chambers, integrante de Tchotchke, quien también suma presencia en esta nueva etapa. Este detalle no es menor. Durante buena parte de su trayectoria, los hermanos D’Addario se han distinguido por tener un control casi obsesivo de su obra: escriben, arreglan, producen y ejecutan con una precisión que raya en lo quirúrgico. Abrir ese espacio a otros músicos no necesariamente significa perder identidad; más bien sugiere una evolución natural hacia una versión más expansiva y orgánica de su sonido. Si sus discos anteriores ya habían mostrado una madurez compositiva notable, este nuevo álbum podría representar un momento donde esa disciplina se encuentre con una energía más colectiva, más libre y quizá incluso más impredecible. Después de dos discos clave La noticia de Look For Your Mind! también llega en un momento particularmente importante dentro de la carrera de The Lemon Twigs. Sus dos trabajos previos, Everything Harmony (2023) y A Dream Is All We Know (2024), ayudaron a consolidar a la banda no solo como un proyecto de culto, sino como una de las propuestas más refinadas y consistentes del pop rock contemporáneo. En especial, canciones como “My Golden Years” ayudaron a reforzar la idea de que lo suyo ya no era solamente un ejercicio de estilo, sino una propuesta con identidad propia y una escritura realmente notable. En ese sentido, Look For Your Mind! no llega como un simple “nuevo disco”, sino como la continuación lógica de una etapa especialmente inspirada. Una en la que The Lemon Twigs parecen haber entendido con absoluta claridad qué tipo de banda quieren ser: una que honra el pasado, sí, pero que también sabe retorcerlo lo suficiente para que siga sorprendiendo. Tracklist de Look For Your Mind! El álbum contará con 14 canciones, y desde los títulos ya se adivina una mezcla de romanticismo, conflicto interno y teatralidad pop muy en la línea del grupo: Solo con esos nombres ya se puede intuir que el disco podría moverse entre el enamoramiento, la pérdida, la ansiedad y cierta ironía sentimental que tan bien le sienta a la banda. Una gira para llevar el nuevo capítulo al escenario Además del anuncio del álbum, The Lemon Twigs también revelaron una gira internacional en 2026 que incluirá fechas por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Irlanda, consolidando el impulso de esta nueva etapa. El tour incluye recintos como The Fillmore en San Francisco, O2 Shepherd’s Bush Empire en Londres y varias fechas clave por Norteamérica y Europa, lo que confirma que la banda sigue creciendo como un acto en vivo cada vez más sólido y querido. Y no es para menos: si en estudio The Lemon Twigs ya son detallistas hasta el extremo, en vivo suelen convertir ese perfeccionismo en algo mucho más vibrante, inmediato y juguetón. Aferrarse a la melodía en tiempos raros Quizá eso es lo que vuelve tan especial a The Lemon Twigs en el panorama actual: su fe absoluta en la melodía. En un momento donde gran parte del pop alternativo parece debatirse entre la ironía, el cinismo o la descomposición digital, ellos siguen apostando por canciones que creen en el estribillo, en la armonía vocal, en el arreglo bien construido y en el poder de una estructura pop casi perfecta. Pero lo más interesante es que esa fe nunca ha sido ingenua. Detrás de sus canciones siempre hay algo raro, algo desacomodado, algo que rompe la superficie de belleza con un gesto inesperado. Y si Look For Your Mind! realmente va a profundizar en esa mezcla de claridad melódica y ruido mental, entonces podría convertirse en uno de los lanzamientos más interesantes de su carrera reciente. Porque a veces, en medio del caos, también hace falta

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Madvillainy: el cómic sonoro que convirtió a MF DOOM y Madlib en leyenda

Madvillain fue un dúo y supergrupo de hip hop alternativo formado por MF DOOM y Madlib. Su álbum de debut, Madvillainy, fue bien recibido por la mayoría de la crítica por su enfoque: canciones cortas, pocos estribillos y un sonido generalmente nada comercial. De dicho álbum también se lanzó una remezcla completa titulada Madvillainy 2: The Madlib Remix, lanzada en 2008. Madvillainy, el único álbum de estudio del dúo Madvillain, pertenece a obras que no solo envejecen bien, sino que con el tiempo se vuelven más misteriosas, más influyentes y grandes. Lanzado el 23 de marzo de 2004 por Stones Throw Records, el disco fue el resultado de una colisión casi mitológica entre dos mentes obsesivas: el villano enmascarado MF DOOM y el alquimista del sample Madlib. Y sí, hay muchos discos a los que se les llama “de culto” demasiado pronto. Pero Madvillainy sí se ganó ese lugar a pulso: no porque buscara ser una pieza de museo, sino porque desde el principio sonó como algo imposible de replicar. No era un disco de rap; era una dimensión propia Lo primero que uno entiende al escuchar Madvillainy es que este no es un álbum interesado en “entrar” fácil. No hay grandes coros, no hay estructuras convencionales, no hay sencillos pensados para la radio, y casi ninguna canción se desarrolla como esperarías. Muchas duran menos de dos minutos. Algunas terminan justo cuando empiezan a hipnotizarte. Otras parecen fragmentos de una transmisión pirata, como si hubieran sido capturadas en una frecuencia escondida entre la estática, la televisión vieja y el humo de un cuarto lleno de vinilos. Eso es precisamente lo que lo hace tan poderoso. Madvillainy no se siente como una colección de canciones, sino como un universo ensamblado con retazos de cómics, jazz torcido, caricaturas, soul polvoso, cintas mal grabadas y barras de otro planeta. Un collage vivo. Un mapa mental. Un laberinto. Y si funciona tan bien es porque sus dos arquitectos no estaban tratando de complacer a nadie. Estaban tratando de construir su propio lenguaje. MF DOOM: el rapero que escribía como si cada verso fuera una trampa Hablar de MF DOOM en Madvillainy es hablar de uno de los ejercicios de escritura más fascinantes que ha dado el hip hop moderno. DOOM no rapea aquí como un MC tradicional. No entra al beat para dominarlo de manera obvia, ni para subrayar cada punchline con dramatismo. Hace algo más extraño y más complejo: flota. Se desliza por encima de los ritmos de Madlib como si estuviera narrando desde otra habitación, como si estuviera improvisando con una calma casi absurda mientras, por debajo, cada línea está llena de dobles sentidos, aliteraciones, referencias, sarcasmo y juegos internos de rima. No “presume” su técnica. La esconde. Y esa es una de las razones por las que Madvillainy sigue atrapando a la gente dos décadas después: porque no es un disco que se agota en la primera escucha. Cada vez que vuelves, aparece una sílaba que no habías escuchado, un remate que pasó de largo, una imagen absurda que ahora sí pega. DOOM escribe como alguien que disfruta perderte a propósito. En “Accordion”, una de las aperturas más legendarias del rap de los 2000, ya está todo ahí: ironía, precisión, economía, humor, extrañeza. No necesita levantar la voz ni empujar el beat. Le basta con entrar y dejar claro que el villano ya está dentro del cuarto. Luego llegan piezas como “Meat Grinder”, “Figaro”, “All Caps” o “Rhinestone Cowboy”, y lo que aparece es un rapero en estado de absoluta libertad creativa. Uno que no parece estar compitiendo con nadie porque, honestamente, está haciendo otra cosa. Madlib: el productor que convirtió el caos en arquitectura Si DOOM es el narrador del mito, Madlib es el que diseñó la ciudad. La producción de Madvillainy sigue siendo una de las cosas más desconcertantes y hermosas que le han pasado al hip hop. En vez de buscar beats redondos, grandes o “limpios”, Madlib arma un paisaje de loops torcidos, baterías malhumoradas, voces robadas, películas viejas, jazz dislocado, psicodelia casera y texturas que parecen a punto de deshacerse. Y aun así, todo embona. Parte de la leyenda del disco viene de ahí: mucho del álbum fue construido con herramientas mínimas, incluyendo beats hechos por Madlib durante un viaje a Brasil, trabajando con un sampler portátil, una tornamesa y una grabadora de cinta. Lejos de sonar limitado, ese método le dio al disco una cualidad irrepetible: suena íntimo, extraño y portátil, como si hubiera sido hecho a escondidas en cuartos de hotel, sótanos y refugios antibomba, que de hecho no está tan lejos de la realidad. Lo genial de Madlib aquí no es solo su oído para samplear, sino su intuición narrativa. Sus beats no están “decorando” a DOOM: están creando atmósferas psicológicas. Hay momentos donde el disco parece caricaturesco, otros donde suena melancólico, paranoico, narcótico o incluso tierno. La producción nunca busca sonar grandilocuente. Busca sonar viva. Escuchar “Raid”, “America’s Most Blunted”, “Curls” o “Strange Ways” es entender que Madlib no estaba produciendo “pistas”, sino habitaciones mentales. La grandeza de lo fragmentario Una de las cosas más revolucionarias de Madvillainy es su rechazo absoluto a la idea de que un álbum de rap debe comportarse de cierta forma. Este disco está lleno de: Lo que hace Madvillain aquí es romper con la lógica de la “canción perfecta” y reemplazarla por una lógica de viñetas. Como si cada track fuera un panel distinto de un cómic surrealista. Por eso Madvillainy se siente tanto como una obra visual, aunque no tenga imágenes más allá de su portada icónica. El disco avanza como una novela gráfica hecha de loops, máscaras, humor negro y polvo. Hay secuencias enteras que parecen existir solo para construir mundo, no para “pegar”. Y eso es una maravilla. Porque en vez de darte una narrativa lineal, el álbum te obliga a habitarlo. No hay relleno; hay diseño Uno de los grandes milagros de Madvillainy es que, a pesar de su naturaleza fragmentaria, nunca

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