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Winona Riders llega por primera vez a Ciudad de México

La banda argentina se presentará este viernes 25 de septiembre en Foro Puebla, como parte de la gira de promoción de 0%. Desde el oeste de Buenos Aires llega a Ciudad de México una de las propuestas más inquietas de la nueva escena psicodélica argentina. Winona Riders se presentará por primera vez en la capital este viernes 25 de septiembre en Foro Puebla, llevando consigo un sonido construido a partir del fuzz, la reverberación, la psicodelia, el krautrock, el noise y una marcada pulsión rockera. Formada en Morón, provincia de Buenos Aires, en 2018 por Ariel Mirabal Nigrelli y Ricardo Morales, Winona Riders nació bajo una premisa tan sencilla como ambiciosa: convertirse en la banda que sus propios integrantes siempre habían querido ver sobre un escenario. Desde entonces, la agrupación ha desarrollado una filosofía basada en tocar constantemente, explorar sus propios límites y construir una identidad al margen de las fórmulas establecidas. El grupo tuvo su debut en vivo el 15 de junio de 2019, en Salas Tifón de Ramos Mejía, todavía como trío. Con el paso de los años, aquella formación inicial se convirtió en el quinteto que actualmente integran Ariel Mirabal Nigrelli en voz y guitarra, Ricardo Morales en voz y guitarra, Gabriel Torres Carabajal en percusión, Francisco Cirillo en batería y Santiago Vidiri en bajo. Su música se mueve entre diferentes territorios. Hay rock de raíz stoniana, pasajes hipnóticos heredados del krautrock, ruido, distorsión y una psicodelia que no parece buscar únicamente la contemplación, sino también el movimiento físico. En ese sentido, Winona Riders pertenece a una generación de músicos argentinos que comenzó a cobrar especial fuerza después del confinamiento provocado por la pandemia. El denominado movimiento musical “post-pandemia” surgió alrededor de 2021 como una respuesta a la necesidad de volver a ocupar las calles, los escenarios y los espacios de encuentro. Para una banda cuya filosofía consiste en tocar tanto como sea posible, ese contexto terminó resultando particularmente significativo. Su discografía también refleja esa velocidad creativa. Winona Riders cuenta hasta ahora con cuatro álbumes de estudio: Esto es lo que obtenés cuando te cansás de lo que ya obtuviste (2023), El sonido del éxtasis (2023), No hagas que me arrepienta (2024) y Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal (2025), además de diferentes registros en vivo. Pero una parte importante de su historia ocurre arriba del escenario. La banda ha construido una trayectoria que ya incluye presentaciones en distintas ciudades de Argentina, Latinoamérica y Europa, además de compartir escenario con nombres internacionales como The Brian Jonestown Massacre, King Gizzard & The Lizard Wizard y Primal Scream. En 2025, Winona Riders llevó su propuesta hasta Europa con una gira que pasó por Irlanda, Inglaterra, Francia, Alemania y España, mientras que su recorrido también ha incluido participaciones en festivales como Lollapalooza, Cosquín Rock, Primavera Sound y Music Wins. Uno de los episodios más particulares de su trayectoria ocurrió en el Estadio Obras, donde la agrupación ofreció un concierto de cuatro horas. Una duración que funciona casi como declaración de principios: para Winona Riders, el concierto no parece ser únicamente la presentación de un repertorio, sino el espacio donde su música termina de adquirir sentido. Ahora esa experiencia llegará por primera vez a Ciudad de México. El concierto en Foro Puebla será parte de la promoción de 0%, material con el que la banda continúa expandiendo un universo construido entre guitarras saturadas, pulsaciones hipnóticas y letras que se mueven entre lo introspectivo, lo lisérgico y lo frontal. Para quienes siguen el desarrollo de la nueva psicodelia latinoamericana, la llegada de Winona Riders representa también una oportunidad para acercarse a una escena que en los últimos años ha encontrado nuevas maneras de relacionarse con el rock, el ruido y la experiencia en vivo. Este viernes, el oeste de Buenos Aires aterriza en la colonia Roma. Winona Riders en Foro Puebla. 📍 Foro Puebla — Ciudad de México📅 Viernes 25 de septiembre de 2026🎸 Winona Riders🎟️ Boletos en este link

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¿El shoegaze no existe? Una discusión sobre un género que quizá nunca quiso serlo

Hay algo particularmente interesante en escuchar a músicos que fueron colocados en el centro de una escena decir que esa escena nunca existió. En semanas recientes, Jim Reid de The Jesus and Mary Chain cuestionó directamente la existencia del shoegaze como género. Y ahora, en una entrevista para Depósito Sonoro, un integrante de Chapterhouse ha sostenido una idea similar. Dos voces vinculadas, de maneras distintas, con la genealogía de aquello que hoy llamamos shoegaze parecen coincidir en algo: el término no describe necesariamente lo que ellos pensaban que estaban haciendo. La afirmación puede parecer paradójica. ¿Cómo puede no existir un género cuyos discos, bandas, características sonoras, historia, escenas, etiquetas discográficas, libros, festivales, reediciones y hasta nuevas generaciones de músicos están perfectamente documentados? Tal vez la respuesta esté en distinguir entre un género que existe como identidad y un género que existe como categoría histórica. Y ahí comienza el problema. Antes de ser un género, fue una etiqueta “Shoegaze” no nació como manifiesto. Ninguna banda salió a decir: vamos a fundar un nuevo género musical basado en capas de guitarras, distorsión, feedback, voces etéreas y músicos mirando hacia sus pedales. El término apareció en la prensa musical británica alrededor de 1991. Su origen exacto incluso es discutido: Andy Ross, entonces vinculado a Food Records, ha contado una versión sobre cómo surgió el término; sin embargo, el primer uso impreso confirmado de “shoe-gazers” aparece en NME en mayo de 1991, en referencia a Slowdive. Es importante detenerse aquí. Porque el nombre no surgió de las bandas. Fue una manera de agruparlas desde afuera. El famoso “shoegazing” hacía referencia, en principio, a una característica escénica: músicos que permanecían relativamente inmóviles mientras miraban hacia sus pedales de efectos. Pero esa descripción visual terminó convirtiéndose en una categoría sonora. El problema es que las bandas reunidas bajo ese nombre no necesariamente se consideraban parte de una misma corriente. Rachel Goswell, de Slowdive, ha explicado que el término surgió a partir de esa observación sobre los pedales y posteriormente fue aplicado a un conjunto mucho más amplio de grupos. Otros músicos de aquella generación también han señalado que la etiqueta era externa y, en muchos casos, despectiva. Es decir: el shoegaze comenzó siendo una etiqueta periodística antes de convertirse en una categoría musical. Y eso cambia bastante la discusión. Entonces, ¿qué estaban haciendo realmente? Pensemos en las bandas que hoy colocamos dentro de ese universo. My Bloody Valentine.Slowdive.Ride.Lush.Chapterhouse.Swervedriver.Catherine Wheel.Pale Saints.The Boo Radleys. No suenan iguales. Y eso es precisamente lo interesante. My Bloody Valentine llevó la guitarra hacia un territorio donde el ruido, la melodía y la textura podían convertirse en una misma cosa. Slowdive desarrolló una dimensión mucho más atmosférica y melódica. Ride incorporó elementos psicodélicos y una estructura más cercana al rock tradicional. Lush podía desplazarse entre el pop, el dream pop y las guitarras densas. Chapterhouse tenía otra relación con el ritmo y la psicodelia. Incluso AllMusic, al describir retrospectivamente el shoegaze, reconoce esa diversidad: identifica el modelo de My Bloody Valentine como fundamental, pero señala también la influencia de Dinosaur Jr., The Jesus & Mary Chain y Cocteau Twins, mientras que bandas como Ride, Lush, Chapterhouse y The Boo Radleys desarrollaron sus propias variantes. Por eso quizá sea más exacto pensar que shoegaze nunca fue un sonido único. Fue una zona de intersección. Una especie de territorio donde distintas bandas llegaron desde diferentes caminos y terminaron utilizando herramientas similares: volumen, capas, distorsión, feedback, modulación, reverberación, melodías parcialmente ocultas y una relación menos frontal entre intérprete y público. Y aquí aparece The Jesus and Mary Chain Hay una ironía particularmente hermosa en que The Jesus and Mary Chain cuestione la existencia del shoegaze. Porque, aunque no sea una banda shoegaze en sentido estricto, su música forma parte fundamental de la genealogía que llevó hasta él. Psychocandy, publicado en 1985, ya había planteado una combinación extraordinaria: canciones pop relativamente sencillas sepultadas bajo ruido, distorsión y feedback. Después aparecerían Cocteau Twins y, sobre todo, My Bloody Valentine, llevando aquella relación entre melodía y ruido hacia lugares mucho más extremos. En otras palabras: El shoegaze no apareció de la nada. Existía una conversación musical previa. Y esa conversación tenía entre sus participantes a bandas que jamás necesitaron llamarse shoegaze. The Jesus and Mary Chain es, en ese sentido, una especie de antepasado que no reconoce el apellido. My Bloody Valentine tampoco necesitaba llamarse shoegaze Aquí encontramos otra contradicción. Cuando hablamos de shoegaze, casi inevitablemente terminamos hablando de My Bloody Valentine y de Loveless. Pero Loveless no necesitó de la palabra “shoegaze” para existir. La música estaba ahí antes de que la categoría terminara de consolidarse. Esto ocurre con frecuencia en la historia de la música. Los músicos hacen música. Después alguien intenta explicarla. Primero aparecen las canciones. Después los periodistas encuentran patrones. Después las compañías discográficas encuentran una forma de vender esos patrones. Finalmente, los historiadores construyen una genealogía. Y años después aparece alguien diciendo: “Nosotros nunca fuimos eso.” Probablemente tenga razón. Y probablemente también la tenga quien utiliza el término. ¿Un género necesita que sus músicos crean en él? Aquí está la verdadera discusión. Supongamos que cinco bandas hacen música con características similares, tocan en los mismos lugares, comparten público, sellos discográficos, productores, amigos y circuitos de conciertos. Los periodistas comienzan a agruparlas. El público comienza a reconocer similitudes. Años después, nuevas bandas escuchan esos discos, identifican determinadas características y comienzan a utilizarlas deliberadamente. ¿Existe el género? Aunque los músicos originales digan que no, históricamente la respuesta parece ser sí. Porque los géneros no son únicamente declaraciones de identidad. También son herramientas para describir relaciones entre obras. El rock mismo es un ejemplo extremo. Ningún género musical es una caja perfectamente cerrada. ¿Dónde termina el punk y comienza el post-punk? ¿Dónde termina el dream pop y comienza el shoegaze? ¿Es Disintegration de The Cure goth, post-punk, dream pop o simplemente The Cure? ¿Es Sonic Youth noise rock? ¿Es Souvlaki exclusivamente shoegaze? Las fronteras se vuelven borrosas en cuanto dejamos de trabajar con etiquetas comerciales

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Drizzle: Cai de Cara Ayer, el urbano que se atreve a salir del molde 

 Drizzle llega con “Cai de Cara Ayer”, un estreno que pone sobre la mesa una versión más honesta, orgánica y vulnerable del artista urbano alternativo. La canción nace desde ese momento en el que toca reconocer los errores, tocar fondo y entender que levantarse también implica dar la cara. Sin disfraces ni fórmulas prefabricadas, Drizzle convierte esa experiencia en una pieza que se siente cercana desde la primera escucha. Pero, ¿qué hace diferente a Drizzle dentro del urbano? 🤔 Mientras gran parte de la escena apuesta por sonidos reconocibles y estructuras que ya sabemos cómo funcionan, su propuesta juega en otro terreno: mezcla códigos del urbano con una sensibilidad mucho más alternativa, melodías y una interpretación que prioriza la emoción. “Cai de Cara Ayer” no intenta encajar perfectamente en una etiqueta; más bien toma elementos del urbano y los lleva hacia un lugar propio, demostrando que hablar de género también puede significar romper sus límites. Y ahí está precisamente lo interesante. ⚡ Drizzle no necesita alejarse completamente del urbano para ser diferente: lo transforma desde adentro. Su sonido puede conectar con quienes disfrutan del rap, trap o reggaetón alternativo, pero también con quienes buscan propuestas más experimentales y emocionales. Es esa combinación la que comienza a construir una identidad reconocible: una música que puede sonar cruda, moderna y alternativa al mismo tiempo, sin perder la esencia de alguien que está encontrando su propia voz. “Esta canción nace de un momento de absoluta honestidad. Cuando regresamos al estudio en enero, hablábamos justo de cómo a veces te toca tocar fondo por tu culpa y no te queda de otra más que dar la cara y levantarse. Teníamos que llevar ese sentimiento a un sonido orgánico e impecable”  Para darle vida a toda la vulnerabilidad de “Cai de Cara Ayer”, Drizzle se rodeó de un gran equipo en el Estudio Topetitud: Alex Patri en la ingeniería, Sami Mendoza en la batería, Carlos Noriega (Bani) en producción y composición, y VV Brujo en la dirección vocal. El resultado: un track crudo, emocional. Así que si todavía no has escuchado “Cai de Cara Ayer”, este es el momento de darle play. Porque más allá de ser un nuevo lanzamiento, el track representa otro paso en el crecimiento de Drizzle y en esa búsqueda por construir un urbano diferente, menos predecible y mucho más personal. Dale una escucha, descubre qué pasa cuando lo urbano se encuentra con lo alternativo y cuéntanos: ¿Drizzle ya está creando su propio camino?

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90’s ROCK: cuatro nombres fundamentales del rock mexicano llegarán al Parque Naucalli

Cuca, La Castañeda, La Lupita y Santa Sabina compartirán escenario el próximo 14 de noviembre en Naucalpan, Estado de México. El próximo sábado 14 de noviembre, cuatro de esas voces volverán a encontrarse en un mismo escenario con “90’s ROCK”, festival que llegará al Parque Naucalli, en Naucalpan, Estado de México. A partir de las 18:00 horas, Cuca, La Castañeda, La Lupita y Santa Sabina compartirán una jornada que reúne distintas caras de aquella escena: la irreverencia, el humor, la oscuridad, la experimentación, el funk, los ritmos latinos y una manera particularmente intensa de entender el rock. Desde Guadalajara, Cuca llegará con José Fors al frente. La banda construyó buena parte de su identidad alrededor de guitarras contundentes, letras provocadoras y un sentido del humor que se convirtió en una de sus principales señas. Temas como “El son del dolor”, “La balada” y “Cara de pizza” forman parte de un repertorio que permanece estrechamente ligado a la memoria del rock mexicano de los noventa. La oscuridad tendrá su propio espacio con La Castañeda. Encabezada por Salvador Moreno, la agrupación desarrolló una propuesta donde el rock convivió con la teatralidad, la psicodelia y una atmósfera profundamente particular. “Cenit”, “Noches de tu piel” y “Transfusión” son algunas de las canciones que han mantenido vigente ese universo sonoro y visual. El baile llegará de la mano de La Lupita, agrupación que encontró uno de sus principales distintivos en la mezcla de rock, funk y ritmos latinos. Con Héctor Quijada al frente, canciones como “Ja, ja, ja”, “Paquita Disco” y “Supersónico” representan una faceta más festiva y rítmica de aquella generación de bandas que amplió los límites del rock nacional. Por su parte, Santa Sabina representa una de las vertientes más experimentales y poéticas de aquella escena. Su música, marcada por una búsqueda artística que trascendió los formatos convencionales del rock, dejó un legado que continúa encontrando nuevos escuchas. Su participación en “90’s ROCK” funcionará también como una celebración de esa herencia y de una obra que permanece profundamente ligada a la historia de la música alternativa en México. Más que reunir cuatro nombres asociados a una misma década, “90’s ROCK” plantea un encuentro entre distintas formas de entender el rock mexicano. Sonidos que en su momento convivieron dentro de una escena amplia y diversa y que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en parte de la memoria musical de varias generaciones. El Parque Naucalli será el escenario de esta reunión en el Estado de México, en una presentación de gran formato organizada por Beyond Stage Entertainment. Los boletos ya se encuentran disponibles a través del sistema Arema. La primera fase de venta permanecerá vigente hasta el 1 de octubre, con precios de $1,000 pesos en zona Preferente y $800 pesos en zona General. Posteriormente, los precios estarán sujetos a las siguientes etapas de comercialización. El próximo 14 de noviembre, Naucalpan recibirá una noche construida alrededor de canciones que sobrevivieron a su propia época. Cuatro bandas, cuatro maneras distintas de aproximarse al rock y un mismo escenario para volver a escuchar una parte fundamental de la historia de la música mexicana. 90’s ROCK📍 Parque Naucalli, Naucalpan, Estado de México📅 Sábado 14 de noviembre de 2026🕕 18:00 horas🎟️ Boletos: Primera fase: $1,000 Preferente / $800 General, hasta el 1 de octubre.

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Reyno llega al Pepsi Center con Nómada: un viaje hacia adentro

Este 17 de septiembre, Reyno regresa a la Ciudad de México para presentar en el Pepsi Center una nueva etapa de su historia. Con Nómada como punto de partida, Christian Jean prepara un espectáculo que busca convertir el concierto en una experiencia audiovisual, emocional e introspectiva. Para Reyno, Nómada representa ambas cosas: el desplazamiento constante de un músico que recorre escenarios, ciudades y etapas personales, pero también ese otro viaje que ocurre hacia adentro, cuando las experiencias terminan transformándose en canciones. Después de recorrer distintas ciudades con la gira Nómada, el proyecto liderado por Christian Jean vuelve a la Ciudad de México este 17 de septiembre, para presentarse en el Pepsi Center, en uno de los conciertos más importantes de esta nueva etapa. El regreso ocurre, además, bajo una nueva configuración en vivo. Reyno retomará el formato de power trío, con la batería al centro del escenario y una disposición que modifica la relación entre los músicos y el público. Para Jean, esta decisión también cambia la perspectiva del espectáculo: pasar de una formación más amplia a tres músicos abre un espacio distinto para el ensamble y para la propia interpretación de las canciones. Publicado a finales de 2025, Nómada abrió un nuevo capítulo creativo para Reyno. El concepto del álbum parte de la idea del movimiento, pero no solamente desde el sentido físico de viajar de una ciudad a otra. También habla de la exploración personal, de la meditación, de conocerse a través de las experiencias y de convertir aquello que sucede en el camino en materia artística. En ese sentido, Nómada funciona como una especie de bitácora emocional. La producción incluye colaboraciones con José Madero en “Miedo” y Camilo Séptimo en “Nómada”, dos encuentros que amplían el universo del disco y que forman parte de esta etapa de exploración de Reyno. Pero quizá lo más interesante de este momento es que Christian Jean parece estar menos interesado en perseguir una fórmula que en mantener abierto el proceso creativo. En una reciente conversación con medios, el músico habló de la importancia de mantener expectativas realistas y priorizar el factor humano dentro de la creación, antes que dejar que las cifras de reproducciones o escuchas determinen el rumbo de su música. Esa postura también parece trasladarse al escenario. Para su presentación en el Pepsi Center, Reyno ha preparado un show que busca alejarse de la estructura tradicional de simplemente tocar una canción después de otra. El concierto contará con visuales, iluminación y una narrativa conceptual que atravesará el repertorio. Las letras, la filosofía existencialista del proyecto y distintas metáforas visuales serán parte de un hilo conductor diseñado para generar continuidad entre las canciones. La intención, según ha explicado Jean, es que el público no solamente asista a un concierto de rock, sino a un espectáculo construido como una experiencia integral. Y ahí Nómada adquiere otra dimensión. Las canciones dejan de ser únicamente canciones para convertirse en estaciones dentro de un recorrido. Reyno lleva cerca de 15 años construyendo una trayectoria dentro del rock alternativo en español. Durante ese tiempo, canciones de distintas etapas han acompañado a generaciones de escuchas y han encontrado nuevas lecturas conforme el proyecto ha ido transformándose. La etapa de Nómada no busca borrar ese pasado. Por el contrario, el repertorio del Pepsi Center recuperará canciones que forman parte de la historia de Reyno junto con el material más reciente, planteando un diálogo entre lo que la banda ha sido y aquello en lo que se está convirtiendo. Es precisamente ahí donde parece encontrarse el sentido de este nuevo espectáculo: mirar hacia atrás sin quedarse ahí. El viaje continúa. Y si Nómada habla de estar permanentemente en movimiento, este concierto representa una nueva estación dentro de ese recorrido. Este jueves 17 de septiembre, Reyno ocupará el escenario del Pepsi Center de la Ciudad de México, con un formato renovado, una propuesta audiovisual construida alrededor de sus canciones y un repertorio que recorrerá distintas etapas de su historia. Boletos, en este link.

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Dave Lombardo y Lustmord: dos extremos de la música crean nuevo proyecto

El legendario baterista de Slayer y el pionero del dark ambient unen fuerzas en Lustmord Lombardo, un proyecto que explora la percusión, la electrónica y el sonido como materia. Su álbum debut llegará en octubre a través de Ipecac Recordings. Ahora, esas dos trayectorias convergen en Lustmord Lombardo, un nuevo proyecto que reúne al histórico baterista de Slayer con uno de los nombres fundamentales del dark ambient y la música industrial. El resultado se llama The Pulse of Atoms y llegará el 2 de octubre de 2026 a través de Ipecac Recordings. Como primer adelanto, el dúo presentó “Paleomagnetic Resonance”, una pieza de casi ocho minutos que funciona como una primera entrada a este universo sonoro. Aunque Lustmord Lombardo es un proyecto nuevo, la historia entre ambos músicos comenzó muchos años atrás. Lombardo y Lustmord se conocieron detrás del escenario durante un concierto de Fantômas, alrededor de la época en que Lustmord trabajaba junto a Melvins en el álbum colaborativo Pigs of the Roman Empire. El encuentro fue propiciado por Buzz Osborne, integrante de Melvins y amigo en común de ambos. Pasaron casi dos décadas antes de que aquella conexión se transformara en música. Y quizá el tiempo fue precisamente lo que permitió que la colaboración encontrara su propia forma. Dave Lombardo construyó buena parte de su reputación a partir de una batería asociada con la velocidad, la precisión y la violencia física del metal. Como integrante de Slayer, ayudó a definir una manera de tocar que terminaría convirtiéndose en referencia para generaciones enteras de bateristas. Pero su trayectoria también ha demostrado que su relación con la percusión va mucho más allá del metal. Su participación en proyectos como Fantômas, Dead Cross, Mr. Bungle, Suicidal Tendencies y otras colaboraciones lo ha llevado constantemente hacia territorios experimentales. En 2023, incluso publicó Rites of Percussion, un trabajo en solitario construido alrededor de la percusión como lenguaje principal. Con Lustmord, esa búsqueda adquiere otra dimensión. En The Pulse of Atoms, la batería no funciona simplemente como una base rítmica sobre la cual se construye una canción. Lombardo incorpora percusión, sintetizadores, edición y diferentes capas sonoras dentro de una arquitectura mucho más amplia. Por su parte, Lustmord lleva más de cuatro décadas explorando las posibilidades más profundas de la electrónica experimental. Desde principios de los años ochenta, su trabajo se ha relacionado con el desarrollo del dark ambient y la música industrial, utilizando drones, frecuencias graves, grabaciones de campo, texturas electrónicas y espacios sonoros para construir atmósferas que muchas veces se encuentran más cerca del diseño sonoro que de la composición convencional. Su catálogo incluye colaboraciones con artistas de diferentes escenas y proyectos como Pigs of the Roman Empire junto a Melvins. Su propia discografía atraviesa décadas de música experimental y ha convertido a Lustmord en una figura fundamental dentro de las vertientes más oscuras de la electrónica. Para este nuevo proyecto, Lustmord construyó extensas capas y flujos sonoros en transformación, dejando espacios para que Lombardo incorporara percusión y sintetizadores. Después, Lustmord se encargó también de la mezcla y masterización. El resultado no pretende reproducir las fórmulas del metal ni las del ambient. Busca otra cosa. Lustmord ha descrito The Pulse of Atoms como una obra difícil de ubicar dentro de un género o incluso de una época determinada. La intención, según sus propias palabras, es construir un sonido que no dependa de un lenguaje musical reconocible. La referencia está mucho más lejos: planetas que mueren, estrellas que nacen y la escala temporal del universo. No es rock. No es exactamente ambient. Tampoco es metal experimental. Es, más bien, un intento de imaginar qué podría ocurrir cuando la percusión de uno de los bateristas más importantes de la música pesada entra en contacto con una arquitectura electrónica construida a partir de drones, frecuencias, silencio y espacio. Y “Paleomagnetic Resonance” permite escuchar precisamente esa tensión. La pieza avanza lentamente entre atmósferas densas y capas electrónicas, mientras la percusión de Lombardo aparece como una presencia física dentro de un espacio que parece mucho más grande que la propia música. No hay una estructura evidente de verso, coro y clímax. Hay transformación. The Pulse of Atoms El álbum estará compuesto por siete piezas: La propia secuencia de títulos parece plantear un recorrido: presencia, vacío, resonancia, distancia, inmersión y abismo. Más que un conjunto convencional de canciones, todo apunta a que The Pulse of Atoms funcionará como una pieza continua de exploración sonora. La importancia de esta colaboración no está solamente en juntar a un baterista famoso con un productor de música electrónica experimental. Está en observar qué sucede cuando dos músicos con lenguajes profundamente definidos deciden abandonar, aunque sea temporalmente, aquello que el público espera de ellos. Lombardo no necesita demostrar que puede tocar rápido. Lustmord no necesita demostrar que puede construir oscuridad. Aquí ambos parecen estar interesados en algo diferente: qué ocurre cuando el ritmo se convierte en textura y la textura adquiere una dimensión física. Quizá por eso The Pulse of Atoms resulte particularmente interesante dentro de la trayectoria de ambos. No parece tratarse de una colaboración diseñada para sumar nombres, sino de un espacio en el que dos formas radicalmente distintas de entender el sonido pueden convivir. El álbum llegará el 2 de octubre de 2026, y “Paleomagnetic Resonance” ya está disponible como primer fragmento de esta nueva exploración.

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Virus — Locura (1985): el deseo convertido en canción

Locura, quinto álbum de estudio de Virus, fue publicado en 1985, en plena reconstrucción cultural de la Argentina posterior a la dictadura, Locura encontró en el pop, los sintetizadores y la pista de baile una manera distinta de hablar de libertad. Virus ya había construido una identidad propia, pero aquí Federico Moura y compañía llevaron esa búsqueda hacia un territorio mucho más sensual, provocador y abiertamente hedonista. El disco terminó vendiendo más de 200 mil copias y se convirtió en el gran punto de consagración popular de la banda. Desde “Pronta entrega”, con ese piano que abre el álbum antes de que aparezca la voz de Moura, Virus plantea una música elegante pero inquieta. Hay algo nocturno en sus teclados, en las guitarras y en esas baterías que parecen diseñadas para moverse antes que para golpear. Locura no necesita endurecerse para ser rock: su fuerza está precisamente en la sofisticación. Y después aparece “Tomo lo que encuentro”, seguida por “Pecados para dos” y “Destino circular”, canciones donde el deseo deja de ser un asunto escondido para convertirse en materia pop. El sexo, el placer, la culpa, la ansiedad y la intimidad atraviesan buena parte del álbum, pero Virus evita convertirlos en declaraciones obvias. Hay insinuación, humor, erotismo y ambigüedad. Entonces llega “Una luna de miel en la mano”, probablemente el momento más emblemático del disco. Una canción sobre la masturbación convertida en una pieza de pop luminoso, juguetón y profundamente sensual. Su título toma como referencia Ulises de James Joyce, y su lenguaje demuestra una de las grandes virtudes de Virus: decir lo prohibido sin necesidad de gritarlo. Pero quizá el gesto más radical aparece en “Sin disfraz”. En una época en la que la homosexualidad todavía era motivo de estigma y silencio, Federico Moura convirtió la ambigüedad en una forma de libertad. La canción no necesita convertirse en manifiesto: simplemente propone existir sin esconderse. Esa sutileza terminó siendo mucho más poderosa que cualquier consigna. Musicalmente, Locura se encuentra justo en el punto donde el rock argentino comienza a mirar definitivamente hacia el synth-pop, la new wave y la música electrónica. Los teclados tienen tanto peso como las guitarras; el ritmo se vuelve parte central de la composición y la producción adquiere una pulcritud que contrasta con la actitud provocadora de las letras. El resultado es un álbum que puede escucharse como rock, como pop o, sencillamente, como música para bailar. Quizá por eso Locura sigue funcionando. Porque debajo de sus sonidos ochenteros hay algo que no envejeció: el deseo de vivir el cuerpo, el placer y la identidad con libertad. Virus entendió algo que todavía resulta vigente: que la provocación no siempre necesita escándalo. A veces basta con una melodía perfecta, un sintetizador, una pista de baile y alguien dispuesto a cantar aquello que los demás todavía no se atreven a decir. Escuchar Locura hoy no es solamente volver a 1985. Es recordar que hubo un momento en que bailar también podía ser una forma de emancipación. Locura fue grabado en Buenos Aires y mezclado en Nueva York; incluye ocho canciones y contó con Cachorro López como músico invitado.

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Ford Proco: cuatro décadas de experimentación electrónica desde la frontera llegan a El Desconocido

Originario de Tijuana, el dúo se ha convertido en una de las propuestas esenciales para entender las raíces de la música electrónica experimental en México y su evolución hacia terrenos donde conviven el noise, el industrial, el art pop, el electro y la experimentación sonora. El próximo 19 de septiembre de 2026, Ford Proco llegará a El Desconocido, en la colonia Roma de Ciudad de México, para presentar en vivo parte de ese universo sonoro que han desarrollado durante casi cuatro décadas. La historia de Ford Proco comenzó en Tijuana en 1987, en un momento en el que la frontera entre México y Estados Unidos funcionaba también como un territorio fértil para el intercambio de sonidos, tecnologías y nuevas formas de entender la música electrónica. En sus primeros años, el proyecto se construyó a partir de instrumentos improvisados, objetos encontrados, grabadoras de cassette y técnicas de cut-up, dando forma a composiciones que partían del ruido y los paisajes sonoros para transformarlos en algo completamente distinto. Con el paso del tiempo, aquella exploración se convirtió en un lenguaje propio basado en cajas de ritmos, sintetizadores, efectos, cintas y todo tipo de dispositivos electrónicos, siempre con una intención experimental que les ha permitido moverse entre diferentes territorios sin quedar atrapados en un género específico. De ahí surge una de las características más interesantes de Ford Proco: su música puede ser simultáneamente abrasiva y melódica, mecánica y orgánica, bailable y profundamente extraña. Durante los años noventa, mientras las fiestas electrónicas y los raves comenzaban a adquirir una presencia cada vez mayor en Baja California y el sur de California, Ford Proco encontró otro espacio para desarrollar su propuesta. Sus ritmos comenzaron a dialogar con la pista de baile, pero sin abandonar la experimentación que había marcado sus primeros trabajos. Desde entonces, el proyecto ha mantenido una relación particular con la música electrónica: no como una fórmula, sino como un territorio abierto para deformar sonidos, construir atmósferas y experimentar con texturas. A lo largo de su trayectoria han publicado materiales en sellos como Opción Sónica, Nimboestatic, At At Records y Mannequin Records, además de participar en numerosas compilaciones dedicadas a la música electrónica, experimental y alternativa. Entre su discografía se encuentran trabajos como Fragmentos de ocio en el hocico del cerdo (1994), Vértigo de lodo y miel (2000), Diagrama Percutor (2009) y Expansión Naranja, realizado junto a Coil y publicado por Mannequin Records en 2015. Su recorrido también incluye colaboraciones y encuentros con figuras fundamentales de la experimentación sonora internacional, entre ellas Steven Stapleton, Coil, Marcel Dettmann y Aviador Dro. Más de tres décadas después de sus primeros experimentos con cintas y objetos encontrados, Ford Proco continúa trabajando desde la misma inquietud: descubrir qué puede ocurrir cuando diferentes sonidos, máquinas y lenguajes se encuentran. Su producción más reciente, Combustión Alfanumérica, publicada en 2024 por At At Records, retoma parte de aquella metodología de sus primeros años y la lleva hacia un contexto contemporáneo. El álbum observa un presente marcado por el caos, la saturación tecnológica y la distopía, utilizando síntesis, cut-ups y procesos electrónicos para construir un paisaje que puede sentirse simultáneamente futurista y decadente. Pero Combustión Alfanumérica tampoco es simplemente un ejercicio de electrónica experimental. En sus composiciones aparecen elementos de dream pop, ambient, synth body music y electro, dando como resultado una especie de art pop mutante que conserva la esencia cinética de Ford Proco. El disco cuenta además con colaboraciones vocales de Ulalume, de Casino Shanghai, así como de Javier Cortez y Angela Bloem. La portada fue realizada por Steven Stapleton, de Nurse With Wound, mientras que el diseño y nuevo logotipo de Ford Proco estuvieron a cargo de Acamonchi. La presentación en El Desconocido representa una oportunidad para acercarse a una propuesta cuya importancia dentro de la música electrónica mexicana no depende de modas ni de algoritmos. Ford Proco pertenece a una generación de artistas que entendieron la tecnología como una herramienta para imaginar sonidos que todavía no existían, y que desde Tijuana construyeron una conexión particular entre la experimentación, la cultura de club, el noise y la música electrónica. Su trayectoria también funciona como un recordatorio de que la historia de la electrónica mexicana no comenzó con las pistas de baile contemporáneas ni con la llegada de las plataformas digitales. Mucho antes hubo cassettes, máquinas, grabadoras, sellos independientes, raves clandestinos y músicos obsesionados con manipular el sonido. Casi cuarenta años después de aquel comienzo, Ford Proco continúa explorando ese mismo impulso. — 📅 19 de septiembre de 2026📍 El Desconocido — Colonia Roma, CDMX🎟️ Boletos: disponible a través de Boletia Boletos para Ford Proco en El Desconocido

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