Depósitio Sonoro

Napalm Death

Napalm Death lleva cuatro décadas de furia al Tiny Desk de NPR con una presentación histórica

El mismo espacio donde se escriben y editan historias sobre música fue tomado por una de las bandas más influyentes y radicales del metal extremo: Napalm Death. El resultado fue uno de los Tiny Desk Concerts más insólitos, intensos y memorables. Mientras un pequeño circle pit se abría entre escritorios, cámaras y empleados vestidos de negro, la agrupación británica demostró que la potencia del grindcore no depende del volumen de un escenario gigantesco ni de una producción monumental. Bastaron unos cuantos metros cuadrados, una batería, amplificadores y la inconfundible voz de Mark “Barney” Greenway para convertir la oficina de NPR en un auténtico campo de batalla sonoro. Con más de cuarenta años de trayectoria, Napalm Death continúa siendo mucho más que una banda extrema. Desde mediados de los años ochenta, el grupo redefinió los límites del punk y el metal al convertirse en uno de los principales arquitectos del grindcore, un género que llevó la velocidad, la agresividad y la intensidad a territorios inexplorados. Sin embargo, detrás de su brutalidad sonora siempre ha existido un discurso profundamente político y humanista, utilizando el ruido como una herramienta para denunciar la opresión, la desigualdad y la deshumanización. Lejos de suavizar su propuesta para adaptarse al ambiente íntimo del Tiny Desk, Napalm Death hizo exactamente lo contrario: trasladó toda la energía de sus conciertos a uno de los escenarios más particulares del mundo. El resultado fue una presentación que demuestra que la violencia sonora de la banda nunca ha sido gratuita; cada explosión de riffs, cada blast beat y cada grito funcionan como vehículos de protesta y reflexión. El recorrido musical funcionó como un resumen de una carrera que sigue evolucionando. La banda abrió con “Instinct of Survival”, una de las piezas fundamentales de Scum (1987), álbum considerado piedra angular del grindcore. A partir de ahí, el repertorio transitó por distintas etapas de su discografía, mostrando cómo Napalm Death ha sabido expandir constantemente su lenguaje musical sin perder identidad. Temas como “Strong-Arm” y “Scum” conectaron directamente con sus raíces más abrasivas, mientras que “Everyday Pox” exhibió el lado más técnico y cercano al death metal disonante que la agrupación ha desarrollado en las últimas décadas. Por su parte, “Throes of Joy in the Jaws of Defeatism”, proveniente de Throes of Joy in the Jaws of Defeatism (2020), confirmó que el grupo sigue encontrando nuevas formas de combinar ferocidad con experimentación. Uno de los momentos más inesperados llegó con “Amoral”, una composición escrita por el bajista Shane Embury, quien no pudo participar en esta gira por Estados Unidos. La canción introduce una atmósfera cercana al post-punk y evidencia la amplitud estilística que Napalm Death ha incorporado con el paso del tiempo, alejándose de cualquier etiqueta simplista sobre el grindcore. La presentación concluyó con dos auténticos manifiestos de la música extrema: “Dead” y “Scum”, antes de cerrar con la legendaria “You Suffer”, considerada una de las canciones más cortas de la historia. Aunque su duración apenas supera un segundo, su interpretación dentro del Tiny Desk funcionó como un guiño a la propia historia de la banda y, al mismo tiempo, como un recordatorio de que incluso los gestos más breves pueden contener un poderoso mensaje sobre la desesperanza y la condición humana. Más allá de la curiosidad que representa ver a una banda de grindcore en un formato tradicionalmente asociado con el folk, el jazz o el indie, la aparición de Napalm Death confirma la apertura que el proyecto Tiny Desk Concert ha mostrado durante los últimos años hacia propuestas cada vez más diversas. El contraste entre la violencia controlada de la banda y la serenidad habitual de las oficinas de NPR genera una experiencia tan surrealista como fascinante. La alineación para esta sesión estuvo conformada por Mark “Barney” Greenway en la voz, John Cooke en la guitarra y coros, Matt Sheridan en el bajo y Danny Herrera en la batería, quienes demostraron por qué Napalm Death sigue siendo una referencia absoluta dentro del metal extremo contemporáneo. Con esta presentación, el grupo británico no solo celebra más de cuatro décadas de trayectoria; también reafirma que su música continúa siendo tan relevante, incómoda y necesaria como cuando ayudó a fundar el grindcore a finales de los años ochenta. Incluso en un espacio reducido y con el volumen contenido por las circunstancias, Napalm Death logró recordar que la verdadera intensidad nunca ha dependido de los decibeles, sino de la convicción con la que se transmite un mensaje. Setlist:

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Napalm Death y Melvins unen fuerzas en un disco caótico e histórico

Hay colaboraciones que parecen inevitables. No porque hayan sido planeadas durante años, sino porque las trayectorias de ambas partes terminan cruzándose tantas veces que eventualmente explotan en algo nuevo. Eso es exactamente lo que ocurrió con Napalm Death y Melvins, dos nombres fundamentales para entender la evolución del metal extremo y el underground alternativo de las últimas cuatro décadas. Detalles del disco: Después de compartir escenarios, giras y una admiración mutua construida desde los años noventa, ambas bandas finalmente decidieron llevar su relación al estudio con Savage Imperial Death March, un álbum colaborativo que no funciona como un split tradicional ni como un simple experimento pasajero. Más bien, se siente como una colisión frontal entre dos formas distintas de entender el ruido pesado. Por un lado está Napalm Death, pioneros absolutos del grindcore, una banda que redefinió la velocidad, la agresividad y el discurso político dentro del metal extremo. Del otro lado aparecen Melvins, arquitectos involuntarios del sludge y una de las agrupaciones más influyentes para toda la escena alternativa pesada que después detonaría en el grunge, el doom y el noise rock contemporáneo. Lo interesante es que el disco no intenta encontrar un punto medio cómodo entre ambos universos. De hecho, gran parte de su atractivo está en lo incómodo que resulta. Shane Embury describió recientemente el proceso creativo como una oportunidad para hacer “locura musical ecléctica”, mientras que Buzz Osborne dejó claro que la intención nunca fue que una banda dominara a la otra. El proyecto fue concebido como una colaboración completamente compartida. Esa idea se nota desde los primeros momentos del álbum. Hay riffs lentos y deformes que parecen salidos directamente de la etapa más pantanosa de Melvins, pero inmediatamente aparecen explosiones de velocidad, voces abrasivas y estructuras impredecibles que remiten al ADN clásico de Napalm Death. El resultado no busca ser accesible ni ordenado: busca tensión. Parte del material nació de improvisaciones en estudio y sesiones donde las canciones fueron mutando sobre la marcha. Más que trabajar bajo la lógica tradicional de composición, ambas bandas construyeron el disco a partir de capas de ruido, texturas incómodas y dinámicas caóticas. El resultado termina sintiéndose menos como una colaboración entre dos bandas y más como una criatura completamente nueva. El nombre Savage Imperial Death March tampoco apareció de la nada. Los seguidores más cercanos seguramente recuerdan que ese título ya había sido utilizado durante las giras conjuntas que Napalm Death y Melvins realizaron años atrás. En cierta forma, este disco representa la culminación natural de una relación artística que llevaba mucho tiempo gestándose fuera del estudio. Y aunque el álbum ya provocó opiniones divididas entre fans del metal extremo —algo prácticamente inevitable tratándose de dos bandas que siempre han evitado sonar complacientes—, eso también confirma que el proyecto está cumpliendo su objetivo. Napalm Death y Melvins jamás han sido grupos interesados en repetir fórmulas ni en entregar discos “seguros”. Su relevancia histórica existe precisamente porque siempre han preferido incomodar antes que encajar. A estas alturas de sus carreras, ambas bandas podrían vivir tranquilamente de la nostalgia y los clásicos. Pero Savage Imperial Death March demuestra lo contrario: todavía siguen buscando nuevas formas de deformar el sonido pesado y empujar sus propios límites. Y quizá eso es lo más impresionante de todo.

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Savage Imperial Death March: el próximo disco entre Melvins y Napalm Death

Hay colaboraciones que nacen del cálculo y otras que existen porque eran inevitables. Savage Imperial Death March, el encuentro entre Melvins y Napalm Death, pertenece a la segunda categoría. No es un experimento oportunista ni una postal para festivales: es el cruce de dos instituciones del ruido que, desde geografías y velocidades distintas, ayudaron a redefinir la música extrema en los años ochenta. Melvins desaceleraron el hardcore hasta volverlo tectónico; Napalm Death lo comprimió hasta convertirlo en detonación. Sludge y grindcore como polos opuestos de una misma rabia. Lo fascinante de esta colaboración no es que uno intente sonar como el otro, sino que ninguno cede del todo. El resultado no es una media aritmética, sino una fricción constante: riffs densos que parecen arrastrarse por concreto, atravesados por ráfagas de batería que irrumpen como sabotaje interno. El título no es gratuito. “Marcha imperial salvaje” sugiere algo marcial, aplastante, casi caricaturesco en su grandilocuencia. Pero lo que emerge es más complejo: hay ironía, hay humor negro —marca registrada de Buzz Osborne— y hay una conciencia política que nunca ha abandonado a Napalm Death. En lugar de competir por quién suena más extremo, ambas bandas exploran la tensión entre masa y velocidad. Cuando el tempo se ralentiza, el peso es insoportable; cuando acelera, la violencia se vuelve microscópica, casi quirúrgica. En términos de producción, el álbum evita la sobrepulcritud digital que suele desactivar la música pesada contemporánea. Aquí hay aire, hay suciedad controlada, hay espacio para que la distorsión respire. El bajo no solo sostiene: presiona. La batería no solo marca: interrumpe. Y las voces, alternando registros, funcionan como capas de fricción ideológica más que como simple agresión. Históricamente, la alianza tiene sentido. Melvins fueron influencia directa para buena parte del metal alternativo y el sludge posterior; Napalm Death redefinió la velocidad como herramienta política y sonora. Ambos sobrevivieron a la obsolescencia de las modas extremas porque nunca dependieron de ellas. Savage Imperial Death March no intenta actualizar su legado: lo reafirma desde la complicidad. Más que un choque de titanes, este disco funciona como recordatorio de algo esencial: la música extrema no es una competencia de decibeles ni de BPM, sino una exploración de límites. Y cuando dos proyectos con décadas de historia se permiten dialogar sin nostalgia ni concesiones, lo que emerge no es un híbrido domesticado, sino una reafirmación del ruido como forma de pensamiento. El disco sale el 10 de abril de 2026, en formato vinilo y digital.

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Del grindcore al technoindustrial. See Red, la última colaboración de los ex Napalm Death, Broadrick y Harris

JK FLESH es uno de los tantos proyectos de Justin K Broadrick. Con este alias el productor británico navega dentro del sonido contundente del techno, dub, industrial, y demás excesos de la electrónica extrema contemporánea, en esta ocasión presenta “See Red” junto a Mick Harris, primer baterista de Napalm Death, bajo su alias Monrella, quien lleva más de 2 décadas produciendo techno industrial de corte experimental, inclinándose hacia el estilo de Birmingham. La trayectoria de ambos artistas es por demás interesante y sorprendente, han estado activos durante varias décadas, la pareja colaboró inicialmente en el álbum SCUM de la legendaria banda de grindcore NAPALM DEATH, después colaborarían en el debut de SCORN, “VAE SOLIS”; posteriormente Broadrick formaría la legendaria banda de metal industrial GODFLESH e incursiona en el post metal con la banda de culto JESU. Por su parte, Harris es uno de los pilares de la música underground, del grind al techno, pasando por el free jazz de vanguardia; con el proyecto de LULL se consagro y se convirtió en una de las mayores referencias del dark ambient. JK Flesh ha editado en los sellos más importantes del género, Hospital Productions, Downwards Records, entre otros, y ha realizado colaboraciones con Prurient y Orphx. Monrella ha sacado diversos Eps en ZET Records la cual es filial de Downwards records de Regis y un Ep en la vanguardista Berceuse Heroique con sede en Londres. Después de 20 años se vuelven a encontrar en “See Red”, el EP está editado en el propio sello de Broadrick, Avalanche Records, cuenta con 4 poderosas y devastadoras pistas de techno industrial de alto impacto, aplastante, sin límites, lleno de violencia y destrucción. El primer track “Big Game” de Monrella es un tornado implacable, una fuerza cataclísmica, arrasando con todo a su paso, feroces percusiones y un estallido implacable de fuerzas primitivas. “Poundland”, la segunda pista es una muestra del demoledor sonido de JK Flesh, secuencias despiadadas sin tregua, destrucción mental de inicio a fin. El desalmado tercer track “Abrasion Resistant” de Monrella nos acelera el corazón desde el agitado comienzo, múltiples puñaladas arremeten y laceran nuestra mente mediante tensas y salvajes melodías, imponente pista de techno industrial “de alto calibre”. “Basic Human Denial” es la última pista de “See Red”, Jk Flesh nos regala un frenético final para el extraordinario Ep; contundente, vigorizante track, perfecto para evaporarnos y desaparecer en una densa nube de endorfinas. Por Eduarto Montero (Cölapsö).

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Nuevos discos de Napalm Death, Vatican Shadow, Thelonious Monk y más

Nueva música ha sido lanzada en los últimos días y es muy alentadora, la música sigue lanzándose y por eso estamos agradecidos. Vatican Shadow – Persian Pillars of the Gasoline Era También fue lanzado el nuevo álbum de Dominick Fernow (también conocido como Prurient) como Vatican Shadow, llamado Persian Pillars of the Gasoline Era. Es el primero para el venerado sello 20 Buck Spin, y presenta el trabajo de masterización de Justin Broadrick de Godflesh. Es un disco de techno bastante oscuro e intenso en lugar de ruido / industrial. Deradoorian – Find The Sun Otro destacado lanzamiento es el último de Deradoorian, titulado Find the Sun. El último de la ex Dirty Projector se retrasó meses después de ser anunciado a principios de año, pero la espera valió la pena, con un conjunto de canciones tanto psicodélicas como hipnóticas, algunas de ellas entre las más densas y pesadas hasta la fecha. Thelonious Monk – Palo Alto Y el muy esperado set de archivo en vivo de Thelonious Monk, llamdo Palo Alto. Una grabación de una escuela secundaria en Palo Alto, California en 1968, marca un momento histórico en la carrera de este ícono del jazz. Napalm Death – Throes of Joy in the Jaws of Defeatism Uno de los álbumes es el primer álbum nuevo de Napalm Death en 5 años, Throes of Joy in the Jaws of Defeatism. Es la declaración de esperanza de las leyendas del grindcore del Reino Unido frente a una crisis mundial.

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