Desde el instante en que Space Is Only Noise comienza a deslizarse por los oídos, queda claro que Nicolas Jaar no se conforma con las convenciones. Su primer disco de larga duración, lanzado en 2011, no solo desafió las expectativas de la electrónica contemporánea, sino que también construyó un universo propio donde el sonido se convierte en un lenguaje tan expresivo como el silencio que lo rodea.
Jaar no se apresura. Cada pista se despliega con la paciencia de quien entiende que el espacio entre las notas es tan vital como las notas mismas. “Etre” abre el disco con un murmullo espectral: voces distantes, grabaciones de campo y una paleta sonora que parece haberse destilado en la penumbra. Es un preludio que advierte al oyente: este viaje es interior, un recorrido por paisajes que oscilan entre la memoria y el ensueño.
Lo que sigue es un desfile de texturas que se deslizan con elegancia entre el downtempo, el ambient y la experimentación minimalista. “Colomb” es un hechizo susurrado, donde la voz de Jaar se funde con una cadencia hipnótica, casi ritual. “Too Many Kids Finding Rain in the Dust” se desliza como un eco de jazz desarticulado, donde los instrumentos parecen respirar por sí mismos, mientras que “Keep Me There” juega con un bajo pulsante que evoca un latido primigenio.
El corazón del álbum, sin embargo, yace en la pieza titular. “Space Is Only Noise If You Can See” no solo define el concepto del disco, sino que encapsula su filosofía: el sonido es maleable, un ente vivo que se pliega al antojo del artista. La voz de Jaar, susurrante y a ratos inasible, navega entre la claridad y la penumbra, mientras la instrumentación se disuelve en un mar de resonancias.
Jaar no teme a la quietud. Canciones como “I Got a Woman” y “Balance Her In Between Your Eyes” se desenvuelven con la delicadeza de un hilo de humo, mientras que “Specters of the Future” se siente como la banda sonora de un sueño fragmentado, donde los ecos del pasado se entrelazan con vislumbres del porvenir.
En Space Is Only Noise, el tiempo se desintegra. Las estructuras tradicionales se diluyen en favor de una narrativa sensorial donde lo importante no es la melodía, sino el espacio que la rodea. Jaar no busca respuestas, sino provocar preguntas. Cada sonido, cada pausa, es una invitación a sumergirse en la profundidad del silencio.
Es un disco que respira. Un artefacto sonoro que no se conforma con ser escuchado, sino que demanda ser habitado. Nicolas Jaar no solo crea música: esculpe atmósferas, dibuja paisajes invisibles y, en el proceso, redefine los límites de lo que un álbum de electrónica puede ser.
En un mar de producciones que buscan la inmediatez, Space Is Only Noise es un recordatorio de que la verdadera magia del sonido radica en su capacidad de evocar lo que no se puede nombrar. Un viaje a la deriva, donde el espacio no es ruido, sino la materia prima de la emoción.