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Columna Estoy escuchando presenta: Deceit, de This Heat

Por Abraham Garcí[email protected] Se trata del segundo y último álbum de este obscuro grupo formado al sur de Londres, en Camberwell, para ser precisos. Al parecer, es de culto. Este álbum, y el grupo mismo, llegaron a mí a través de una de esas recomendaciones azarosas, que alguien escuchó y en el chat te ha dicho “checa esto”. Habría preferido conocerlo a la antigüita, en un bazar o en una tienda de discos, que ante mí se hubiese aparecido con una buena oferta para llevármelo a casa, ya sea en LP, casete, o incluso en el ya muy despreciado formato de CD. Tan sólo quisiera apreciar mejor el arte gráfico que tiene, ya que no me llena ver su portada en digital, integrada por un collage con imágenes alusivas a bombas atómicas y armamento nuclear,proyectadas sobre la cara de uno de los integrantes del grupo.¿Pero quiénes son This Heat? Se supone que esto es un texto sobre Deceit, pero no tengo más que la escucha sin previo referente sobre el proyecto, ya sea por grupos que hayan acogido su influencia y lo pregonen, ni por revistas musicales, alguna canción que haya salido en una película, ni por nada en realidad. This Heat es un grupo formado a finales de los años 70, que por la época y el lugar pudieron emparentarse con la movida punk y post punk británica, y sin embargo, de manera tajante quisieron mantenerse al margen de eso, no sé si por pretensiones vanguardistas, por llevarle la contra a los aspectos cliché de esas corrientes, o por simple aislamiento, aunque las tres razones podrían explicar todo. Integrado por los multi instrumentistas Charles Bullen, Charles Hayward y Gareth Williams, se nombraron This Heat (Este calorón) a causa de la fuerte ola de calor que hubo en el verano inglés de 1976 y decidieron armar su estudio en una bodega en Brixton. Ahí también grabaron su debut homónimo y el ep Health & Efficiency. El proyecto terminó poco después del lanzamiento de Deceit, ya que Williams, quien murió en 2001, desertó para irse a estudiar en India. No vería el reencuentro de Bullen y Hayward entre 2016 y 2019, bajo el apelativo This Is Not This Heat, para dar selectos conciertos con el repertorio y recoger un poco del reconocimiento que no hubo en su momento. La escucha de Deceit se siente ágil y accesible, poco más de cuarenta minutos y ya terminó, pero aún así parece un concentrado desconcertante y audaz de sensaciones sonoras. Todo va tan rápido que no sabes si te gusta o no te gusta a la primera. Por momentos me recuerda al Orgasm de Cromagnon. No es que This Heat traten de materializar música o recrear ruidos generados por antecesores del homo sapiens, sino que en todo el álbum hay un halo de crudeza, de creatividad fresca e inocente. Parece gente que ha descubierto cosas en sonido y no sabe del todo cómo trabajar con ellas porque no tiene mucha experiencia, pero genera algo interesante y lo mejor hecho posible dentro de las propias limitantes. Se siente como un álbum nuevo, aunque ya cumplió 40 años. También me hace pensar en unos Einstürzende Neubauten novatos, poco desarrollados, más experimentales, y que el grupo se contagió de la actitud snob de la Velvet Underground y un poco del valemadrismo para abordar la música que tuvo Crass. Deceit me remite a todo eso. Quizá lo único que tenga del post punk, género en el que han embolsado al grupo a su pesar, sea ese sonido un tanto seco y frío. Y ni así caben en el saco, ya que es rico en experimentación y parece ser la constante en el álbum. Ninguna canción tiene símil con otra. Deceit es un álbum sumamente obscuro en el sentido de que el grupo estaba un tanto obsesionado con el armamento nuclear, no hay que olvidar que eran tiempos de la Guerra Fría y el mundo estaba dividido en forma latente entre dos bloques contrapuestos que se disputaban las ideas de progreso y avance humano. Me pregunto si This Heat habrán leído la crónica Nagasaki, la bomba olvidada, del periodista Frank W. Chinnock, que por entonces era de reciente publicación, y asombrados con la lectura se habrán puesto a componer lo más caótico posible. “S.P.Q.R.” es en mi opinión el tema más pegajoso del álbum, el hit que sin problema pudo sonar en la radio y hacer alucinar a más de una persona. El trío canta a coro algo que pareciera un mantra hímnico, claman pertenecer al Senado y el Pueblo de Roma y su inconsciente colectivo. Hayward sostiene la febrilidad constante con su pie sobre el bombo mientras se luce en un interminable e hipnótico solo de platillos, presume con sus compañeros impartir y extender, mediante carreteras y caminos, la paz y la justicia romana (¿o será occidental?) luego de haber traicionado al hermano Remo. Sarcasmo fino. “Paper Hats” tal vez sea el mejor tema para ejemplificar las impresiones que he comentado sobre el álbum y el grupo en párrafos anteriores. Con seis minutos, es el de mayor duración y parece estar seccionado en tres partes que no tendrían sentido más que en una canción convertida a suite de veinte minutos para grupo virtuoso de rock progresivo. Los complicados acordes rítmicos de guitarra hacen giño a lo que ahora quizá se entiende como math rock. De pronto, Hayward se va a los gritos, cuestiona cuál es el sentido de la canción misma mientras Bullen y Williams lo secundan a coro y toda la estructura musical se va al demonio en una explosión dinámica y ruidosa, hasta que un ritmo repetitivo de guitarra detiene el colapso y concluye en un lento decrescendo. “Triumph” parece más un reto para que quien escucha trate de discernir todos los instrumentos y objetos para hacer ruido que usó el grupo en este collage sonoro. La letra relata el momento en que una persona puede ver a otra sin ser vista. Dada puro. Otro

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Skalari Podcast: la historia del ska contada a través de uno de sus protagonistas

Por: Nancy Islas Para aquellos seguidores del ska, curiosos y aficionados de la música, este 2021 nació Skalari Podcast. Conducido por el músico Juantxo Skalari, este podcast consta de una serie de episodios en donde se repasan acontecimientos clave en la historia del ska, los cuales explican su origen, contexto sociocultural y evolución, a través de sus principales representantes. El proyecto ocurre en el marco de uno de los símbolos principales de la obra musical de Juantxo Skalari: la Radio Ghetto. Es decir, se presenta al podcast como parte de la radio ficticia que se desarrolló en la primera etapa de la carrera del músico: Skalariak. Skalariak fue una de las bandas más exitosas del ska en España y con gran recibimiento en Latinoamérica. Surgida en la década de los 90 en Navarra, la agrupación liderada por Juantxo Skalari lanzó 7 álbumes, entre los que se encuentran una serie de trabajos conceptuales que se enlazan entre sí: Klub Ska (1999), En la Kalle (2001), Radio Ghetto (2003) y Ska Republik Concert (2008). Estos cuatro álbumes integran mensajes políticos y musicales que representan a una comunidad ficticia. Se toma al ska como estandarte y la intentan extender en espacios donde confluyen el antirracismo, antifascismo, anticapitalismo y la música. El concepto comienza con Klub Ska, un lugar ficticio donde los amantes de la música jamaiquina se reúnen a convivir, brindar, bailar y escuchar este sonido. Posteriormente, la comunidad creada en este Klub no se detiene y decide expandirse En la Kalle, como en los viejos sound systems que vieron nacer al ska. Conforme el grupo de personas va creciendo y marchando, estos amantes del ska deciden gestar un proyecto mayor para difundir su mensaje, a través de la Radio Ghetto. El proyecto se hace tan grande que se logra crear una Ska Republik. Ska Republik Concert es un álbum en vivo con el que Skalariak se despidió como banda y se puso fin a esta serie de trabajos conceptuales. Sin embargo, más tarde se daría continuidad a esta historia, pero desarrollada en una agrupación posterior: Juantxo Skalari & La Rude Band. Los siguientes álbumes que se enlazarían son Rude Station (2014), una estación de tren dentro de la comunidad ficticia, en donde se encuentra la Rudi Records (2018), como un símbolo de que el ska no muere y las personas siguen cultivando el escuchar o producir su música. Por esta misma razón, en 2020 nace también Roots Market como forma de distribución. Dentro de todo este contexto acerca del trabajo que Juantxo Skalari y compañía han realizado a lo largo de los años, nace en 2021 Skalari Podcast. Este nuevo proyecto es un podcast que cuenta con 8 episodios hasta el momento; su primera emisión fue lanzada en enero del 2021 y fue llamada Jaia. Jaia significa Fiesta en euskera, la lengua histórica de Navarra y País Vasco que se utiliza constantemente en los trabajos de Skalari. En este territorio se celebran Las fiestas de San Fermín, específicamente en Pamplona, de donde el músico es originario. Los también llamados Sanfermines se hicieron populares gracias al escritor Ernest Hemingway, quien se inspiró en ellas para la publicación de su libro Fiesta. Este nombre, en euskera, se comparte con una canción de Skalariak y da origen al título del primer Skalari Podcast. En este episodio se resumen brevemente algunas de las claves sobre el origen del ska en Jamaica: La innegable influencia de los sonidos estadounidenses como el jazz y Rythm & Blues, al igual que los sonidos caribeños calipso y mento. También se examina el papel que tuvo la independencia de Jamaica y la canción precursora del ska. El repaso continúa hasta el segundo número llamado Origen, donde se abordan cuestiones como la banda fundacional o la influencia de los sonidos afroantillanos. Más adelante, en la tercera emisión titulada Rudies, se puede encontrar una indagación sobre quiénes fueron los Rude boys, la relación con algunos símbolos cinematográficos y cómo fue que el sonido de Jamaica evolucionó al rocksteady. Además, se comenta el contexto socio-económico de la isla, así como el ambiente de los entonces nacientes shanty Towns y sound systems. Para el cuarto episodio, Rude Girls, se trata el papel de las mujeres en la escena, las figuras femeninas consideradas como las reinas del ska y del rocksteady, además de lo que representaron las rude girls en el contexto social y musical. Asimismo, se analiza el desarrollo del ska; cómo y cuándo fue que el sonido se fue haciendo más lento hasta convertirse en reggae. Esto último se analiza con mayor detenimiento en el episodio cinco, De Jamaica a Brixton, en donde se profundiza en la importancia de la migración jamaiquina a Inglaterra. Se explica el impacto que tuvo musical, social y culturalmente, pues fue un momento decisivo para la transformación de los sonidos. Durante el sexto episodio se pueden escuchar más detalles del declive del early o skinhead reggae hasta convertirse en reggae roots. La situación socio-cultural que permitió la configuración del estilo en Inglaterra, así como quiénes fueron y cómo convergieron mods, skinheads y rudes en los años 60. En la séptima entrega de este podcast, Rasta Clash, se platican temas esenciales para comprender el curso que tomó el ska en las últimas décadas. Se revisa cómo fue posible que los sonidos jamaicanos se internacionalizaran, el avance del movimiento Rastafari, los grandes exponentes de esta explosión y el preámbulode su encuentro con el punk de los años 70. Por último, actualmente podemos encontrar el episodio número ocho, Black & White. Ahí se ahonda en la relación del punk con el sonido jamaiquino y cómo este fenómeno cultural derivó en la construcción de una segunda ola del ska, a través de la 2 tone y una banda fundamental. El podcast continúa, los episodios seguirán recapitulando la historia del ska en lanzamientos futuros. Cada episodio nuevo está disponible en un periodo aproximado de un mes; en ellos también se revisan otros aspectos como discos, grupos significativos y documentales actuales. Asimismo, tienen una

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Columna Estoy Escuchando: Blue and Lonesome, de The Rolling Stones

Por Abraham Garcí[email protected] Lanzado en diciembre de 2016, de momento es el último álbum de estudio del grupo londinense y la última grabación con su baterista, Charlie Watts, fallecido el pasado 24 de agosto. Antes de comenzar, debo decir que me encantan los álbumes de covers. A veces las versiones hechas por el grupo o intérprete que lanza el álbum son hasta mejores que las originales. Y las versiones pueden suponer un vínculo a nuevos-viejos artistas que no conocías y de pronto ya te convertiste en fan absoluto tras el descubrimiento. Son puntos de conexión hacia otras cosas, de ida o de vuelta. Así me ha pasado con Garage Inc. de Metallica, Undisputed Attitude de Slayer, Мама Анархия de Kalashnikov Collective, Renegades de Rage Against The Machine, Pin Ups de David Bowie, American IV: The Man Comes Around de Johnny Cash, Nothing Can Stop Us de Robert Wyatt y Avalancha de Éxitos de Café Tacuba. Incluso con The Spaghetti Incident? de Guns N’ Roses (un grupo que en lo personal me aburre). Los álbumes de covers a veces son grabados con el puro propósito de entregar algo a la disquera y así cumplir con el contrato, otras porque son canciones que verdaderamente aman quienes las han grabado y existen esas ganas de rendirles un tributo; algunas otras son para que el artista o grupo pretenda darse un halo de humildad y lograr pasar de largo ante un bloqueo creativo. Y las menos de las ocasiones, son por el simple gusto de hacerlo, como podría ser el caso de Blue and Lonesome. Es que los Stones desde hace mucho no tienen que demostrarle nada a nadie. Yo todavía ni nacía cuando ya ostentaban el mote de “La banda más grande del mundo”, y tal vez sea por el simple hecho de que llegaron desde abajo y se han podido mantener vigentes al acercarse tanto a talentos viejos como a los contemporáneos y emergentes ¡desde los malditos años 60! Si bien es cierto que resulta fácil decirlo en un párrafo, como proyecto musical y como marca registrada, The Rolling Stones han tenido que sortear la muerte de su líder y compositor fundador Brian Jones, las salidas de integrantes musicalmente entrañables como Bill Wyman y Mick Taylor, las adicciones de todos en distintos puntos, conciertos convertidos en tragedias como Altamont ‘68 y una cantidad de descalabros discográficos (ni siquiera recuerdo el nombre de alguno de sus álbumes de los años 80), pero quienes hemos tenido oportunidad de escucharlos en vivo podemos dar testimonio de que todo lo bueno (y quizá también lo malo) se lo han trabajado sobre la tarima, y en el camino se han inventado los clichés del rockero rebelde, loco y hasta satánico. Han sobrevivido a ellos mismos y se han generado un caché para continuar a expensas de su propio mito, sin ser tan impecables ni tan grandilocuentes como músicos. Por todo eso es que ahora resulta tan agradable tener un Blue and Lonesome como posible despedida discográfica del grupo, lo veo un poco como un testamento para repartir algo de la misma herencia musical de la que ellos mamaron y les hizo crecer. Pero volvamos a diciembre de 2015, tiempo en que fue grabado. Imagínate que tienes a 4 septuagenarios curtidísimos, con la vida ya resuelta y toda su historia en las espaldas, que se han bajado de sus autos de lujo y reunido por tres días en el estudio para plantarse a tocar y divertirse como si fuesen quinceañeros, con el pretexto de grabar material nuevo. De pronto, Keith afina su instrumento, se pone a rasguear algún acorde bluesero que ha intentado perfeccionar desde hace más de cincuenta años, la banda comienza a jamear, y de la nada se le ocurre sugerir algo como: “¿qué tal si mejor grabamos unos covers de Willie Dixon, Howlin’ Wolf y este de Little Walter?” A todos les encanta la idea, es como volver a la adolescencia y tratar de imitar a los héroes, como si fuesen una bola de novatos. Y por casualidad el amigo Eric Clapton también está en ese estudio de Mark Knopfler y trabaja material suyo. También toca la guitarra y además es otro clavadazo del blues. ¿Por qué no invitarlo a participar en un par de canciones? No puedo decirme conocedor ni fanático del blues, pero de lo poco que sé y he oído decir, es que el blues es una música donde, más allá de las formas sonoras, prominentemente se expresa abatimiento y añoranza en un contexto de cotidianeidad social y/o personal, pero también puede expresar la alegría y el gozo efímero de la francachela. Pues Blue and Lonesome parece cumplir con esas no sé si llamar directrices. Se decanta mucho por el aspecto personal, la sensación de descorazonamiento, quizá porque se trate del tópico más universal o reconocible del blues (que me hace pensar en Las penas del joven Werther, de Goethe). Ahí tienes “Just Your Fool” y “Commit a Crime”, que aunque candorosa la primera y movidita la segunda, van sobre fervientes apegos emocionales que han jugado malas pasadas. “Blue and Lonesome”, la canción de Little Walter que da nombre al álbum es también la primera pieza que los Stones grabaron en aquellas sesiones de 2015 y que claramente les dio el ángulo y el pretexto de lo que debería ser su último trabajo discográfico a la fecha. Más que una canción, es un aullido de lamento suicida, una súplica que nunca será escuchada. Tanto Walter como los Stones exudan intensidad en sus respectivas grabaciones. Nos damos cuenta que mientras Richards es un tanto sucio y desprolijo en la guitarra (como la canción de Pappo), Walter es un finísimo virtuoso con la harmónica. También es la verdadera primera muestra en el álbum donde se puede notar que aunque Jagger no vive de ser armonicista, en realidad es uno muy bueno, al grado de casi ser quien se roba la canción. Mi Charly, en paz descanse, marca ese ritmo lento y pastoso, monumental

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Mira el documental Woodstock ’99, recientemente estrenado por HBO

Woodstock ’99 se llevó a cabo del 22 y el 25 de julio de 1999, fue el segundo festival musical a gran escala (después de Woodstock ’94) que intentó emular el festival original de Woodstock de 1969. Al igual que los festivales anteriores de Woodstock, se llevó a cabo en Upstate New York, esta vez en Rome (a 160 km del sitio del evento original), y la asistencia fue de 400,000 personas durante los 4 días. El canal MTV realizó cobertura del concierto. Extractos de las actuaciones fueron lanzadas en CD y DVD. Woodstock 1999 fue empañado por la violencia, asaltos sexuales, acusaciones de violación, vandalismo e incendios. El cofundador del festival Michael Lang se ha referido a Woodstock ’99 como MTVStock debido a que los fundadores originales tenían muy poco control. “Woodstock 99: Peace, Love, and Rage, es el documental sobre el mítico festival de música producido por HBO. En este largometraje se retrata la edición de 1999 que se realizó al norte de Nueva York y que acogió a 400 mil asistentes”. “Allí se narra cómo lo que prometía ser un recital apoteósico, se convirtió en una jornada tortuosa debido al calor extremo y la mala planificación de sus organizadores. El público no tardó en volverse violento y llegó a arrancar la madera de las paredes del escenario y prenderla fuego. Asimismo, se registraron casos de ataques sexuales, saqueos y vandalismo dentro del marco de este festival. Toda esa situación escaló hasta los medios de comunicación y generó un escándalo que terminó de estigmatizar esta clase de conciertos”. Con información de Documentales de punk, metal y rock (Grupo de Facebook)

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Columna Estoy Escuchando: Wild Mood Swings, de The Cure

TEXTO por Abraham Garcí[email protected] Se supone que este es uno de los peores álbumes del grupo más importante que haya salido de Crawley, West Sussex, tanto para sus fans como para la crítica. Mi primer acercamiento a Wild Mood Swings fue a través de “This Is a Lie”. “Es mi canción favorita de la banda”, me dijo un viejo conocido, por ahí de 2004.  No le di mucha importancia a esa valoración, ya que venía de una persona que se adentraba mucho en la música psycho y las raves realizadas en ranchos de Colima suponían sus salidas de fin de semana, además nunca me pareció que se implicase mucho en música similar a la de The Cure, pero la canción me agradó mucho y sencillamente se quedó.  Me parecía atípica para el grupo, y muy elegante, porque musicalmente depende mucho de las cuerdas de violín, viola y violoncelo. La escucho y aún me hace imaginar los pomposos bailes con máscaras de su majestad Luís XIV, con nobles y plebeyos pretendiendo lo que no pueden. Por aquél 2004, The Cure sonaba un tanto hosco y rasposo con el álbum homónimo, producido por Ross Robinson (Korn, Slipknot, WASP) y estaba bien, pero yo me tiré de lleno en su trilogía obscura (entiéndase Pornography, Disintegration y Bloodflowers, éste último más o menos) que alguna vez tocaron íntegramente en vivo en el Tempodrom, del barrio berlinés de Kreuzberg. Yo no necesitaba más de The Cure, excepto tal vez el Greatest Hits con sus respectivas versiones en acústico.   Hace no mucho adquirí Wild Mood Swings en casete. Nunca antes lo vi exhibido en físico en alguna parte, ni en otro formato. El payasito de juguete roto de la portada fue decisivo para comprarlo, aunado a las ganas de escuchar “This Is a Lie” a máximo volumen.   Resulta interesante el hecho que este álbum fue grabado en uno de los puntos más bajos e inestables de la carrera del grupo. El bajista Simon Gallup estaba dubitativo de continuar o abandonar el barco por temas de salud (ahora que sí se ha ido, al parecer para siempre, será muy echado de menos porque su sonido con el instrumento hizo sumamente identificable a The Cure) y el álbum fue grabado por 3 bateristas distintos, entre ellos Jason Cooper, quien se quedó en el luego de haber hecho audición; todo esto tras la salida de Boris Williams. Parecía que cohesión entre los integrantes era lo que menos había. Al escuchar la grabación, parece haber surgido mucho de la creatividad bajo presión, por momentos algo básica y desprolija, aunque la mezcla de estilos musicales presentes en Wild Mood Swings hacen un retrato fiel de un grupo que en ese 1995 y parte de 1996,  iba a gran velocidad por las subidas y bajadas de la montaña rusa de saber si continuaba o no como entidad y le era imposible tener control de sí mismo por cuestiones ajenas a la música. Y por casualidad estaban en el estudio para entregar el décimo álbum a su disquera. Después de todo, había un contrato que honrar. Si Wild Mood Swings fuese una persona, seguro se pensaría que es alguien con padecimientos de bipolaridad o que vive algún trastorno similar de personalidad. Es que hay canciones que van de una felicidad tan pura y tierna, casi infantil y fantasiosa, como la preciosa y favorita “Mint Car”, pasa por una depresión swing, con la conciencia de que no hay ganas,  pero  hace falta levantarse y tomar las riendas de lo que viene, como ocurre en “Gone!”, y de la nada todo es lamento irreparable, todo es tristeza solemne, casi funeraria, como en los dos cortes finales, que parecen ser los únicos que siguen una misma línea, tanto en temática y estilo, como en orden del tracklist.   “Treasure” es una despedida, que aunque triste, es cálida por ese estribillo mecedor y dulce, con ánimo conciliador. “Bare”, por otro lado, asume con frialdad el dolor y la fractura que significa un final absoluto. “The 13th” seguro es la canción más atípica, ya no en el álbum, si no en todo el catálogo de The Cure. Música tropical, para conquistar y bailar cachondo, suave y pegadito, tal vez más propio de un concierto de Willie Colón. ¿Demasiado para la fanaticada más dark del grupo?  “It Used to Be me” en realidad es un lado B. Apareció en el sencillo de “The 13th”, y me encuentro con que es la canción más celebrada de las sesiones de Wild Mood Swings. Es posible que haya quedado fuera por la duración total del álbum (una hora), pero bien pudieron dejar fuera “Return” o  a “Jupiter Crash”, que en mi opinión son los temas menos memorables.  En conclusión, me parece que Wild Mood Swings es un álbum difícil de The Cure. Se sale mucho de la tradicional línea dulce-amarga del sonido post punk que los hizo populares para explorar la versatilidad con sonidos y estilos musicales que poco y nada tendrían que ver con el resto de su catálogo.  Es que, el título del álbum parece decirlo todo. Las 14 canciones que integran Wild Mood Swings, como conjunto, parecieran estar todas inconexas, tanto por temáticas (obviamente emocionales) como por los estilos musicales que ahí se pueden encontrar. Dan para pensar que se pueden tomar por 14 cartas o notas escritas por la persona que, ya se dijo, pudiera ser este álbum de estudio de The Cure.  Tal vez era muy complicado que conectara con mucha gente fanática, ya que el lanzamiento registró una de las peores ventas de un álbum del grupo.  Es por demás singular el detalle de que en este 2021 cumplió 25 años y pasó casi desapercibido en muchísimas publicaciones musicales.  ¿Wild Mood Swings es el álbum más incomprendido de The Cure? TEXTO por Abraham Garcí[email protected]

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Hecho en México, discutible documental sobre la mexicanidad a través de la música

El documental aborda temas sobre qué es ser mexicano a través de su cultura, su música, su gente y sus contrastes. El documental contó con la fotografía de Lorenzo Hagerman y la producción de Lynn Fainchtein. Algunos medios lo señalaron como un lienzo visual-musical por México, de Norte a Sur, a través de su música, tradiciones, cultura y gente, desde indígenas, campesinos hasta habitantes de ciudades. Mostrando así lo pluricultural que es el país. Un documental que en el año de su lanzamiento, en 2012, México vivía un contexto un tanto diferente al de ahorita; el contexto político vería regresar al PRI al poder, el acceso a internet era aún menor en algunas zonas del país y la música vivía otros canales de comunicación y de expresión. Dentro de toda la polémica que se generó en parte también fue por haber sido dirigido por una persona de nacionalidad inglesa. “El documental busca reflexionar sobre la mexicanidad y mostrar la vida diaria de los mexicanos más allá de las noticias negativas que se esconden en la cotidianidad”, como señaló el diario El País. El documental se divide en temas como la espiritualidad, la naturaleza, el alma, la mortalidad, la inmigración y la Virgen de Guadalupe, pero también sobre la resistencia, la vida y hasta los bullicios en México. Dando clic en la imagen de aquí abajo podrás ver el documental. Director: Duncan BridgemanElenco: Adanowsky, Héctor Aguilar Camín, Amandititita, Sergio Arau, Blue Demon, Lila Downs, José Guadalupe Esparza, Laura Esquivel, Alejandro Fernandez, Daniel Giménez Cacho, Kinky, Natalia Lafourcade. Diego Luna, Molotov, Carla Morrison, Elena Poniatowska, Café Tacuba, Chavela Vargas, Julieta Venegas y Juan Villoro.Productores: Emilio Azcárraga Jean y Bernardo GómezDuración: 88 minutos.

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Tenemos el poder: celebrando 50 años del Festival de Rock y Ruedas de Avandaro

”Tú tienes el poder, comunícalo…” Peace and Love en su presentación en el Festival de Avándaro El día de hoy se cumplen 50 años del Festival de Avandaro, un festiva que marcó a una generación y que se llevó a cabo en medio de un complejo contexto político y social. Durante la década de los años 60 los cambios sociopolíticos y culturales en el mundo permeaban en gran parte de la juventud de muchos países. Con la cumbre del movimiento hippie en el Summer of Love de San Francisco de 1967, la influencia del Amor y Paz, fue muy importante para toda una generación en distintas partes del mundo. A inicios de los años 60 los jóvenes en México habían vivido momentos muy dramáticos entre masacres y represión, como el 2 de Octubre de 1968 o el jueves de Corpus, 10 de Junio de 1971, mejor conocido como “el Halconazo” que sucedió pocos meses antes de un evento que cambiaría la historia musical de este país. El 11 y 12 de septiembre de 1971, serán recordados como el momento en que los jóvenes encontraron una voz de protesta muy poderosa, con la que hicieron temblar el status quo de la sociedad mexicana, con valores universales de amor y paz. Todo inició con la idea de una carrera de autos que finalizaría con un pequeño concierto, al final ni los propios organizadores podrían haber previsto el suceso tan emblemático. Los riffs psicodélicos de una docena de tremendas bandas de rock, como Los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual , Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, Tinta Blanca, El Amor y Three Souls in my Mind. Mas allá de todos los mitos que rodean al suceso, hubo algunos momentos emblemáticos que marcaría la historia de una generación de manera significativa. Como cuando la banda tapatía Peace and Love subió a tocar We Got The Power haciendo que más de 200 000 asistentes cantaran al unísono Tenemos el Poder … y después cantar su éxito Mariguana y al grito de Chingue su madre el que no cante… o la famosa encuerada una chica que se despojó de su blusa , quedando semi desnuda y que quedó inmortalizada en una foto. He podido platicar con asistentes que me han contado que el sonido no era el óptimo y que las condiciones no eran las mejores, pero coinciden que lo más importante fue la hermandad que se generó durante el concierto. Hablamos de la cumbre y el hundimiento de todo un movimiento musical, que trajo 10 años de censura y represión no sólo de una generación de músicos si no de todo el rock en México. Siempre será importante recordarlo, para nuevas generaciones como el grito de la Tinta Blanca, Avandarooooooooooo.

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Entrevista con Alex Otaola, sobre su vida, su música, arte y trayectoria

Alex Otaola es un prolífico músico mexicano con alrededor de 3 décadas de trabajo sin parar y muy activo. Platicamos con él sobre su vida, su música, arte y trayectoria, además de sus últimos lanzamientos y nominación a los Premios Ariel tras musicalizar la película mexicana Selva Trágica. Hola, ¿cómo estás? Te conocimos, al igual que mucha gente con Santa Sabina, ¿qué recuerdas de esa época?Muchísimas cosas: desde vivir entre la Sierra de Huautla el bautizo mazateco por parte de María Apolonia (hija de María Sabina) a tocar en Berlín en un Teatro cuyo escenario se separaba del proscenio por una inmensa y gruesa cortina de acero que se empleaba en los bombardeos de la II Guerra Mundial; alternamos con King Crimson en el Auditorio Nacional y grabábamos un Mtv-Unplugged en Miami pero también hicimos muchos conciertos sobre camiones de redilas o acústicos en pequeños foros como El Hábito/La Planta de Luz e íbamos en caravanas a la sierra chiapaneca a entregar acopio después de los conciertos masivos en CU; nunca olvidaré el concierto de 3 hrs en el Metropólitan por el XV Aniversario ni cada una de las grabaciones de Estudio. Lo que quizás, en retrospectiva, fue lo más importante de todo fue entrar a un espacio donde la creación musical se hacía de manera colectiva y democrática: nadie llegaba con una canción terminada sino que la música surgía desde impros/jams o a partir de que alguien llegara con un ‘detonador’ (una melodía, una progresión de acordes, algún efecto/sonido interesante, un groove de batería). Eventualmente el resultado final de cada canción era algo que pasaba por 5 filtros y se llegaba a algo a lo que no hubiera podido llegar de manera individual ninguno de nosotros. La música se registraba autoralmente de manera colectiva y al final todos compartíamos por partes iguales el crédito, el orgullo y las responsabilidades que implicaba ser parte de un proyecto así. 2.- Nos imaginamos que hubieron varias cosas antes de esta época con Santa Sabina, ¿cómo empezó tu carrera o cómo empezaste a ser músico?Había intentado echar a andar dos o tres bandas antes pero en esas épocas era difícil encontrar a alguien que cantara chingón y nada había logrado cuajar hasta que surgió la oportunidad de hacer audición para Santa Sabina. Comencé a ‘jugarle’ al músico de niño ya que usaba una acústica, unas alcancías, una espada-sinte de juguete + dos grabadoras de cassette (baby multitrack) y con eso armaba cóvers espantosos de los Beatles, The Who, Pink Floyd, etc. Ahí comenzó el viaje con la guitarra pero creo que cuando me ‘gradué’ de guitarrista a músico fue en 2001 cuando terminó el primer evento que musicalicé creando loops de lira eléctrica: era la primera vez que no tocaba en el contexto de una banda o ensamble y yo solito tendría que encargarme de la creación de los paisajes sonoros de ese día. El plan era usar la eléctrica + procesadores y un looper como vehículo de exploración sonora en plan abstracto/noise y contrastarlo con los timbres usuales que uno asocia con un instrumento de cuerda. Terminando los 50 minutos que tuve que tocar solo (era la presentación de un libro de poesía de Jordi Soler, grabada en el disco ‘Krisälidas‘) los aplausos del público me hicieron sentir que la guitarra no era el verdadero instrumento sino que lo eran el oído + la imaginación. 3.- La pregunta obligada: ¿cómo viviste la pandemia, qué anduviste haciendo durante el aislamiento?Por unas broncas en la espalda tuve que operarme en enero de 2020, saliendo del Horsepital me fui a vivir a mi Estudio pensando que estar cerca de los aparatos sería lo más práctico para poder terminar el Score de la película ‘Selva trágica’, de Yulene Olaziola. Al final salí bien de la operación y con sólo la instrucción de llevármela leve un par de meses. Para marzo ya había terminado el score pero comenzaban los avisos del ‘quédate en casa’ y como tenía conectados todos los juguetes pensé que podría aprovechar para seguir haciendo música nueva en lo que pasaba (ja!) la situación pandémica. Esta terapia ocupacional para el encerrón hizo que durante tres meses me pusiera a hacer tracks pero en completa libertad sin tener que hacerlos encajar en el formato de alguna de las bandas o tener que adaptarlos a la narrativa de una peli. El material se convirtió eventualmente en ‘Fractales vol II‘ (una continuación de los conceptos que apliqué a mi primer disco solista de 2007), con 25 invitad@s grabad@s a distancia y que gracias al Club del R’n’Roll se pudo editar en vinilo a principios de este año. Por otro lado también aproveché el tiempo para terminar de editar y mezclar el disco de improvisaciones con Aarón Cruz y Patricio Iglesias, el material se fue grabando en distintos Estudios y escenarios entre 2013-2016. La idea era dejar crudos los momentos en vivo para poder procesar un chingo las impros de estudio y después, de todo el material, poder armar un collage a partir de los mejores momentos. Fue el primer ‘disco’ que subí a Bandcamp en julio de 2020 para entender cómo funciona la plataforma. (link a Bandcamp: https://alexotaola.bandcamp.com/) 4.- ¿Cuáles han sido tus últimos lanzamientos? Los dos discos antes mencionados y también un ‘Calendario Sónico’ junto a Todd Clouser que es una retícula con distintos contenidos sonoros que el usuario puede ‘tocar’ de la manera en que desee. El concepto del calendario era que en Mayo 2020 fue cuando sucedió lo de George Floyd pero también lo de Giovanni López por lo que se podía emplear una retícula de 7 x 5 (links a YouTube) para contener 35 elementos musicales que reflejaran lo que se vivía en esos días tanto a nivel social como político, pandémico, anímico, etc. de modo que el azar y las posibilidades cacofónicas del calendario sonoro fueran una manera de retratar el momento. (link a Calendario Sónico: https://toddclouser.com/otaola-clouser) 5.- Cuéntanos todos los detalles sobre tu nominación en los Premios Ariel con Selva Trágica, ¿cómo fue

Entrevista con Alex Otaola, sobre su vida, su música, arte y trayectoria Leer más »

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