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Reseña de Hesitating Lights, el nuevo disco de los suecos Floating

Una fusión sin precedentes Floating continúa su exploración sonora al entrelazar el death metal tradicional con elementos de post‑punk y gótico de los años 80, resultando en una propuesta que sorprende por su coherencia interna y fuerza emocional visualizada en Hesitating Lights. Lejos de parecer un collage caótico, las texturas de synth, los riffs cadenciosos y los growls ofrecen una experiencia madura, que fluye con intención, sutileza y una fragilidad inusual para el género. Evolución respecto al debut En comparación con su debut The Waves Have Teeth (2022), este álbum revela a Floating más seguros y refinados. Han logrado balancear cada elemento inmerso en la canción, sin que ningún fragmento opaque a otro, algo clave en su sonido híbrido La producción tiene más claridad —aunque no pulida hasta volverse predecible— y cada canción se siente cuidadosamente diseñada para destacar de manera única. Canciones destacadas Características sonoras y concepto Floating rescata la influencia oscura de bandas como The Cure o Fields of the Nephilim, y la fusiona con la agresividad de death metal clásico. El resultado es un paisaje sonoro que oscila entre lo lúgubre del gótico y la brutalidad frontal del metal extremo. A lo largo del disco, predominan grooves post‑punk revitalizados con programación sintetizada, sin perder la crudeza de la percusión ni la rabia de los riffs estructurados. Estética visual La portada, a cargo de Påhl Sundström, refleja la tensión del sonido: una figura corpórea abstracta y texturizada en tonos húmedos y oxidados. Su estética evoca tanto el horror visceral del death metal como el dolor poético del gótico Noob Heavy+2Entornos Disonantes+2mystificationzine.com+2. Conclusión Hesitating Lights es una obra audaz y cautivadora. Floating logra una calidad artística rara en la escena underground: un death metal que no aturde solo con volumen, sino que construye atmósferas, provoca reflexión y ofrece belleza en lo oscuro. El álbum se convierte en un laberinto emocional donde la disonancia orgánica y la melodía oscura conviven con elegancia. Una apuesta entregada, innovadora. Para quienes buscan un acercamiento refinado al death metal que se niegue a ser predecible.

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Yo La Tengo – Old Joy (2025): la música como espacio, memoria y emoción silenciosa

La banda de culto por excelencia del indie norteamericano, Yo La Tengo, regresa en 2025 con Old Joy, un álbum peculiar no solo por su título sino por el tipo de propuesta sonora que encarna: no es un disco convencional de canciones, sino la publicación oficial de la banda sonora que compusieron para la película Old Joy (2006), dirigida por Kelly Reichardt. Aunque estas piezas ya se habían escuchado dentro de They Shoot, We Score (2008), compilación de sus trabajos cinematográficos, es la primera vez que esta partitura es tratada como un disco en sí mismo. Y vaya si lo merece. El origen: una película que hablaba bajito La cinta Old Joy es un relato silencioso, contemplativo y profundamente íntimo. Narra la historia de dos viejos amigos que se reencuentran para pasar un fin de semana en la naturaleza. No hay giros narrativos, no hay picos dramáticos; hay, en cambio, una profunda observación de la nostalgia, la amistad y el paso del tiempo. Es en ese espacio, en esa cadencia, donde Yo La Tengo encuentra terreno fértil para esculpir sonidos. Grabado en una sola tarde en Hoboken, Nueva Jersey, Old Joy está compuesto por seis piezas instrumentales que, en su aparente sencillez, contienen toda la sensibilidad acumulada por la banda a lo largo de sus más de 40 años de trayectoria. 🎧 Lo que se escucha (y lo que no) A diferencia de otros discos más “tradicionales” como I Can Hear the Heart Beating as One o This Stupid World, Old Joy se construye desde el susurro, el eco y la contemplación. Aquí, Yo La Tengo se convierte en un paisaje. Las guitarras eléctricas limpias, las percusiones mínimas, el uso de drones suaves y pianos reverberantes, funcionan como una banda sonora de emociones contenidas. Pistas como “Driving Home” o “End Credits” nos recuerdan a bandas como Tortoise, Brian Eno o Labradford, pero sin abandonar nunca esa calidez intransferible que define al trío. Una estética del silencio Lo que hace extraordinario a Old Joy es su negativa a ser grandilocuente. Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew —quienes también lo produjeron— se permiten desaparecer tras la música. No hay voz, no hay letra, no hay presencia de ego: solo atmósfera. Y eso lo vuelve revolucionario en un momento en el que la música muchas veces se define por su viralidad o impacto inmediato. Lo suyo es, en cambio, una resistencia elegante al ruido, una afirmación poética de que la belleza también puede estar en lo mínimo, en lo que no se dice, en lo que apenas se escucha. Una publicación que también es política La reedición y publicación en vinilo (ediciones en negro y rosa transparente, vía Mississippi Records) no es sólo una estrategia de catálogo: es una apuesta por rescatar una obra que merece su espacio autónomo. No es una rareza para completistas, es una joya de ambient lo-fi emocional, ideal para los días donde se necesita menos explicación y más resonancia. Un nuevo capítulo en una historia impecable Desde Ride the Tiger (1986) hasta This Stupid World (2023), Yo La Tengo ha pasado por fases de distorsión, pop melódico, noise rock, folk pastoral y psicodelia. Sin embargo, Old Joy conecta con esa veta instrumental e introspectiva que ya habían mostrado en momentos como And Then Nothing Turned Itself Inside-Out o sus improvisaciones en vivo. Este álbum no inaugura un nuevo Yo La Tengo, pero sí refuerza una de sus caras más conmovedoras: la del grupo que no teme desaparecer entre notas suspendidas. Para fans nuevos y veteranos Si llegaste a Yo La Tengo por sus himnos indie rock (“Sugarcube”, “Autumn Sweater”, “Stockholm Syndrome”), este disco podría parecerte demasiado calmo. Pero si los conoces por su capacidad de construir texturas, o por sus célebres sesiones en WFMU donde improvisan durante horas, Old Joy será un manjar. Conclusión: música para acompañar(nos) En un año musical dominado por lanzamientos expansivos y producciones grandiosas, Old Joy se siente como una brisa entre el bosque. Es un disco que no exige, sino que acompaña. Una música que no busca agradar, sino estar ahí. Como un viejo amigo al que no necesitas explicarle nada. Yo La Tengo no ha vuelto con este disco. Nunca se han ido. Escucha recomendada: O simplemente cuando necesites recordar que existe belleza en lo pequeño. En silencio, con audífonos. Durante una caminata al atardecer.

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Clay, el nuevo disco de Matthew Herbert & Momoko Gill: Una obra maestra de introspección rítmica

El último disco colaborativo del visionario británico Matthew Herbert junto a la polifacética Momoko Gill, Clay, llega a nuestras manos el 27 de junio de 2025 a través de Strut Records. Se trata de once composiciones que fusionan la estética electrónica y experimental de Herbert con el pulso orgánico de los tambores y la voz emotiva de Gill, dando como resultado una experiencia sonora tan íntima como expansiva Un paseo por las 11 piezas Técnica y proceso creativo Herbert, conocido por su uso de objetos de la vida cotidiana como instrumentos, incorpora desde kotos japoneses hasta sonidos de balones de baloncesto, integrándolos en un universo orgánico que parece respirar. Por su parte, Gill no es una invitada pasajera: batería, voz, composición y una sensibilidad jazz-folk que dialoga constantemente con Herber. El álbum fue desarrollado durante un año, primero a distancia, luego en sesiones cara a cara que consolidaron la química creativa del dúo. Recepción crítica & comunidad ¿Por qué Clay resuena? Conclusión Clay es mucho más que un disco electrónico o un experimento rítmico: es un diálogo íntimo entre dos artistas libres, que hablan desde las entrañas del sonido. Es contemporáneo, sincero, delicado y subrepticiamente poderoso. Un álbum para escuchar en auriculares al caer la tarde, o en club al despuntar el alba: una obra que reconcilia lo bailable con lo meditativo.

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Jesse Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista

Jesse Beaman —músico, compositor y productor— ha colaborado con figuras de peso como Sam Fogarino y Brandon Curtis (Interpol), Joe Berry (M83) y Hoshiko Yamane (Tangerine Dream). Durante la década pasada giró por más de 25 países bajo el nombre My Empty Phantom, compartiendo escenario con proyectos como Silver Mt. Zion, Julianna Barwick, Cocorosie y This Will Destroy You . En 2021 lanzó Mira, su primer álbum bajo su propio nombre, producido por Brandon Curtis. El resultado es un trabajo cuidadosamente construido, con loops, sintetizadores y piano minimalista que crecen de forma pausada, revelando texturas y atmósferas sutiles. Este 2025, Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista. El álbum se gestó durante 2023 mientrascompuso en las montañas cerca de Ciudad de México. Antes de lanzarlo, lo puso a prueba en vivo para sus presentaciones a inicios año realizadas en México, Chile, Argentina y Brasil, afinando dinámicas y estructuras con base en la respuesta del público. Recientemente ha lanzado el primer sencillo de este material de larga duración bajo el nombre de “What Was There Now Is Not”, anunciando que el estreno del álbum completo será el próximo 11 de Julio y que estará exclusivamente en distribución por medio de Bandcamp y Youtube. En cuanto a presentaciones en vivo a futuro, este verano 2025 abrirá para This Will Destroy You en EE.UU. y Canadá, destacando lugares como The Chapel (San Francisco), Meow Wolf (Denver) y Lincoln Hall (Chicago). Además, en 2026 se anuncia una gira junto a Tangerine Dream. Con este giro, Jesse fusiona su experiencia DIY, trabajo con loopers y sensibilidad minimal en una nueva firma musical: más personal, directa y cargada de atmósfera, sin renunciar a su énfasis en la exploración sonora y la cercanía con el público.

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Karate – First Time, reencuentro en tiempo suspendido

En un gesto tan inesperado como necesario, Karate, la banda de culto originaria de Boston que fusionó el post-rock, el slowcore, el jazz y el emocore de los 90, regresa con First Time, su primer material inédito en más de 20 años. Este álbum no sólo significa una reactivación creativa para el grupo, sino también una revisión de su lenguaje sonoro bajo una nueva luz: madura, serena y profundamente articulada. Una primera vez que viene después de todo El título First Time puede parecer paradójico para una banda con un legado tan definido, pero en realidad es certero. Este álbum no suena como un intento de replicar el pasado. Más bien, Karate entra al estudio con la sensibilidad de quienes han crecido, que han vivido lejos del escenario, y que aún conservan la capacidad de dialogar con la música como si fuera la primera vez. Los rasgos clásicos del grupo están ahí: Pero aquí todo respira de forma distinta. Menos urgencia, más escucha. Menos distorsión, más espacio. Sonoridad: jazz de cámara con nervio indie Desde el primer track, “Even Now”, se establece un tono íntimo, casi contemplativo. La guitarra se desliza como una pluma sobre el papel, mientras la voz de Farina aparece como un pensamiento apenas pronunciado. Le siguen piezas como “First Time” y “Shards”, que abrazan la estructura narrativa del jazz modal sin abandonar el espíritu de canción. La influencia de artistas como Talk Talk, Codeine o incluso el Bill Evans más atmosférico se hace sentir, pero sin resultar derivativa. Es un sonido contenido, elegante, como si cada nota estuviera puesta con una precisión casi arquitectónica. Las letras, como siempre, evocan escenas cotidianas llenas de significados personales, paisajes urbanos, relaciones en tránsito, silencios que dicen más que los diálogos. Una madurez sin alarde Lo más notable de First Time es su madurez desprovista de cinismo. No hay intención de competir con el pasado, ni con la actualidad. Tampoco hay rastros de nostalgia barata. Karate suena como una banda que ha aprendido el valor del silencio, del matiz, del gesto pequeño que lo transforma todo. Cada canción parece un ensayo sobre cómo envejecer artísticamente sin perder la curiosidad. ¿Para quién es este disco? Conclusión First Time no es un regreso triunfal, porque no busca serlo. Es más bien un reencuentro paciente y sincero con la música, con el lenguaje que Karate siempre cultivó en los márgenes de la industria y que ahora vuelve a florecer en tiempos donde la atención es un lujo. Como todo lo que hace Karate, este disco no grita. Pero si lo escuchas con calma, susurra cosas que pocos discos dicen hoy en día.

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Biosphere – The Way of Time: el eco del tiempo en la tundra sonora

El productor noruego Biosphere, alias del influyente artista Geir Jenssen, vuelve a expandir su universo ambiental con The Way of Time, su más reciente trabajo lanzado en 2025. Desde sus inicios en los años noventa, Biosphere ha sido uno de los pilares de la música ambient y experimental, conocido por esculpir paisajes sonoros glaciares, minimalistas y profundamente inmersivos. Con este nuevo álbum, Jenssen no solo refina su estilo ya reconocible, sino que lo vuelve más introspectivo, casi litúrgico, explorando el concepto del tiempo como un fenómeno perceptual, emocional y físico. Una arquitectura de niebla y memoria The Way of Time es un disco que no busca llenar el espacio, sino dejarlo respirar. Cada composición se mueve lentamente, con la paciencia de un glaciar derritiéndose, mientras drones, texturas granulares y resonancias suspendidas se funden con la nada. El tiempo no se mide en minutos aquí, sino en capas: capas de sonido, de silencio, de memoria. El título no es casual. Biosphere ha trabajado durante décadas con la idea del tiempo como forma de percepción alterada —desde la quietud ártica de Substrata (1997) hasta los experimentos más abstractos de Departed Glories (2016) o Angel’s Flight (2021). Pero en The Way of Time, este concepto se convierte en eje narrativo y emocional. Escucha como acto contemplativo El disco se compone de piezas largas, con nombres escuetos, casi científicos, que evocan fragmentos de diario, anotaciones, o fenómenos atmosféricos. Aunque parezca abstracto, hay un hilo muy humano recorriendo todo el álbum: la sensación de estar en un lugar donde el tiempo se ha detenido, pero en el que algo —sutil, latente— sigue ocurriendo. Técnica y sensibilidad Biosphere ha trabajado históricamente con grabaciones de campo, samples procesados y síntesis granular. En The Way of Time, hay una depuración total: todo suena deliberadamente erosionado, como si hubiese sido enterrado bajo capas de hielo durante siglos y recién desenterrado. El uso de silencio como herramienta expresiva es magistral: no hay miedo al vacío, al contrario, se le da protagonismo. La producción —discreta, transparente, controlada— prioriza la experiencia inmersiva. No hay picos, no hay ritmo, no hay melodía reconocible. Pero hay belleza. Hay textura. Y hay pausa. Una pausa radical en un mundo acelerado. Tiempo como sonido, sonido como tiempo The Way of Time no es para todos. Es un álbum que exige una escucha comprometida y solitaria, ideal para caminar sin rumbo, mirar por la ventana bajo la lluvia o simplemente cerrar los ojos. Es un disco para detener el tiempo y habitarlo. Biosphere no reinventa su fórmula, pero sí la lleva a su punto más contemplativo y maduro. En tiempos de sobresaturación musical, Geir Jenssen ofrece un regalo raro: la posibilidad de reconectar con el presente desde el sonido más puro, más lento, más esencial.

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GoGo Penguin – Necessary Fictions: una reinvención luminosa del jazz electrónico

La banda británica GoGo Penguin regresa con Necessary Fictions, un álbum que reafirma su lugar como una de las propuestas más innovadoras del jazz contemporáneo. Con este nuevo trabajo, lanzado en 2024 bajo XXIM Records, el trío de Mánchester —conformado por Chris Illingworth (piano), Nick Blacka (contrabajo) y Jon Scott (batería)— demuestra que su búsqueda sonora no conoce fronteras: si en sus discos anteriores ya habían desdibujado las líneas entre el jazz acústico, la música electrónica, el minimalismo y el post-rock, en Necessary Fictions llevan esa mezcla a un nuevo plano de intensidad emocional y precisión matemática. El arte de reimaginar El título Necessary Fictions es, en sí mismo, una declaración conceptual. Alude a las narrativas que creamos para darle sentido a la experiencia humana, incluso cuando no hay una verdad absoluta a la que aferrarse. En ese sentido, el disco es tanto una construcción sonora como una metáfora: cada pieza es una ficción necesaria para la banda, una arquitectura emocional tejida entre notas y silencios, impulsos rítmicos y texturas digitales. Musicalmente, el álbum transita entre la composición orgánica y el diseño sonoro digital, algo que GoGo Penguin ha perfeccionado con el tiempo. La influencia de Aphex Twin, Radiohead, Massive Attack y Steve Reich sigue presente, pero ahora matizada por un enfoque más introspectivo y narrativo. Diseño sonoro como narración Uno de los grandes logros de Necessary Fictions es su equilibrio entre lo cerebral y lo emocional. Si bien cada composición está estructurada con rigor casi arquitectónico, el resultado nunca suena frío o distante. Al contrario: hay una calidez en los silencios, una humanidad en las imperfecciones deliberadas, una intención poética en cada pausa y repetición. La producción del disco —a cargo de la banda junto con Joe Reiser y Brendan Williams— es limpia, expansiva y rica en matices. GoGo Penguin vuelve a demostrar que es capaz de sonar moderno sin caer en el artificio, usando la tecnología como aliada de la sensibilidad, no como sustituto. Un disco de contemplación y precisión Necessary Fictions no es un disco que busque el aplauso fácil ni los clichés del jazz de vitrina. Es un trabajo que invita a la escucha activa y profunda, ideal tanto para quienes buscan la complejidad técnica como para los que desean simplemente sumergirse en una atmósfera musical envolvente. En tiempos de saturación sonora y velocidad digital, GoGo Penguin propone detenerse, construir ficciones necesarias que nos devuelvan al presente. En ese gesto, el trío reafirma su compromiso con una música que evoluciona, respira y sigue soñando.

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The Messthetics: el triunfo de lo instrumental, de Fugazi al nuevo jazz-punk junto a James Brandon Lewis

The Messthetics es, sin lugar a dudas, una de las asociaciones más extraordinarias que han aparecido en el panorama de la música independiente en los últimos años. La banda —formada en Washington, D.C. en 2016— tiene en sus filas a Joe Lally (bajo) y Brendan Canty (batería), veteranos de Fugazi, así como al virtuoso guitarrista Anthony Pirog, reconocido en el circuito de jazz de vanguardia. La fórmula resultó en algo más que la simple suma de sus partes: The Messthetics es una expresión viviente de cómo el post-hardcore, el jazz, el punk y el rock experimental pueden fundirse en algo nuevo, enérgico pero maduro, emotivo pero sin dejar de sonar feroz. Lo que más atrae en The Messthetics es justo ese estilo difícil de clasificar. Por un lado están las raíces de Lally y Canty en el post-hardcore de Fugazi, que proporciona una base rítmica pesada pero también elástica; por otro están las habilidades de Pirog en la guitarra —un músico capaz de ir de lo más melódico a lo más disonante en cuestión de compases—. Así, el resultado es una música instrumental que tiene toda la urgencia de una banda de punk pero también toda la complejidad de una formación de jazz. Esto proporciona a The Messthetics una identidad muy particular: están más cerca de grupos como Tortoise o Explosions in the Sky en el planteamiento de “canciones sin voces”, pero están vivificados tanto por el ruido como por el groove de raíces más salvajes. Este estilo, tan difícil de encasillar pero tan reconocido en el circuito de la música alternativa, alcanzó nuevas vertientes cuando James Brandon Lewis, destacado saxofonista de la escena de jazz de vanguardia, comenzó a colaborar con ellos. La sinergia que se logra en el nuevo material junto a Lewis es tan sorprendente como natural. Por un lado, el saxofón proporciona una expresión melódica más directa, más vocal en comparación con el paisaje más abstracto de Pirog; pero, en lugar de dejar atrás el estilo de The Messthetics, lo que hace es llevar ese estilo más lejos, ampliándolo, dándole una dimensión más emotiva pero también más salvaje.James Brandon Lewis tiene una fuerza expresiva enorme en el saxofón —un estilo que puede ir de lo más emotivo y soul a lo más free, más intenso—, y junto con The Messthetics logra encontrar un territorio en el que el jazz de vanguardia y el post-hardcore están en permanente diálogo. Este encuentro tiene varias vertientes de interés. Por un lado, revela que el estilo de The Messthetics tiene una base lo suficientemente robusta como para dejar lugar a nuevos voces sin perder identidad. Por otro, deja claro que James Brandon Lewis es más que un solista de jazz; es también alguien dispuesto a dejar atrás lo purista para encontrar nuevas voces en contextos más eléctricos, más abrasivos, más abiertos. La música resultante es así una especie de paisaje sonoro híbrido, en el que el saxofón deja de funcionar como “solista” en el sentido clásico, para convertirse en una pieza más de la maquinaria colectiva —un elemento tan indispensable como el bajo de Lally o la batería de Canty—. Este encuentro tiene una importancia especial en el paisaje de la música actual, en el que están surgiendo grupos dispuestos a dejar atrás las categorizaciones y a buscar nuevas vías de expresión. The Messthetics junto a James Brandon Lewis muestran que el espíritu de aquel Washington, D.C. de los años 90 —el lugar en el que el hardcore vivió una de sus más fértiles transformaciones— continúa vivo pero en permanente mutación. La música que están produciendo revela que el punk y el jazz comparten más de lo que creen, que el estilo más “callejero” puede encontrar en el estilo más “sofisticado” a su compañero de aventuras. En definitiva, The Messthetics están demostrando que el pasado puede vivificar el futuro cuando deja atrás el purismo. La colaboración con James Brandon Lewis es la prueba viviente de que el arte más intenso nace de asociaciones valientes, de músicos que están más pendientes de lo que están creando en el presente que de las historias que puedan llevar en la maleta. Ese es el triunfo de The Messthetics: sonar como ellos mismos, pero a la vez dejar que nuevas voces sean parte de aquel paisaje sonoro en permanente expansión.

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