Depósitio Sonoro

Estrenos

Jesse Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista

Jesse Beaman —músico, compositor y productor— ha colaborado con figuras de peso como Sam Fogarino y Brandon Curtis (Interpol), Joe Berry (M83) y Hoshiko Yamane (Tangerine Dream). Durante la década pasada giró por más de 25 países bajo el nombre My Empty Phantom, compartiendo escenario con proyectos como Silver Mt. Zion, Julianna Barwick, Cocorosie y This Will Destroy You . En 2021 lanzó Mira, su primer álbum bajo su propio nombre, producido por Brandon Curtis. El resultado es un trabajo cuidadosamente construido, con loops, sintetizadores y piano minimalista que crecen de forma pausada, revelando texturas y atmósferas sutiles. Este 2025, Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista. El álbum se gestó durante 2023 mientrascompuso en las montañas cerca de Ciudad de México. Antes de lanzarlo, lo puso a prueba en vivo para sus presentaciones a inicios año realizadas en México, Chile, Argentina y Brasil, afinando dinámicas y estructuras con base en la respuesta del público. Recientemente ha lanzado el primer sencillo de este material de larga duración bajo el nombre de “What Was There Now Is Not”, anunciando que el estreno del álbum completo será el próximo 11 de Julio y que estará exclusivamente en distribución por medio de Bandcamp y Youtube. En cuanto a presentaciones en vivo a futuro, este verano 2025 abrirá para This Will Destroy You en EE.UU. y Canadá, destacando lugares como The Chapel (San Francisco), Meow Wolf (Denver) y Lincoln Hall (Chicago). Además, en 2026 se anuncia una gira junto a Tangerine Dream. Con este giro, Jesse fusiona su experiencia DIY, trabajo con loopers y sensibilidad minimal en una nueva firma musical: más personal, directa y cargada de atmósfera, sin renunciar a su énfasis en la exploración sonora y la cercanía con el público.

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Karate – First Time, reencuentro en tiempo suspendido

En un gesto tan inesperado como necesario, Karate, la banda de culto originaria de Boston que fusionó el post-rock, el slowcore, el jazz y el emocore de los 90, regresa con First Time, su primer material inédito en más de 20 años. Este álbum no sólo significa una reactivación creativa para el grupo, sino también una revisión de su lenguaje sonoro bajo una nueva luz: madura, serena y profundamente articulada. Una primera vez que viene después de todo El título First Time puede parecer paradójico para una banda con un legado tan definido, pero en realidad es certero. Este álbum no suena como un intento de replicar el pasado. Más bien, Karate entra al estudio con la sensibilidad de quienes han crecido, que han vivido lejos del escenario, y que aún conservan la capacidad de dialogar con la música como si fuera la primera vez. Los rasgos clásicos del grupo están ahí: Pero aquí todo respira de forma distinta. Menos urgencia, más escucha. Menos distorsión, más espacio. Sonoridad: jazz de cámara con nervio indie Desde el primer track, “Even Now”, se establece un tono íntimo, casi contemplativo. La guitarra se desliza como una pluma sobre el papel, mientras la voz de Farina aparece como un pensamiento apenas pronunciado. Le siguen piezas como “First Time” y “Shards”, que abrazan la estructura narrativa del jazz modal sin abandonar el espíritu de canción. La influencia de artistas como Talk Talk, Codeine o incluso el Bill Evans más atmosférico se hace sentir, pero sin resultar derivativa. Es un sonido contenido, elegante, como si cada nota estuviera puesta con una precisión casi arquitectónica. Las letras, como siempre, evocan escenas cotidianas llenas de significados personales, paisajes urbanos, relaciones en tránsito, silencios que dicen más que los diálogos. Una madurez sin alarde Lo más notable de First Time es su madurez desprovista de cinismo. No hay intención de competir con el pasado, ni con la actualidad. Tampoco hay rastros de nostalgia barata. Karate suena como una banda que ha aprendido el valor del silencio, del matiz, del gesto pequeño que lo transforma todo. Cada canción parece un ensayo sobre cómo envejecer artísticamente sin perder la curiosidad. ¿Para quién es este disco? Conclusión First Time no es un regreso triunfal, porque no busca serlo. Es más bien un reencuentro paciente y sincero con la música, con el lenguaje que Karate siempre cultivó en los márgenes de la industria y que ahora vuelve a florecer en tiempos donde la atención es un lujo. Como todo lo que hace Karate, este disco no grita. Pero si lo escuchas con calma, susurra cosas que pocos discos dicen hoy en día.

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Biosphere – The Way of Time: el eco del tiempo en la tundra sonora

El productor noruego Biosphere, alias del influyente artista Geir Jenssen, vuelve a expandir su universo ambiental con The Way of Time, su más reciente trabajo lanzado en 2025. Desde sus inicios en los años noventa, Biosphere ha sido uno de los pilares de la música ambient y experimental, conocido por esculpir paisajes sonoros glaciares, minimalistas y profundamente inmersivos. Con este nuevo álbum, Jenssen no solo refina su estilo ya reconocible, sino que lo vuelve más introspectivo, casi litúrgico, explorando el concepto del tiempo como un fenómeno perceptual, emocional y físico. Una arquitectura de niebla y memoria The Way of Time es un disco que no busca llenar el espacio, sino dejarlo respirar. Cada composición se mueve lentamente, con la paciencia de un glaciar derritiéndose, mientras drones, texturas granulares y resonancias suspendidas se funden con la nada. El tiempo no se mide en minutos aquí, sino en capas: capas de sonido, de silencio, de memoria. El título no es casual. Biosphere ha trabajado durante décadas con la idea del tiempo como forma de percepción alterada —desde la quietud ártica de Substrata (1997) hasta los experimentos más abstractos de Departed Glories (2016) o Angel’s Flight (2021). Pero en The Way of Time, este concepto se convierte en eje narrativo y emocional. Escucha como acto contemplativo El disco se compone de piezas largas, con nombres escuetos, casi científicos, que evocan fragmentos de diario, anotaciones, o fenómenos atmosféricos. Aunque parezca abstracto, hay un hilo muy humano recorriendo todo el álbum: la sensación de estar en un lugar donde el tiempo se ha detenido, pero en el que algo —sutil, latente— sigue ocurriendo. Técnica y sensibilidad Biosphere ha trabajado históricamente con grabaciones de campo, samples procesados y síntesis granular. En The Way of Time, hay una depuración total: todo suena deliberadamente erosionado, como si hubiese sido enterrado bajo capas de hielo durante siglos y recién desenterrado. El uso de silencio como herramienta expresiva es magistral: no hay miedo al vacío, al contrario, se le da protagonismo. La producción —discreta, transparente, controlada— prioriza la experiencia inmersiva. No hay picos, no hay ritmo, no hay melodía reconocible. Pero hay belleza. Hay textura. Y hay pausa. Una pausa radical en un mundo acelerado. Tiempo como sonido, sonido como tiempo The Way of Time no es para todos. Es un álbum que exige una escucha comprometida y solitaria, ideal para caminar sin rumbo, mirar por la ventana bajo la lluvia o simplemente cerrar los ojos. Es un disco para detener el tiempo y habitarlo. Biosphere no reinventa su fórmula, pero sí la lleva a su punto más contemplativo y maduro. En tiempos de sobresaturación musical, Geir Jenssen ofrece un regalo raro: la posibilidad de reconectar con el presente desde el sonido más puro, más lento, más esencial.

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GoGo Penguin – Necessary Fictions: una reinvención luminosa del jazz electrónico

La banda británica GoGo Penguin regresa con Necessary Fictions, un álbum que reafirma su lugar como una de las propuestas más innovadoras del jazz contemporáneo. Con este nuevo trabajo, lanzado en 2024 bajo XXIM Records, el trío de Mánchester —conformado por Chris Illingworth (piano), Nick Blacka (contrabajo) y Jon Scott (batería)— demuestra que su búsqueda sonora no conoce fronteras: si en sus discos anteriores ya habían desdibujado las líneas entre el jazz acústico, la música electrónica, el minimalismo y el post-rock, en Necessary Fictions llevan esa mezcla a un nuevo plano de intensidad emocional y precisión matemática. El arte de reimaginar El título Necessary Fictions es, en sí mismo, una declaración conceptual. Alude a las narrativas que creamos para darle sentido a la experiencia humana, incluso cuando no hay una verdad absoluta a la que aferrarse. En ese sentido, el disco es tanto una construcción sonora como una metáfora: cada pieza es una ficción necesaria para la banda, una arquitectura emocional tejida entre notas y silencios, impulsos rítmicos y texturas digitales. Musicalmente, el álbum transita entre la composición orgánica y el diseño sonoro digital, algo que GoGo Penguin ha perfeccionado con el tiempo. La influencia de Aphex Twin, Radiohead, Massive Attack y Steve Reich sigue presente, pero ahora matizada por un enfoque más introspectivo y narrativo. Diseño sonoro como narración Uno de los grandes logros de Necessary Fictions es su equilibrio entre lo cerebral y lo emocional. Si bien cada composición está estructurada con rigor casi arquitectónico, el resultado nunca suena frío o distante. Al contrario: hay una calidez en los silencios, una humanidad en las imperfecciones deliberadas, una intención poética en cada pausa y repetición. La producción del disco —a cargo de la banda junto con Joe Reiser y Brendan Williams— es limpia, expansiva y rica en matices. GoGo Penguin vuelve a demostrar que es capaz de sonar moderno sin caer en el artificio, usando la tecnología como aliada de la sensibilidad, no como sustituto. Un disco de contemplación y precisión Necessary Fictions no es un disco que busque el aplauso fácil ni los clichés del jazz de vitrina. Es un trabajo que invita a la escucha activa y profunda, ideal tanto para quienes buscan la complejidad técnica como para los que desean simplemente sumergirse en una atmósfera musical envolvente. En tiempos de saturación sonora y velocidad digital, GoGo Penguin propone detenerse, construir ficciones necesarias que nos devuelvan al presente. En ese gesto, el trío reafirma su compromiso con una música que evoluciona, respira y sigue soñando.

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The Messthetics: el triunfo de lo instrumental, de Fugazi al nuevo jazz-punk junto a James Brandon Lewis

The Messthetics es, sin lugar a dudas, una de las asociaciones más extraordinarias que han aparecido en el panorama de la música independiente en los últimos años. La banda —formada en Washington, D.C. en 2016— tiene en sus filas a Joe Lally (bajo) y Brendan Canty (batería), veteranos de Fugazi, así como al virtuoso guitarrista Anthony Pirog, reconocido en el circuito de jazz de vanguardia. La fórmula resultó en algo más que la simple suma de sus partes: The Messthetics es una expresión viviente de cómo el post-hardcore, el jazz, el punk y el rock experimental pueden fundirse en algo nuevo, enérgico pero maduro, emotivo pero sin dejar de sonar feroz. Lo que más atrae en The Messthetics es justo ese estilo difícil de clasificar. Por un lado están las raíces de Lally y Canty en el post-hardcore de Fugazi, que proporciona una base rítmica pesada pero también elástica; por otro están las habilidades de Pirog en la guitarra —un músico capaz de ir de lo más melódico a lo más disonante en cuestión de compases—. Así, el resultado es una música instrumental que tiene toda la urgencia de una banda de punk pero también toda la complejidad de una formación de jazz. Esto proporciona a The Messthetics una identidad muy particular: están más cerca de grupos como Tortoise o Explosions in the Sky en el planteamiento de “canciones sin voces”, pero están vivificados tanto por el ruido como por el groove de raíces más salvajes. Este estilo, tan difícil de encasillar pero tan reconocido en el circuito de la música alternativa, alcanzó nuevas vertientes cuando James Brandon Lewis, destacado saxofonista de la escena de jazz de vanguardia, comenzó a colaborar con ellos. La sinergia que se logra en el nuevo material junto a Lewis es tan sorprendente como natural. Por un lado, el saxofón proporciona una expresión melódica más directa, más vocal en comparación con el paisaje más abstracto de Pirog; pero, en lugar de dejar atrás el estilo de The Messthetics, lo que hace es llevar ese estilo más lejos, ampliándolo, dándole una dimensión más emotiva pero también más salvaje.James Brandon Lewis tiene una fuerza expresiva enorme en el saxofón —un estilo que puede ir de lo más emotivo y soul a lo más free, más intenso—, y junto con The Messthetics logra encontrar un territorio en el que el jazz de vanguardia y el post-hardcore están en permanente diálogo. Este encuentro tiene varias vertientes de interés. Por un lado, revela que el estilo de The Messthetics tiene una base lo suficientemente robusta como para dejar lugar a nuevos voces sin perder identidad. Por otro, deja claro que James Brandon Lewis es más que un solista de jazz; es también alguien dispuesto a dejar atrás lo purista para encontrar nuevas voces en contextos más eléctricos, más abrasivos, más abiertos. La música resultante es así una especie de paisaje sonoro híbrido, en el que el saxofón deja de funcionar como “solista” en el sentido clásico, para convertirse en una pieza más de la maquinaria colectiva —un elemento tan indispensable como el bajo de Lally o la batería de Canty—. Este encuentro tiene una importancia especial en el paisaje de la música actual, en el que están surgiendo grupos dispuestos a dejar atrás las categorizaciones y a buscar nuevas vías de expresión. The Messthetics junto a James Brandon Lewis muestran que el espíritu de aquel Washington, D.C. de los años 90 —el lugar en el que el hardcore vivió una de sus más fértiles transformaciones— continúa vivo pero en permanente mutación. La música que están produciendo revela que el punk y el jazz comparten más de lo que creen, que el estilo más “callejero” puede encontrar en el estilo más “sofisticado” a su compañero de aventuras. En definitiva, The Messthetics están demostrando que el pasado puede vivificar el futuro cuando deja atrás el purismo. La colaboración con James Brandon Lewis es la prueba viviente de que el arte más intenso nace de asociaciones valientes, de músicos que están más pendientes de lo que están creando en el presente que de las historias que puedan llevar en la maleta. Ese es el triunfo de The Messthetics: sonar como ellos mismos, pero a la vez dejar que nuevas voces sean parte de aquel paisaje sonoro en permanente expansión.

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Brian Eno & Beatie Wolfe – Luminal / Lateral: poesía para los sentidos

En Luminal y Lateral, la colaboración más reciente entre Brian Eno con la artista británica Beatie Wolfe, Eno no entrega solo un disco doble: ofrece un diagrama sensorial de la emoción, el tiempo y el espacio. Luminal: nombrar lo innombrable Luminal es un trabajo radicalmente íntimo que parte del ejercicio tan esencial como esquivo de traducir emociones en música. Wolfe grabó las vocales y texturas en Los Ángeles; Eno, por su parte, contribuyó desde Londres con su característico tratamiento electrónico, creando un diálogo no solo transatlántico, sino también transpersonal. El concepto detrás del disco es casi conceptualista en sí mismo: traducir 12 emociones —algunas sin traducción directa al inglés— en piezas sonoras. “Duende”, “mono no aware”, “commuovere”… no como definiciones, sino como atmósferas. Eno, desde los días de Ambient 1: Music for Airports, nos ha enseñado a percibir la música como un espacio. Aquí, ese espacio es el lenguaje emocional sin palabras. Las composiciones de Luminal poseen la cualidad del tiempo suspendido: guitarras tratadas, pads de sintetizador que flotan como niebla temprana, voces que se disuelven en capas y texturas vaporosas. Es una experiencia más cercana a la escucha contemplativa que a la narrativa tradicional del pop o incluso del ambient estructurado. Lateral: expansión espacial, escucha extática Donde Luminal es introversión emocional, Lateral es exploración cósmica. El segundo álbum de este binomio, dividido en ocho movimientos titulados “Big Empty Country”, podría entenderse como un vasto campo de resonancia donde la música se convierte en fenómeno atmosférico. Eno lo describe como “ambient–landscape–dream–music”, y no es una hipérbole: la música aquí se comporta como clima, como una arquitectura invisible que modifica la percepción. Hay una intención de lentitud, de profundidad, de inmersión. Lateral podría leerse como una continuación espiritual del On Land de 1982, pero con la sensibilidad postdigital del siglo XXI. Cada fragmento parece diseñado para escucharse no desde el intelecto, sino desde la sensación pura, como si los oídos no bastaran y el cuerpo entero fuera necesario para percibirlo. Más allá del sonido: arte, conciencia, materialidad Ambos discos fueron lanzados en bio-vinilo, reafirmando el compromiso de ambos artistas con la sustentabilidad. No es un detalle menor: en la obra de Eno, la ética y la estética se entrelazan. Su asociación con Wolfe se gestó en encuentros en SXSW y durante la exposición “From Green to Red” en el Barbican, donde Wolfe exploró los cambios climáticos a través del arte. Ese espíritu está presente en la música: lo emocional y lo ambiental no son opuestos, sino vectores del mismo proceso creativo. Conclusión: experiencia auditiva como cartografía de lo humano Luminal / Lateral es una obra que resiste las formas tradicionales de escucha. Es una música para permanecer, no para consumir. En un momento donde lo efímero domina el campo sonoro, Eno y Wolfe invitan a la profundidad. Para los oyentes que han seguido la evolución del ambient, del art-pop y de la música conceptual, estos discos representan no un punto de llegada, sino un continuo: otra bifurcación en el extenso y siempre personal mapa sonoro de Brian Eno. Aquí, la emoción se convierte en espacio, y el espacio, en música. Como siempre con Eno, se trata menos de lo que suena y más de cómo escuchamos.

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Birthing, el nuevo disco de Swans: Un viaje introspectivo

Birthing se gestó durante una gira de un año entre 2023 y 2024, donde las composiciones evolucionaron a través de la improvisación y la interacción en vivo. Michael Gira, líder de la banda, inició el proceso componiendo con guitarra acústica en su estudio, desarrollando las ideas que luego se transformaron en las piezas finales. El álbum consta de 7 pistas que suman alrededor de 2 horas, ofreciendo una experiencia inmersiva que oscila entre la intensidad y la contemplación. Análisis de las pistas destacadas Producción y colaboradores Michael Gira produjo el álbum, grabado en Soundfabrik Berlin y mezclado en Candy Bomber Studio por Ingo Krauss. La masterización estuvo a cargo de Doug Henderson en Micro-Moose, Berlín. El elenco de músicos incluye a miembros habituales como Phil Puleo, Kristof Hahn, Dana Schechter, Christopher Pravdica, Larry Mullins y Norman Westberg. Además, colaboraron artistas invitados como Jennifer Gira, Laura Carbone, Lucy Kruger, Andreas Dormann y Timothy Wyskida. Ediciones especiales y contenido adicional Las primeras ediciones en triple vinilo y doble CD incluyen un DVD con el concierto Swans Live 2024 (Rope) The Beggar, dirigido por Marco Porsia, y el documental I Wonder If I’m Singing What You’re Thinking Me To Sing, que sigue la gira en solitario de Gira en 2022. Recepción y legado Birthing ha sido recibido con entusiasmo por la crítica y los seguidores, considerándolo una de las obras más destacadas de Swans en años recientes. La combinación de intensidad sonora y exploración emocional ha resonado profundamente con la audiencia. Futuro de Swans Michael Gira ha anunciado que Birthing será el último álbum de Swans con su enfoque actual de “mundos sonoros absorbentes”. Después de una gira final en este estilo a finales de 2025, la banda continuará con una forma significativamente más reducida. Gira de otoño 2025 Swans ha confirmado una gira por UK y Europa. Birthing se erige como un testimonio del compromiso inquebrantable de Swans con la exploración sonora y la expresión artística, marcando el cierre de un capítulo significativo en su evolución musical.

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Stereolab – Instant Holograms on Metal Film: Radiografías del futuro a través del pop retrofuturista

Veintitantos años después de haber definido una estética que parecía pertenecer al futuro y al pasado al mismo tiempo, Stereolab regresa con Instant Holograms on Metal Film, un álbum que revalida su papel como alquimistas del pop conceptual. Lejos de ser un simple regreso nostálgico, el disco expande su paleta sonora con una claridad casi holográfica, como si los sonidos vinieran impresos sobre el mismo material reflectante del título: pulidos, brillantes, en capas, pero con un mensaje que atraviesa el tiempo. Filosofía retrofuturista en alta resolución Desde los primeros segundos del corte de apertura, “Anti-Gravitational Days”, queda claro que Stereolab no ha perdido la capacidad de componer desde una lógica propia, una que conecta el krautrock motorik con loops electrónicos al estilo Broadcast, sintetizadores analógicos burbujeantes, y la voz suave de Lætitia Sadier operando como guía filosófica más que como vocalista. En este disco, Stereolab suena menos vintage y más transdimensional. La textura analógica sigue ahí, pero ahora pareciera que han absorbido las lecciones de las generaciones que ellos mismos influenciaron: desde el post-rock glitch de Tortoise hasta el art-pop de Cate Le Bon, pasando por la psicodelia sintética de Melody’s Echo Chamber. Corte y montaje: estructura en collage Instant Holograms… no es un álbum que funcione en línea recta. Su estructura recuerda a un montaje cinemático. Temas como “Le Son Géométrique” y “Eternal Scanning Apparatus” se fragmentan, se recomponen, mutan sobre sí mismos, como si Stereolab hubiera tomado ideas del cubismo sonoro y del collage dadaísta, un recurso que ya venían trabajando desde Dots and Loops (1997), pero que aquí se siente más refinado. Los arreglos de cuerdas digitales conviven con percusiones sintéticas minimalistas, guitarras limpias con delays al estilo bossa nova de ciencia ficción y textos hablados en francés e inglés que alternan entre lo poético y lo político. Utopía crítica: pensamiento dentro del pop Como ha sido su marca durante décadas, Stereolab no se limita a hacer música “bonita”; su pop es una plataforma de reflexión. “All holograms are real in the eye of the system”, recita Sadier en “Ontology Loops”, una pieza que desentraña la idea de la imagen simulada como herramienta de poder. Hay aquí una crítica a la era digital sin caer en sermones, sino tejiendo conceptos filosóficos dentro de melodías dulces. En lugar de denunciar desde lo explícito, Stereolab sugiere, pregunta, insinúa. El título del álbum es revelador: Instant Holograms on Metal Film es una imagen ambigua, pero poderosa, que podría aludir a la forma en que nuestras realidades se proyectan y se registran—una crítica sutil a los dispositivos de la memoria contemporánea y al archivo como forma de control. Relevancia en 2025: más actuales que nunca Stereolab ha sido constantemente redescubierto por nuevas generaciones. Su reactivación a mediados de la década de 2010, impulsada por reediciones y festivales, se ha transformado en una nueva etapa creativa que evita el cliché del “revival”. Este nuevo álbum no solo revitaliza su legado: lo reactualiza. Mientras bandas nuevas copian su estilo superficialmente, Stereolab demuestra por qué su música sigue siendo radical: porque nunca fue sobre la estética, sino sobre el pensamiento. Conclusión: un manifiesto sónico Instant Holograms on Metal Film es, en el mejor de los sentidos, un disco difícil de etiquetar. Es pop intelectual, electrónica orgánica, krautrock meditativo, arte conceptual disfrazado de canción. Como toda obra importante, no busca complacer de inmediato: exige escucha, reflexión y tiempo. Y en ese proceso, Stereolab vuelve a hacer lo que siempre ha hecho: expandir los límites del pop como forma de pensamiento.

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