Boards of Canada regresó del silencio: Inferno ya está aquí

Tuvieron que pasar 13 años para volver a escuchar un nuevo álbum de Boards of Canada. Trece años de silencio, teorías, mensajes ocultos, transmisiones extrañas y una obsesión colectiva que nunca desapareció realmente. Ahora, finalmente, Inferno ya está disponible y el regreso del dúo escocés se siente como uno de los acontecimientos musicales más importantes de la década para la electrónica experimental. Michael Sandison y Marcus Eoin nunca funcionaron como una banda convencional. Mientras otros artistas alimentan constantemente las redes sociales y la sobreexposición digital, Boards of Canada construyó su leyenda desde la ausencia. Cada aparición pública, cada teaser y cada fragmento de audio terminaba convirtiéndose en un evento arqueológico para sus seguidores. Con ellos, internet dejó de sentirse como promoción y comenzó a parecer una investigación conspirativa. La campaña de Inferno fue exactamente eso: VHS enviados misteriosamente a fans, carteles crípticos apareciendo en distintas ciudades del mundo, códigos, símbolos hexagonales y una nueva pieza titulada “Tape 05”, el primer material original del proyecto en más de una década. Todo ocurrió lentamente, como si Boards of Canada quisiera recordarnos que todavía existen artistas capaces de generar expectativa sin depender de la inmediatez. El nuevo álbum aparece después de Tomorrow’s Harvest (2013), un disco que transformó la ansiedad del fin del mundo en música ambiental y que terminó convirtiéndose en uno de los trabajos más importantes de la electrónica contemporánea. Inferno retoma parte de esa oscuridad, pero la lleva todavía más lejos: aquí hay referencias religiosas, señales cósmicas, voces deformadas, paranoia tecnológica y paisajes sonoros que parecen surgir de una civilización olvidada. Desde los primeros minutos, el disco vuelve a demostrar algo que pocas bandas consiguen: nadie suena realmente como Boards of Canada. Sus sintetizadores siguen sintiéndose viejos y futuristas al mismo tiempo. La percusión parece grabada desde una cinta dañada encontrada décadas después. Todo transmite una nostalgia difícil de explicar, una sensación extraña de recordar algo que probablemente nunca vivimos. Canciones como “Prophecy At 1420 MHz”, “Father and Son”, “Deep Time” y “Acts of Magic” expanden la estética melancólica y espectral que el dúo perfeccionó desde Music Has the Right to Children y Geogaddi. Pero también hay algo distinto aquí: Inferno se siente más grande, más cinematográfico y más obsesionado con ideas relacionadas al tiempo, la espiritualidad y la desaparición de la realidad física. Como siempre sucede con Boards of Canada, el álbum ya provocó reacciones intensas entre fans y medios. Algunos lo consideran una obra maestra inmediata; otros creen que el disco sacrifica parte de la calidez emocional de sus trabajos clásicos. Pero incluso las críticas más divididas coinciden en algo: el dúo sigue siendo completamente irrepetible. Parte de la magia de Boards of Canada radica justamente ahí. Nunca fueron una banda diseñada para el consumo rápido. Sus discos funcionan como lugares: espacios densos, inquietantes y profundamente emocionales a los que uno vuelve durante años. Inferno parece construido bajo esa misma lógica. No busca impactar instantáneamente; busca quedarse flotando en la cabeza como un recuerdo incompleto. El lanzamiento también confirmó algo que parecía imposible en plena era del algoritmo: todavía existen proyectos capaces de detener internet entero únicamente con misterio, imaginación y música. Durante semanas, comunidades enteras en Reddit, foros especializados y redes sociales analizaron cada pista relacionada con el regreso del dúo, convirtiendo el estreno en una experiencia colectiva casi ritual. Con Inferno, Boards of Canada no solo regresa después de trece años. Regresa para recordarnos que la electrónica también puede sentirse fantasmal, humana y profundamente emocional. Y quizá eso sea lo más impresionante: después de todo este tiempo, siguen sonando como una transmisión proveniente de otro lugar y otro tiempo.

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