Depósitio Sonoro

Prurient

Ruido como lenguaje: 20 artistas esenciales del Noise contemporáneo

El ruido no es el fin de la música, sino su posibilidad más extrema. Después de Merzbow, el mundo sonoro se expandió en múltiples direcciones: del harsh noise físico al drone hipnótico, del power electronics industrial a los experimentos digitales que hoy desfiguran la noción misma de composición. Esta es una selección de 20 artistas esenciales del Noise contemporáneo, donde el caos se vuelve lenguaje, el sonido se convierte en cuerpo, y el exceso revela su forma más pura. 1. Merzbow (Japón) El punto de origen. Con cientos de grabaciones, Masami Akita definió la estética del harsh noise: sin ritmo, sin melodía, pero con una energía que transforma el ruido en experiencia espiritual. Discos como Pulse Demon o 1930 son pilares del género. 2. Masonna (Japón) Yamazaki Maso llevó el ruido al límite de lo performático. Cada presentación es una detonación de energía física; cada grabación, un estallido de electricidad pura. Spectrum Ripper es una referencia ineludible. 3. Keiji Haino (Japón) Improvisador absoluto. Su trabajo combina drone, noise rock y espiritualidad. En obras como Watashi Dake?, la distorsión se convierte en una forma de oración. 4. Whitehouse (Reino Unido) Fundadores del power electronics. William Bennett creó una música de confrontación total, más cercana al manifiesto que a la canción. Birthdeath Experience (1980) marcó una era. 5. Nurse With Wound (Reino Unido) Steven Stapleton, el gran surrealista del ruido. Collages sonoros, absurdos y sueños eléctricos confluyen en una obra que desafía toda clasificación. Soliloquy for Lilith sigue siendo una de sus joyas más hipnóticas. 6. SPK (Australia) Industrial, ritual y mecánico. SPK representó el lado clínico del ruido en los ochenta, explorando el trauma, la locura y el poder a través de máquinas y voces deformadas. 7. Prurient (EE.UU.) Dominick Fernow reinventó el Noise como confesión íntima. En Frozen Niagara Falls o Through the Window, mezcla electrónica, ambient y brutalidad emocional. 8. Wolf Eyes (EE.UU.) La anarquía organizada. Desde Detroit, el trío formó una escena donde el noise se funde con el free jazz y la improvisación. Un laboratorio sonoro constante. 9. Pharmakon (EE.UU.) Margaret Chardiet convierte el ruido en un acto físico. En sus álbumes (Contact, Bestial Burden), el cuerpo es territorio y el sonido, arma. Feminismo, catarsis y poder puro. 10. Puce Mary (Dinamarca) Frederikke Hoffmeier explora los límites de la intimidad y la violencia. En The Drought o Persona, combina texturas industriales con una atmósfera emocional contenida. 11. The Rita (Canadá) Sam McKinlay es el arquitecto del harsh noise wall. Su sonido es estático, inmenso y físico: una muralla de frecuencias que exige sumisión y contemplación. 12. Vomir (Francia) El nihilismo hecho sonido. Romain Perrot propone el ruido como negación absoluta. Sin ritmo ni evolución, su obra es una experiencia de disolución. 13. Aaron Dilloway (EE.UU.) Exintegrante de Wolf Eyes, Dilloway mezcla loops de cinta, respiraciones y texturas analógicas. The Gag File es una exploración sensorial que convierte lo cotidiano en inquietud. 14. Pan Sonic (Finlandia) El minimalismo abrasivo de Mika Vainio e Ilpo Väisänen redefinió la frontera entre electrónica y ruido. En discos como Kesto o Kulma, el pulso se vuelve materia cruda. 15. KK Null (Japón) Matemático del sonido, su fusión de noise, metal y techno anticipó la era digital extrema. En Infernal Proteus, lleva el ruido hacia una dimensión rítmica. 16. Black Leather Jesus (EE.UU.) Colectivo liderado por Richard Ramirez, asociado a la comunidad queer del noise. Intensidad, repetición y estética sexual confluyen en un sonido opresivo y ritual. 17. Merzbow & Balázs Pándi (Japón / Hungría) Dúo que combina la batería libre con la saturación digital. Una reinterpretación contemporánea del noise como improvisación viva. 18. NON / Boyd Rice (EE.UU.) Figura polémica pero esencial para entender la provocación conceptual del noise. En Total War, el sonido es un arma ideológica y estética. 19. Crowhurst (EE.UU.) El proyecto de Jay Gambit disuelve fronteras entre noise, metal y ambient. I y III son ejemplos de su sonido cinematográfico y corrosivo. 20. Deathpile (EE.UU.) Uno de los proyectos más extremos del power electronics. Su álbum GR (basado en los crímenes de Gary Ridgway) llevó la narrativa del horror al terreno del sonido absoluto.

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Dominick Fernow y su voracidad techno, noise, industrial detrás de Vatican Shadow y Prurient

Pareciera como si hubiera surgido de todo eso que asecha a una escena subterránea velada en secretos, pecados y delitos. Dominick Fernow crea pasajes siniestros fuera del mundo real e inspirado en las guerras del medio oriente como Muslimgauze lo solía hacer, todo desde su base interna de operaciones ya sea como Vatican Shadow, Prurient y demás proyectos de tintes techno/drone/noise/industriales. Ha liberado numerosos casettes que datan de finales de los 90 bajo su alias Prurient hasta que finalmente desarrolló un sonido de culto bajo las sombras del vaticano en 2011. Cada versión deja al descubierto una fotografía o pasaje militar y un título de alguna emisión extremadamente rara, maneja todo un concepto abstracto. La música de Fernow cuenta con la etiqueta de Blackest Ever Black, Hospital Productions y Modern Love. Por supuesto, no es un archivo mucho más profundo de las liberaciones en virtud de sus muchos otros aliases. El acto en vivo que presentará está cargado de explosiones espirituales, atmósferas negras y como su sello lo ha venido marcando: una conceptualización de la guerra en donde las únicas ruinas serán las que dejen bailando cada uno de los asistentes. Vatican Shadow es hostil y oscuro, está hecho de patrones repetitivos, su disco de 2013: Remember Your Black Day es la clara prueba absoluta. Distorsiones, percusiones y darksynths perfectamente equilibrados a través de las paredes cerebrales que habitan en Fernow. Su música es turbia y difícil, golpea fuerte y no deja lugar a respiro, es una extrema composición que redefine ritmos industriales, irregulares, atemporales, adormilados y que van por igual pintando un nuevo laberinto para mostrarnos un panorama infernal. Sus álbumes son muy directos y de gran propulsión, siguen la línea de un cambio evolutivo visible a una conexión funcional afinada al sentir inhumano, al apocalipsis. Es la mejor apuesta para una experiencia sombría, como si nos sumergiéramos en las profundidades de los abismos más para descubrir a nuestros peores fantasmas.

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