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Clay, el nuevo disco de Matthew Herbert & Momoko Gill: Una obra maestra de introspección rítmica

El último disco colaborativo del visionario británico Matthew Herbert junto a la polifacética Momoko Gill, Clay, llega a nuestras manos el 27 de junio de 2025 a través de Strut Records. Se trata de once composiciones que fusionan la estética electrónica y experimental de Herbert con el pulso orgánico de los tambores y la voz emotiva de Gill, dando como resultado una experiencia sonora tan íntima como expansiva Un paseo por las 11 piezas Técnica y proceso creativo Herbert, conocido por su uso de objetos de la vida cotidiana como instrumentos, incorpora desde kotos japoneses hasta sonidos de balones de baloncesto, integrándolos en un universo orgánico que parece respirar. Por su parte, Gill no es una invitada pasajera: batería, voz, composición y una sensibilidad jazz-folk que dialoga constantemente con Herber. El álbum fue desarrollado durante un año, primero a distancia, luego en sesiones cara a cara que consolidaron la química creativa del dúo. Recepción crítica & comunidad ¿Por qué Clay resuena? Conclusión Clay es mucho más que un disco electrónico o un experimento rítmico: es un diálogo íntimo entre dos artistas libres, que hablan desde las entrañas del sonido. Es contemporáneo, sincero, delicado y subrepticiamente poderoso. Un álbum para escuchar en auriculares al caer la tarde, o en club al despuntar el alba: una obra que reconcilia lo bailable con lo meditativo.

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Entrevista a Brisa Vázquez, cofundadora de Tutti Frutti

En una charla abierta y llena de energía, Brisa Vázquez —cofundadora de Tutti Frutti, proyecto que une música latinoamericana — y actual baterista de Los Ezquisitos, comparte con Depósito Sonoro su visión sobre este lugar que tuvo sus puertas abiertas del año 1985 a 1992. La entrevista, conducida por Iván Luna Luna, explora la historia de este lugar. Su paso por Tutti Frutti —plataforma que surgió con la intención de celebrar la diversidad sonora latinoamericana— le mostró el valor de generar comunidad desde el latido musical, una lección vital para su carrera. Existen antros que marcan la vida nocturna de una ciudad. En la de México existió un pequeño bar entre los 80 y los 90 donde se armaba el aquelarre los fines de semana: el Tutti Frutti. Hoy los documentalistas Laura “Loretta” Ponte y Alex Albert buscan producir un documental con Danny Yerna y Brisa Vázquez, los artífices del también llamado “templo del underground”.    En ese tembloroso año de 1985, cuando la ciudad bailó, quienes la atravesábamos hasta el extremo norte para llegar al Tutti en realidad formábamos lo que hoy se llama una “comunidad musical”. Porque los asistentes al Tutti Frutti íbamos esencialmente a escuchar y a bailar la música que sólo sonaba entre las tornamesas de Danny y su colección de vinilos. Esa colección traída desde Bélgica y engrosada con los años ya era considerada patrimonio del under: garage, punk, new wave, psycho, glam, hardcore, cold wave, straight edge, dark, techno, cyber, rockabilly, gothic, grunge, noise… Por supuesto, caía pura fauna fina de las faldas urbanas, era un enclave de tribus subterráneas, la gente que vivía bajo el asfalto y que se enteraba del Tutti por un pitazo, por uno de sus míticos flyers, o porque algún amigo lo había iniciado. No cualquiera llegaba a la bodega del restaurante Apache 14 en Avenida Politécnico Nacional, un antro sin nombre exterior porque nunca hubo un letrero que indicara su existencia o ubicación. Llegabas por instrumentos, entrabas por la puerta de atrás y subías unas escaleras: de pronto la música te pateaba hacia un rincón psicodélico con una barra ilegal, una pista-escenario diminuta, la cabina de sonido y la cabina de tatuajes donde el Piraña tatuaba ocasionalmente. Esa barra era atendida por Brisa, que despachaba las Victorias y las bebidas con mano dura, golpeadora, la mano que hoy tunde la batería de Los Esquizitos.

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Jesse Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista

Jesse Beaman —músico, compositor y productor— ha colaborado con figuras de peso como Sam Fogarino y Brandon Curtis (Interpol), Joe Berry (M83) y Hoshiko Yamane (Tangerine Dream). Durante la década pasada giró por más de 25 países bajo el nombre My Empty Phantom, compartiendo escenario con proyectos como Silver Mt. Zion, Julianna Barwick, Cocorosie y This Will Destroy You . En 2021 lanzó Mira, su primer álbum bajo su propio nombre, producido por Brandon Curtis. El resultado es un trabajo cuidadosamente construido, con loops, sintetizadores y piano minimalista que crecen de forma pausada, revelando texturas y atmósferas sutiles. Este 2025, Beaman presenta una nueva fase sonora: una propuesta electroacústica íntima y minimalista. El álbum se gestó durante 2023 mientrascompuso en las montañas cerca de Ciudad de México. Antes de lanzarlo, lo puso a prueba en vivo para sus presentaciones a inicios año realizadas en México, Chile, Argentina y Brasil, afinando dinámicas y estructuras con base en la respuesta del público. Recientemente ha lanzado el primer sencillo de este material de larga duración bajo el nombre de “What Was There Now Is Not”, anunciando que el estreno del álbum completo será el próximo 11 de Julio y que estará exclusivamente en distribución por medio de Bandcamp y Youtube. En cuanto a presentaciones en vivo a futuro, este verano 2025 abrirá para This Will Destroy You en EE.UU. y Canadá, destacando lugares como The Chapel (San Francisco), Meow Wolf (Denver) y Lincoln Hall (Chicago). Además, en 2026 se anuncia una gira junto a Tangerine Dream. Con este giro, Jesse fusiona su experiencia DIY, trabajo con loopers y sensibilidad minimal en una nueva firma musical: más personal, directa y cargada de atmósfera, sin renunciar a su énfasis en la exploración sonora y la cercanía con el público.

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BRUIT ≤: Arquitectura sonora desde Toulouse al corazón del post-rock contemporáneo

BRUIT ≤ emerge como un proyecto que trasciende géneros, etiquetas y fórmulas. Esta banda francesa, oriunda de Toulouse, ha logrado trazar un camino tan audaz como refinado dentro del post-rock, el neoclásico y la experimentación electroacústica, convirtiéndose en una de las propuestas más emocionalmente resonantes y conceptualmente comprometidas de la última década. Un origen sin concesiones Formado por violinistas, cellistas y músicos con formación académica, BRUIT ≤ (que se pronuncia brü-ē) nace como un proyecto instrumental, sin vocales, pero cargado de discurso. Su nombre, que en francés significa “ruido”, está acompañado del signo “menor o igual que”, una declaración visual de su posición crítica frente al estado actual de la música industrializada: menos ruido, más sustancia. En sus propias palabras, BRUIT ≤ busca hacer “una música que no grite más fuerte, sino que diga más”. Estética sonora: entre la sinfonía y el colapso La música de BRUIT ≤ se sitúa en un delicado equilibrio entre lo orquestal y lo distorsionado. Las composiciones son extensas, densas, estructuradas como movimientos sinfónicos que evolucionan con una intensidad cinematográfica. Su uso del violín, cello, guitarras procesadas, sintetizadores modulares y grabaciones de campo construyen paisajes sonoros que van desde la melancolía pastoral hasta la furia tectónica. Influencias como Godspeed You! Black Emperor, Mogwai, Stars of the Lid, Steve Reich o Arvo Pärt se filtran sutilmente en su paleta, pero BRUIT ≤ ha sabido forjar un lenguaje propio: no hay gratuidad en su grandilocuencia, ni post-rock para playlist. Discografía esencial Monolith (EP, 2018) Debut breve pero poderoso. Un manifiesto sonoro con capas que revelan una urgencia emocional y precisión compositiva. Aquí se delinean los cimientos de lo que vendría después. The Machine is burning and now everyone knows it could happen again (2021) Su primer LP, ampliamente elogiado por la crítica, es una obra conceptual sobre el colapso de los sistemas modernos y la necesidad de retornar a lo esencial. Cada track es una meditación sobre la decadencia estructural, la ecología, el tiempo y la esperanza, todo envuelto en un dramatismo cuidadosamente contenido. Con piezas como “Industry”, “Renaissance” o “The Machine Is Burning”, BRUIT ≤ logra lo que pocos en el género: hacer política sin palabras, solo con sonido. A Floating World (2023) Una evolución hacia lo más etéreo y espiritual. Este disco, que juega con el concepto japonés de ukiyo, transita por atmósferas más introspectivas sin perder la fuerza narrativa. Aquí se exploran la impermanencia, la memoria y la belleza de lo efímero, en una suerte de post-rock zen. Una banda con pensamiento Más allá de su virtuosismo técnico o su estética envolvente, BRUIT ≤ representa una resistencia ética y estética dentro de la música instrumental. Rechazan activamente el algoritmo, el click fácil, el contenido masticado. En sus presentaciones, se oponen a la mercantilización de la experiencia artística y abogan por el arte como acto transformador. Ellos no hacen música de fondo. Su música exige escucha. Y recompensa con sentido.

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Karate – First Time, reencuentro en tiempo suspendido

En un gesto tan inesperado como necesario, Karate, la banda de culto originaria de Boston que fusionó el post-rock, el slowcore, el jazz y el emocore de los 90, regresa con First Time, su primer material inédito en más de 20 años. Este álbum no sólo significa una reactivación creativa para el grupo, sino también una revisión de su lenguaje sonoro bajo una nueva luz: madura, serena y profundamente articulada. Una primera vez que viene después de todo El título First Time puede parecer paradójico para una banda con un legado tan definido, pero en realidad es certero. Este álbum no suena como un intento de replicar el pasado. Más bien, Karate entra al estudio con la sensibilidad de quienes han crecido, que han vivido lejos del escenario, y que aún conservan la capacidad de dialogar con la música como si fuera la primera vez. Los rasgos clásicos del grupo están ahí: Pero aquí todo respira de forma distinta. Menos urgencia, más escucha. Menos distorsión, más espacio. Sonoridad: jazz de cámara con nervio indie Desde el primer track, “Even Now”, se establece un tono íntimo, casi contemplativo. La guitarra se desliza como una pluma sobre el papel, mientras la voz de Farina aparece como un pensamiento apenas pronunciado. Le siguen piezas como “First Time” y “Shards”, que abrazan la estructura narrativa del jazz modal sin abandonar el espíritu de canción. La influencia de artistas como Talk Talk, Codeine o incluso el Bill Evans más atmosférico se hace sentir, pero sin resultar derivativa. Es un sonido contenido, elegante, como si cada nota estuviera puesta con una precisión casi arquitectónica. Las letras, como siempre, evocan escenas cotidianas llenas de significados personales, paisajes urbanos, relaciones en tránsito, silencios que dicen más que los diálogos. Una madurez sin alarde Lo más notable de First Time es su madurez desprovista de cinismo. No hay intención de competir con el pasado, ni con la actualidad. Tampoco hay rastros de nostalgia barata. Karate suena como una banda que ha aprendido el valor del silencio, del matiz, del gesto pequeño que lo transforma todo. Cada canción parece un ensayo sobre cómo envejecer artísticamente sin perder la curiosidad. ¿Para quién es este disco? Conclusión First Time no es un regreso triunfal, porque no busca serlo. Es más bien un reencuentro paciente y sincero con la música, con el lenguaje que Karate siempre cultivó en los márgenes de la industria y que ahora vuelve a florecer en tiempos donde la atención es un lujo. Como todo lo que hace Karate, este disco no grita. Pero si lo escuchas con calma, susurra cosas que pocos discos dicen hoy en día.

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Mira el documental sobre Ryuichi Sakamoto: Coda (2017)

Ryuichi Sakamoto: Coda no es solo un documental sobre un músico. Es un retrato íntimo, casi susurrado, de un hombre que pasó su vida traduciéndose al mundo en notas, frecuencias y silencios. Dirigido por Stephen Nomura Schible, Coda nos muestra a un Sakamoto en los bordes: entre la vida y la muerte, entre la creación y el silencio, entre el ruido del mundo y la música del alma. El documental inicia con una premisa ineludible: Sakamoto ha sido diagnosticado con cáncer de garganta. Y sin embargo, lo vemos caminar por bosques nevados, colocar micrófonos en ríos congelados, acariciar el teclado de un piano como si cada nota pudiera curar algo. Lo vemos vivir. Crear. Buscar. LINK HD VOSE: https://ok.ru/video/6187430972117 Dirección: Stephen Nomura Schible- Género:| Documental sobre música. Biográfico Coproducción: Japón-Estados Unidos Una vida hecha música Desde su paso por Yellow Magic Orchestra —pioneros absolutos del electro pop japonés— hasta sus composiciones para cine como Merry Christmas Mr. Lawrence o The Revenant, Ryuichi Sakamoto siempre trabajó desde la fisura entre lo humano y lo artificial. Coda nos recuerda que su música no solo es tecnológicamente innovadora, sino profundamente espiritual. Suena al mundo. A un planeta herido y al mismo tiempo vivo, que respira en cada grabación de campo que colecciona con devoción. El documental tiene un ritmo contemplativo, casi zen. No busca respuestas, sino reflejos. Sakamoto habla poco, pero lo que dice pesa. Reflexiona sobre la muerte, la ecología, la memoria sonora. Sus silencios son también música. La fragilidad como motor creativo Uno de los momentos más conmovedores es verlo construir una pieza a partir de un viejo piano semi-destruido por el tsunami de Fukushima. No busca restaurarlo: quiere capturar su dolor. Cada tecla suena quebrada, irregular, como una herida abierta. Para Sakamoto, esa es precisamente la belleza. Coda está lleno de estos gestos: humanos, frágiles, rotos y al mismo tiempo luminosos. La enfermedad no paraliza su impulso creativo. Lo profundiza. Lo despoja. El proceso de composición se convierte en una meditación sobre el cuerpo, el tiempo, la memoria. Cada sonido parece ser elegido con la conciencia de que podría ser el último. Un testamento sutil Más que un recuento de logros, Coda es un testamento ético y estético. Sakamoto no quiere dejar una obra grandilocuente, quiere dejar una huella auténtica. Sus notas buscan armonizar con el mundo, no dominarlo. Nos enseña que la música no tiene que gritar para ser revolucionaria. Cuando lo vemos grabar sonidos de lluvia, de viento entre los árboles o de un piano desafinado, entendemos que para él, la música no está en la partitura: está en el estar presente. En el abrir los oídos. En escuchar lo que otros pasan por alto. Epílogo Coda no es un final, aunque su título lo sugiera. Es una continuación serena, una reverencia ante la vida, ante la naturaleza, ante el poder del arte como refugio y resistencia. Quien vea este documental no solo aprenderá sobre la obra de Ryuichi Sakamoto. Aprenderá a escuchar mejor. A vivir más lento. A entender que entre una nota y otra, también hay belleza.

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Entrevista con Jairo Guerrero sobre Sexto Sentido, su nuevo disco y propuesta transmedia

Jairo Guerrero tenía la idea de una percepción más allá de los sentidos tradicionales, de una sensibilidad expandida, que dialogara muy bien con lo que buscaba musicalmente. Quería que quien se encontrara con su proyecto empezara a atar cabos, a reconocer elementos que dialogan entre sí, y en ese proceso, activara su propio “sexto sentido”. Porque al final, los sentidos son eso: sonido, imagen, intuición. Inspirado en el cuento homónimo del poeta mexicano Amado Nervo. Es una obra que fusiona música electrónica con piano clásico y que se presenta de manera expansiva en varios formatos: como álbum, como cuento descargable en PDF y como experiencia visual que acompaña cada track en Spotify. Toda la propuesta está reunida en el sitio: www.misextosentido.net. Platicamos con él para conocer más detalles sobre su nueva obra. 1. Sexto Sentido, tu más reciente trabajo, está inspirado en un cuento de Amado Nervo. ¿Qué elementos de este relato te llevaron a traducirlo en una experiencia musical? ¿Qué resonó en ti de ese texto? Una de las cosas que más me resonó del cuento fue el universo paralelo que plantea a partir de las visiones del protagonista. Hay una atmósfera distópica que conecta de inmediato con lo que yo quería construir: un disco de música electrónica para un presente distópico, con tintes de ciencia ficción. Me sorprendió encontrar un relato así de Amado Nervo. Uno suele asociarlo con la poesía romántica, pero aquí aparece como un precursor de la narrativa de ciencia ficción en México, desde principios del siglo XX. Has desarrollado Sexto Sentido como una propuesta transmedia: disco, cuento en PDF y visuales para cada pista. ¿Qué buscabas lograr con esta expansión del formato tradicional de álbum? No me interesaba hacer un disco tradicional. Sexto Sentido pedía algo más. No solo por su vínculo con un cuento literario, sino por la necesidad de generar una experiencia completa. La expansión no está solamente en los distintos formatos —el álbum, el texto, los visuales— sino en la manera en que la obra se recibe. Cuando una obra es expansiva, no significa que se presenta en muchas plataformas; significa que tiene la capacidad de desplegarse dentro de quien la escucha, de abrir conexiones, de activar sentidos. Y parte fundamental de esa expansión fue conectar directamente la música con la palabra. Por eso incluí además el cuento original de Amado Nervo en un PDF interactivo, donde fragmentos de la lectura están vinculados con las canciones del disco en Spotify. Era una manera de que el texto y el sonido se tocaran como dimensiones distintas de una misma experiencia. ¿Cómo es tu proceso de composición cuando el punto de partida es un texto literario? ¿El sonido aparece primero o dejas que la palabra dicte el ritmo? La palabra siempre dicta el ritmo. Pero antes de llegar al sonido, me sumerjo en lo que sugiere más que en lo que dice. No se trata de ponerle música a un poema, sino de dejar que el lenguaje active una arquitectura sonora. A veces el texto detona un estado emocional, a veces una secuencia armónica, a veces una imagen acústica más abstracta. Es un diálogo vivo. La literatura, sobre todo en ciertos relatos, tiene una dimensión muy audiovisual. Y cuando me enfrento a un texto como El Sexto Sentido de Amado Nervo, más allá del relato, lo que veo es una suerte de guion. En ese sentido, lo que construyo no es una serie de canciones, sino una banda sonora. La fusión de electrónica con piano clásico no es tan común. ¿Qué representa para ti el piano dentro de este nuevo disco y qué lugar ocupa en la narrativa sonora de la obra? El disco tiene dos protagonistas, igual que el cuento: el personaje que vive en tiempo presente y el presente mismo, que cambia y se distorsiona a medida que se activan sus visiones. En la música, esa dualidad está representada por el piano y la electrónica. El piano es el cuerpo, lo orgánico, lo humano. Representa al personaje que intenta adaptarse a esa nueva percepción que lo rebasa. La electrónica, en cambio, es el entorno alterado, ese presente distorsionado donde los sentidos se expanden y todo empieza a mutar. El diálogo entre ambos, más allá de buscar un equilibrio, propone una adaptación de un mundo al otro. Finalmente, como bien plantea la pregunta, esta fusión no es tan común, como tampoco lo es una persona con visiones del futuro tratando de habitar un presente que comienza a volverse distópico. Tu experiencia como miembro de la Academia Latina de la Grabación te sitúa en una posición singular. ¿Cómo percibes la apertura —o resistencia— de la industria latinoamericana hacia propuestas experimentales como la tuya? La industria sigue teniendo una deuda con la experimentación. Hay espacios, pero son pocos, y muchas veces son más tolerados que realmente valorados. La categoría de electrónica dentro de los premios todavía se asocia principalmente a la pista de baile, no al arte sonoro ni a la exploración conceptual. Y aunque eso sigue siendo una limitación, también representa una oportunidad: obliga a más artistas a pensar en obras completas, en piezas conceptuales que vayan más allá del single, que sigue siendo el formato dominante en la música electrónica. En ese sentido, el artista que construye narrativas en lugar de solo canciones abre posibilidades desde otro enfoque. Por ejemplo, categorías como Álbum Instrumental en los Latin Grammy permiten que proyectos como Sexto Sentido sean considerados y recibidos, pero solo cuando se presentan con una estructura clara y una historia detrás. Es en ese contexto donde esta música —aunque electrónica— empieza a ser entendida desde otro lugar. En un entorno digital saturado de estímulos, ¿cómo dialoga una obra como Sexto Sentido, tan introspectiva y poética, con las plataformas de consumo rápido como Spotify o redes sociales? Creo que justamente lo introspectivo, lo poético y lo conceptual —en medio de tanto estímulo digital— es lo que termina siendo ruido. Pero ruido en el mejor sentido: una interrupción. Yo lo veo como una

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the Very First Two Hours Of MTV, el primer programa de mTV EN 1981

El video “The Very First Two Hours Of MTV” es un documento histórico imperdible para todo amante de la música. Emitido por primera vez la madrugada del 1 de agosto de 1981, este fragmento reconstruye el arranque de la cadena que transformó la relación entre el sonido y lo visual. Un lanzamiento tanto cósmico como experimental MTV abrió con una poderosa declaración: imágenes reales del lanzamiento del transbordador Columbia junto al icónico “Ladies and gentlemen, rock and roll”. Apenas segundos después, se escuchó la célebre voz del presentador John Lack y despegó la señal hacia un nuevo universo televisivo. Con un carácter casi artesanal, adaptándose sobre la marcha a los errores técnicos, planos mal cronometrados, y cortes inesperados, queda claro que aquello fue mucho más una apuesta audaz que un proyecto perfectamente calculado . El poder de las imágenes (y los VJs) El primer video fue “Video Killed the Radio Star” de The Buggles, un guiño profético que definía el sentido de aquella nueva televisión musical, seguido por Pat Benatar con “You Better Run”, la primera mujer en aparecer en la ya legendaria pantalla. Un dato curioso: justo después, la transmisión experimentó minutos de silencio absoluto, seguidos de segmentos que se sentían improvisados, como un micro-documental sobre MTV y un bloque de comerciales que incluía desde carpetas escolares hasta adelantos de Superman II. Algunos de los primeros VJs —Alan Hunter, Martha Quinn, J.J. Jackson, Nina Blackwood y Mark Goodman— incluso se presentaron en pantalla, poniéndole rostro y voz a las primeras manchas en esa nueva forma de consumir música visualmente. Género, diversidad e impacto cultural Durante esas dos horas iniciales, predominaban artistas blancos y masculinos: de Rod Stewart a Styx, pasando por The Pretenders. Había presencia femenina, como Pat Benatar, Stevie Nicks y Juice Newton, pero ninguna persona negra, un reflejo del sesgo inicial de la cadena. Curiosamente, este enfoque excluyente cambió pronto: la entrada de estrellas como Michael Jackson y Prince en 1982 resultó decisiva para popularizar el formato y diversificar su catálogo . MTV como rito generacional Estas primeras horas de MTV representan no solo una curiosidad histórica, sino también el inicio de una era en la que la industria de la música se construyó sobre imágenes. Como señala una nota en Mental Floss, MTV equiparó su primer día con la llegada del hombre a la luna: declaraciones grandilocuentes que no eran vanas. Lo más destacable: En conclusión Ver este fragmento es viajar a un momento definitorio en la cultura pop. Es observar el nacimiento de un medio que cambió la forma de ver y escuchar música. Una cápsula del tiempo donde los errores programáticos, la selección musical y los primeros rostros se convierten en monumentos a una revolución visual que definió los años 80… y el resto de la cultura mediática contemporánea. Si te interesa también puedo indagar en playlists, análisis de videos de esa primera tanda o hacer un perfil de alguno de los VJs originales: solo dime.

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