Depósitio Sonoro

DepósitoSonoro

Desde 2018. Contenido musical | Podcasts | Videos y Sesiones | Talleres OnLine Amplificador de ondas musicales. ((()))

Kamasi Washington y su galaxia: quiénes son los músicos que lo acompañan

Hablar de Kamasi Washington es hablar de uno de los músicos más importantes del jazz contemporáneo. Pero también es hablar de una idea mucho más grande: la de la música como comunidad. Desde que irrumpió con The Epic en 2015, el saxofonista de Los Ángeles dejó claro que su propuesta no se trataba solamente de virtuosismo, solos monumentales o ambición espiritual. Lo suyo era —y sigue siendo— crear universos colectivos. Washington ha sido una figura clave para acercar el jazz a nuevas generaciones, mezclando espiritual jazz, funk, soul, hip hop, música clásica, psicodelia y groove angelino en un mismo cuerpo sonoro. No es casualidad que haya orbitado alrededor de nombres como Kendrick Lamar, Thundercat, Flying Lotus o André 3000: Kamasi representa una forma de entender el jazz no como reliquia, sino como lenguaje vivo, político, expansivo y profundamente contemporáneo. Además de su trabajo como solista, es miembro fundador del colectivo West Coast Get Down, una de las células creativas más importantes del jazz de Los Ángeles en el siglo XXI. Y si algo ha quedado claro con discos como Heaven and Earth o Fearless Movement, es que Kamasi no camina solo. Su música se sostiene en una constelación de músicos brutales, muchos de ellos amigos, cómplices y colaboradores de toda la vida. Ellos no están “acompañándolo”: son parte del mensaje. Brandon Coleman — el alquimista de los teclados Uno de los nombres más importantes dentro del universo de Kamasi es Brandon Coleman, tecladista esencial de su sonido. Coleman aporta una mezcla de jazz fusión, P-Funk, G-funk, gospel y psicodelia que convierte cada arreglo en algo elástico y futurista. Si Kamasi representa la dimensión espiritual y expansiva del ensamble, Brandon suele ser el responsable de inyectarle color, viscosidad y electricidad. En vivo, su presencia es fundamental porque no toca como un simple “acompañante armónico”: desordena, abre puertas, muta el paisaje. En Fearless Movement volvió a aparecer entre los colaboradores clave, reafirmando su lugar como uno de los músicos más importantes dentro de este ecosistema. Miles Mosley — el bajo como columna vertebral Miles Mosley no es un bajista cualquiera. Es uno de esos músicos capaces de tocar como si estuviera empujando una montaña. Su sonido, profundo y musculoso, ha sido crucial en la arquitectura del Kamasi más épico: ese que convierte el jazz en una experiencia casi cinematográfica. Mosley combina virtuosismo técnico, peso físico y sensibilidad melódica, y eso lo vuelve indispensable dentro de la estética de Washington. Su bajo no solo sostiene: también narra, dramatiza y eleva. Además, su trabajo solista ha demostrado que es una figura con identidad propia dentro de la escena angelina. Ronald Bruner Jr. — el caos controlado Si alguna vez has escuchado a Kamasi Washington en vivo y te has preguntado por qué la batería parece ir en combustión permanente, mucho de eso tiene que ver con Ronald Bruner Jr.. Hablamos de uno de los bateristas más explosivos, libres y técnicamente salvajes de su generación. Bruner Jr. viene de una escuela donde el jazz no se entiende sin riesgo, empuje físico y una lectura casi telepática del ensamble. Su estilo puede pasar de la sutileza al colapso glorioso en segundos, y esa elasticidad ha sido clave para el dramatismo de la música de Kamasi. Tony Austin — pulso, groove y músculo En el universo de Kamasi también ha sido fundamental Tony Austin, otro baterista clave de su círculo cercano. Si Bruner Jr. representa el fuego desatado, Austin suele encarnar una energía más terrenal, funk y profundamente rítmica. En varias formaciones en vivo, Kamasi ha trabajado con configuraciones donde la batería no solo marca tiempo: empuja la narrativa. Austin ha sido parte de ese poder colectivo que hace que los conciertos del saxofonista se sientan menos como recitales de jazz y más como una ceremonia eléctrica. En reseñas recientes de sus conciertos, su nombre ha sido destacado como una pieza crucial en el engranaje rítmico de la banda. Ryan Porter — el trombón como fuerza espiritual Ryan Porter es otra de las figuras fundamentales dentro del universo Kamasi. Su trombón no está ahí para rellenar espacio: está ahí para ensanchar la emoción. Porter tiene esa capacidad rara de sonar al mismo tiempo elegante, agresivo, cálido y cósmico. Su papel en el ensamble es vital porque ayuda a construir ese sonido de “big band futurista” que distingue a Washington. En vivo, además, suele ser uno de los músicos que mejor entiende el equilibrio entre disciplina y libertad. No sorprende que también haya brillado en reseñas recientes de los shows de Kamasi, donde sus solos han sido descritos como momentos de auténtico vuelo. Patrice Quinn — la voz del espíritu Dentro de la dimensión más soulful y ceremonial de Kamasi, Patrice Quinn ocupa un lugar muy especial. Su voz ha sido una presencia recurrente en el catálogo de Washington y funciona como un puente entre el jazz espiritual, el soul, el góspel y la trascendencia emocional. Cuando Patrice aparece, la música de Kamasi deja de ser únicamente instrumental y se convierte en algo todavía más humano, más táctil, más conmovedor. Su presencia en Fearless Movement y en otras etapas del universo Washington confirma que no es una invitada ocasional, sino una extensión natural de su visión artística. Terrace Martin — el gran puente entre el jazz y el hip hop Pocos nombres explican mejor la importancia cultural de Kamasi Washington que Terrace Martin. Martin no solo es un músico excepcional: es una de las figuras más importantes en el diálogo entre jazz, rap, soul, G-funk y producción contemporánea. Su relación con Kamasi es importante porque ambos encarnan una misma idea: que el jazz no está aislado del presente, sino en conversación constante con la música negra contemporánea. Martin ha sido colaborador clave en el universo creativo de Los Ángeles y su presencia en el nuevo disco de Kamasi refuerza esa continuidad entre sofisticación armónica y calle. Thundercat — el amigo, el mutante, el cómplice Hablar del círculo de Kamasi sin mencionar a Thundercat sería directamente un crimen.

Kamasi Washington y su galaxia: quiénes son los músicos que lo acompañan Leer más »

The Lemon Twigs regresan con Look For Your Mind!, un nuevo álbum entre la paranoia y el pop perfecto

En una época donde casi todo parece correr demasiado rápido, The Lemon Twigs han decidido hacer lo contrario: detenerse a perfeccionar la canción pop como si aún fuera un arte mayor. Y ahora, el dúo neoyorquino formado por los hermanos Brian y Michael D’Addario está listo para abrir un nuevo capítulo con Look For Your Mind!, su sexto álbum de estudio, programado para salir el 8 de mayo a través de Captured Tracks. El anuncio llega acompañado por “I Just Can’t Get Over Losing You”, un primer sencillo que vuelve a confirmar una de las mayores virtudes de la banda: hacer que la nostalgia suene viva, elegante y ligeramente extraña. Porque si algo ha distinguido a The Lemon Twigs desde sus inicios es esa capacidad de tomar la tradición del pop barroco, el soft rock setentero, la melodía beatle y el teatro glam, y convertirlo en algo que no se siente como simple revival, sino como una obsesión cuidadosamente actualizada. El pop luminoso también puede esconder ansiedad Aunque a primera escucha el nuevo material parece moverse dentro de ese universo soleado, melódico y pulcro que The Lemon Twigs ha venido refinando en los últimos años, Look For Your Mind! también parece esconder una tensión más oscura. Según la información compartida con el lanzamiento, el disco carga un trasfondo de paranoia, sospecha y desorientación emocional, una lectura que dialoga perfectamente con el presente y con la manera en que la banda ha aprendido a disfrazar la incomodidad existencial bajo armonías impecables. Brian D’Addario resumió el espíritu del álbum con una frase tan sencilla como certera: hay que aferrarse a la mente propia para no perderla. Y eso es justamente lo que vuelve tan interesante este nuevo anuncio: The Lemon Twigs no parecen interesados en repetir una fórmula complaciente, sino en seguir explorando cómo la canción clásica puede contener fracturas, rareza y una sensibilidad emocional más compleja de lo que aparenta. Una nueva etapa más abierta y colaborativa Otro de los elementos que vuelven atractivo este lanzamiento es que, por primera vez de manera más formal, el universo de estudio de The Lemon Twigs se abre a músicos que ya eran parte esencial de su experiencia en vivo. En Look For Your Mind! participan Reza Matin en la batería y Danny Ayala en el bajo, además de Eva Chambers, integrante de Tchotchke, quien también suma presencia en esta nueva etapa. Este detalle no es menor. Durante buena parte de su trayectoria, los hermanos D’Addario se han distinguido por tener un control casi obsesivo de su obra: escriben, arreglan, producen y ejecutan con una precisión que raya en lo quirúrgico. Abrir ese espacio a otros músicos no necesariamente significa perder identidad; más bien sugiere una evolución natural hacia una versión más expansiva y orgánica de su sonido. Si sus discos anteriores ya habían mostrado una madurez compositiva notable, este nuevo álbum podría representar un momento donde esa disciplina se encuentre con una energía más colectiva, más libre y quizá incluso más impredecible. Después de dos discos clave La noticia de Look For Your Mind! también llega en un momento particularmente importante dentro de la carrera de The Lemon Twigs. Sus dos trabajos previos, Everything Harmony (2023) y A Dream Is All We Know (2024), ayudaron a consolidar a la banda no solo como un proyecto de culto, sino como una de las propuestas más refinadas y consistentes del pop rock contemporáneo. En especial, canciones como “My Golden Years” ayudaron a reforzar la idea de que lo suyo ya no era solamente un ejercicio de estilo, sino una propuesta con identidad propia y una escritura realmente notable. En ese sentido, Look For Your Mind! no llega como un simple “nuevo disco”, sino como la continuación lógica de una etapa especialmente inspirada. Una en la que The Lemon Twigs parecen haber entendido con absoluta claridad qué tipo de banda quieren ser: una que honra el pasado, sí, pero que también sabe retorcerlo lo suficiente para que siga sorprendiendo. Tracklist de Look For Your Mind! El álbum contará con 14 canciones, y desde los títulos ya se adivina una mezcla de romanticismo, conflicto interno y teatralidad pop muy en la línea del grupo: Solo con esos nombres ya se puede intuir que el disco podría moverse entre el enamoramiento, la pérdida, la ansiedad y cierta ironía sentimental que tan bien le sienta a la banda. Una gira para llevar el nuevo capítulo al escenario Además del anuncio del álbum, The Lemon Twigs también revelaron una gira internacional en 2026 que incluirá fechas por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Irlanda, consolidando el impulso de esta nueva etapa. El tour incluye recintos como The Fillmore en San Francisco, O2 Shepherd’s Bush Empire en Londres y varias fechas clave por Norteamérica y Europa, lo que confirma que la banda sigue creciendo como un acto en vivo cada vez más sólido y querido. Y no es para menos: si en estudio The Lemon Twigs ya son detallistas hasta el extremo, en vivo suelen convertir ese perfeccionismo en algo mucho más vibrante, inmediato y juguetón. Aferrarse a la melodía en tiempos raros Quizá eso es lo que vuelve tan especial a The Lemon Twigs en el panorama actual: su fe absoluta en la melodía. En un momento donde gran parte del pop alternativo parece debatirse entre la ironía, el cinismo o la descomposición digital, ellos siguen apostando por canciones que creen en el estribillo, en la armonía vocal, en el arreglo bien construido y en el poder de una estructura pop casi perfecta. Pero lo más interesante es que esa fe nunca ha sido ingenua. Detrás de sus canciones siempre hay algo raro, algo desacomodado, algo que rompe la superficie de belleza con un gesto inesperado. Y si Look For Your Mind! realmente va a profundizar en esa mezcla de claridad melódica y ruido mental, entonces podría convertirse en uno de los lanzamientos más interesantes de su carrera reciente. Porque a veces, en medio del caos, también hace falta

The Lemon Twigs regresan con Look For Your Mind!, un nuevo álbum entre la paranoia y el pop perfecto Leer más »

Madvillainy: el cómic sonoro que convirtió a MF DOOM y Madlib en leyenda

Madvillain fue un dúo y supergrupo de hip hop alternativo formado por MF DOOM y Madlib. Su álbum de debut, Madvillainy, fue bien recibido por la mayoría de la crítica por su enfoque: canciones cortas, pocos estribillos y un sonido generalmente nada comercial. De dicho álbum también se lanzó una remezcla completa titulada Madvillainy 2: The Madlib Remix, lanzada en 2008. Madvillainy, el único álbum de estudio del dúo Madvillain, pertenece a obras que no solo envejecen bien, sino que con el tiempo se vuelven más misteriosas, más influyentes y grandes. Lanzado el 23 de marzo de 2004 por Stones Throw Records, el disco fue el resultado de una colisión casi mitológica entre dos mentes obsesivas: el villano enmascarado MF DOOM y el alquimista del sample Madlib. Y sí, hay muchos discos a los que se les llama “de culto” demasiado pronto. Pero Madvillainy sí se ganó ese lugar a pulso: no porque buscara ser una pieza de museo, sino porque desde el principio sonó como algo imposible de replicar. No era un disco de rap; era una dimensión propia Lo primero que uno entiende al escuchar Madvillainy es que este no es un álbum interesado en “entrar” fácil. No hay grandes coros, no hay estructuras convencionales, no hay sencillos pensados para la radio, y casi ninguna canción se desarrolla como esperarías. Muchas duran menos de dos minutos. Algunas terminan justo cuando empiezan a hipnotizarte. Otras parecen fragmentos de una transmisión pirata, como si hubieran sido capturadas en una frecuencia escondida entre la estática, la televisión vieja y el humo de un cuarto lleno de vinilos. Eso es precisamente lo que lo hace tan poderoso. Madvillainy no se siente como una colección de canciones, sino como un universo ensamblado con retazos de cómics, jazz torcido, caricaturas, soul polvoso, cintas mal grabadas y barras de otro planeta. Un collage vivo. Un mapa mental. Un laberinto. Y si funciona tan bien es porque sus dos arquitectos no estaban tratando de complacer a nadie. Estaban tratando de construir su propio lenguaje. MF DOOM: el rapero que escribía como si cada verso fuera una trampa Hablar de MF DOOM en Madvillainy es hablar de uno de los ejercicios de escritura más fascinantes que ha dado el hip hop moderno. DOOM no rapea aquí como un MC tradicional. No entra al beat para dominarlo de manera obvia, ni para subrayar cada punchline con dramatismo. Hace algo más extraño y más complejo: flota. Se desliza por encima de los ritmos de Madlib como si estuviera narrando desde otra habitación, como si estuviera improvisando con una calma casi absurda mientras, por debajo, cada línea está llena de dobles sentidos, aliteraciones, referencias, sarcasmo y juegos internos de rima. No “presume” su técnica. La esconde. Y esa es una de las razones por las que Madvillainy sigue atrapando a la gente dos décadas después: porque no es un disco que se agota en la primera escucha. Cada vez que vuelves, aparece una sílaba que no habías escuchado, un remate que pasó de largo, una imagen absurda que ahora sí pega. DOOM escribe como alguien que disfruta perderte a propósito. En “Accordion”, una de las aperturas más legendarias del rap de los 2000, ya está todo ahí: ironía, precisión, economía, humor, extrañeza. No necesita levantar la voz ni empujar el beat. Le basta con entrar y dejar claro que el villano ya está dentro del cuarto. Luego llegan piezas como “Meat Grinder”, “Figaro”, “All Caps” o “Rhinestone Cowboy”, y lo que aparece es un rapero en estado de absoluta libertad creativa. Uno que no parece estar compitiendo con nadie porque, honestamente, está haciendo otra cosa. Madlib: el productor que convirtió el caos en arquitectura Si DOOM es el narrador del mito, Madlib es el que diseñó la ciudad. La producción de Madvillainy sigue siendo una de las cosas más desconcertantes y hermosas que le han pasado al hip hop. En vez de buscar beats redondos, grandes o “limpios”, Madlib arma un paisaje de loops torcidos, baterías malhumoradas, voces robadas, películas viejas, jazz dislocado, psicodelia casera y texturas que parecen a punto de deshacerse. Y aun así, todo embona. Parte de la leyenda del disco viene de ahí: mucho del álbum fue construido con herramientas mínimas, incluyendo beats hechos por Madlib durante un viaje a Brasil, trabajando con un sampler portátil, una tornamesa y una grabadora de cinta. Lejos de sonar limitado, ese método le dio al disco una cualidad irrepetible: suena íntimo, extraño y portátil, como si hubiera sido hecho a escondidas en cuartos de hotel, sótanos y refugios antibomba, que de hecho no está tan lejos de la realidad. Lo genial de Madlib aquí no es solo su oído para samplear, sino su intuición narrativa. Sus beats no están “decorando” a DOOM: están creando atmósferas psicológicas. Hay momentos donde el disco parece caricaturesco, otros donde suena melancólico, paranoico, narcótico o incluso tierno. La producción nunca busca sonar grandilocuente. Busca sonar viva. Escuchar “Raid”, “America’s Most Blunted”, “Curls” o “Strange Ways” es entender que Madlib no estaba produciendo “pistas”, sino habitaciones mentales. La grandeza de lo fragmentario Una de las cosas más revolucionarias de Madvillainy es su rechazo absoluto a la idea de que un álbum de rap debe comportarse de cierta forma. Este disco está lleno de: Lo que hace Madvillain aquí es romper con la lógica de la “canción perfecta” y reemplazarla por una lógica de viñetas. Como si cada track fuera un panel distinto de un cómic surrealista. Por eso Madvillainy se siente tanto como una obra visual, aunque no tenga imágenes más allá de su portada icónica. El disco avanza como una novela gráfica hecha de loops, máscaras, humor negro y polvo. Hay secuencias enteras que parecen existir solo para construir mundo, no para “pegar”. Y eso es una maravilla. Porque en vez de darte una narrativa lineal, el álbum te obliga a habitarlo. No hay relleno; hay diseño Uno de los grandes milagros de Madvillainy es que, a pesar de su naturaleza fragmentaria, nunca

Madvillainy: el cómic sonoro que convirtió a MF DOOM y Madlib en leyenda Leer más »

La banda Sepultura realizará su gira de despedida final sin los hermanos Cavalera

Sepultura está realizando su gira de despedida final, “Celebrating Life Through Death”, celebrando 40 años de carrera antes de su disolución definitiva. Se espera que el concierto final sea en São Paulo, Brasil, en 2026, sin reunión con los hermanos Cavalera. La gira mundial incluye fechas en Norteamérica (con Exodus y Biohazard), Europa y Latinoamérica. Aquí detalles clave de la etapa final de Sepultura: Este video discute la ausencia de los hermanos Cavalera en el concierto final de Sepultura.

La banda Sepultura realizará su gira de despedida final sin los hermanos Cavalera Leer más »

Altar: el ritual de ruido que unió a Sunn O))) y Boris

Altar es un álbum colaborativo delgrupo japonés de música experimental Boris y la bandaestadounidense de drone metal Sunn O))) , lanzado el 31 de octubre de 2006 a través de Southern Lord Records ( SUNN62 ). Una edición limitada de dos CD fue lanzada el 23 de octubre a través de Southern Lord con una pista extra de 28 minutos con Sunn O))), Boris y Dylan Carlson , titulada “Her Lips Were Wet with Venom”. Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. Obras que no fueron pensadas para acompañar una tarde, sino para desfigurar la percepción del tiempo, poner al cuerpo en alerta y recordarnos que la música pesada también puede ser una experiencia casi espiritual. Altar, la monumental colaboración entre Sunn O))) y Boris, pertenece exactamente a esa clase de álbumes. Publicado originalmente en 2006, el disco reunió a dos de los proyectos más radicales y visionarios del sonido pesado y experimental de su tiempo: por un lado, el abismo drónico y ceremonial de Sunn O))); por el otro, la naturaleza mutante de Boris, una banda capaz de navegar con la misma naturalidad entre el sludge, el noise, el shoegaze, el psych rock y la devastación absoluta. El resultado fue una obra que no se conformó con sonar pesada: quiso sonar total. Un encuentro inevitable Más que un “split de lujo” o una simple colaboración entre nombres de culto, Altar fue la consolidación de una afinidad artística profunda. Ambas entidades compartían una visión: entender la distorsión, la repetición y el volumen no como trucos de impacto, sino como herramientas de trance, densidad emocional y expansión sensorial. Desde su portada hasta su ejecución, Altar se siente como un ritual de comunión entre dos formas distintas de entender la oscuridad. Sunn O))) llega con sus riffs lentísimos, sus capas tectónicas y su obsesión por el peso físico del sonido; Boris aporta una sensibilidad más elástica, más psicodélica, más impredecible. La mezcla de ambas fuerzas no genera caos gratuito: genera arquitectura sonora. Un disco que no teme mutar Lo extraordinario de Altar es que, a pesar de su reputación de álbum “pesado”, no está construido únicamente desde la aplastante brutalidad. Claro, temas como “Etna” y “Blood Swamp” son verdaderas masas de lava sonora: lentas, ominosas, aplastantes. Pero en medio del humo aparecen grietas de belleza extraña, momentos donde el disco parece levitar. Ahí entra “The Sinking Belle (Blue Sheep)”, probablemente el corazón emocional del álbum. La participación de Jesse Sykes convierte la pieza en una anomalía hermosa dentro del paisaje dronero: una canción fantasmagórica, melancólica y profundamente hipnótica que demuestra que el peso también puede ser delicado, seductor y emocionalmente devastador. Luego está “Akuma No Kuma”, donde la oscuridad adquiere una forma más lúdica y surrealista, casi como si el álbum se permitiera sonreír con los colmillos puestos. Y más adelante, “Fried Eagle Mind” funciona como un puente perfecto entre la agresividad y la abstracción, reafirmando que este disco nunca quiso ser lineal ni cómodo. Pesadez como lenguaje, no como pose Uno de los mayores méritos de Altar es que entiende la pesadez como una experiencia física y psicológica, no solo como una estética metalera. Aquí el volumen no es un accesorio cool, sino una forma de alterar la escucha. El disco trabaja con la repetición, la textura, el aire, el eco y la espera como si estuviera construyendo un templo hecho de amplificadores y ceniza. Eso explica por qué Altar ha envejecido tan bien. No está atrapado en una tendencia de época ni en una escena específica. Aunque nace del drone metal, del doom y del noise, su verdadero territorio está en otro lado: en el arte de hacer que el sonido se sienta como una presencia viva. Y quizá ahí radica su importancia: no fue solo un gran disco colaborativo. Fue una obra que ayudó a demostrar que la música extrema podía ser también cinematográfica, abstracta, poética y profundamente inmersiva. Un altar para la música pesada de culto Con los años, Altar se ha consolidado como una pieza fundamental dentro de la discografía de ambas agrupaciones. No solo por lo ambicioso del cruce, sino porque representa un momento en el que dos mundos compatibles decidieron no contenerse en absoluto. La presencia de colaboradores como Kim Thayil, Dylan Carlson y otros músicos cercanos a este universo expandió todavía más el carácter comunal, casi litúrgico, del proyecto. Escuchar Altar hoy sigue siendo una experiencia exigente, pero también profundamente gratificante. No es un disco para poner “de fondo”. Es un disco para entrar. Para dejarse envolver por sus frecuencias, su niebla, su tensión y su misterio.

Altar: el ritual de ruido que unió a Sunn O))) y Boris Leer más »

Kim Gordon regresa con Play Me: ruido, arte y resistencia en estado puro

Hablar de Kim Gordon es hablar de una figura clave en la historia del ruido, el arte y la contracultura. Cofundadora de Sonic Youth, su trayectoria siempre ha orbitado entre lo sonoro y lo conceptual. Hoy, con Play, su nuevo álbum, reafirma que su inquietud creativa sigue intacta. Después de No Home Record (2019) y el abrasivo The Collective (2024), Gordon continúa explorando terrenos donde el hip hop experimental, el noise y la electrónica industrial se cruzan sin pedir permiso. Play no es un giro, sino una expansión: una obra que suena cruda, fragmentada y profundamente contemporánea. El disco mantiene esa estética que Gordon ha pulido en su etapa solista: beats pesados, estructuras rotas y una voz que no busca ser protagonista, sino un elemento más dentro del caos controlado. Hay momentos que remiten al spoken word, otros al collage sonoro, pero siempre con una intención clara: incomodar, provocar, cuestionar. En términos líricos, Play se mueve entre la crítica cultural, la saturación digital y la identidad en tiempos hiperconectados. No hay nostalgia aquí. Si algo define este material es su mirada hacia el presente —y, en muchos momentos, hacia un futuro incierto. Musicalmente, el álbum dialoga con nuevas generaciones de productores experimentales, pero sin perder ese ADN que Gordon ayudó a construir desde los años 80: hacer del ruido un lenguaje. En ese sentido, Play no busca competir con la actualidad, sino infiltrarse en ella desde su propio código. Lejos de ser un ejercicio de legado, este disco confirma que Kim Gordon no está interesada en mirar atrás. Play es una declaración de vigencia, pero también de resistencia: una artista que sigue creando desde la incomodidad, desafiando estructuras y manteniéndose fiel a su naturaleza indómita. En un panorama donde muchas figuras históricas optan por la repetición, Gordon apuesta por el riesgo. Y en ese riesgo, encuentra —una vez más— su lugar.

Kim Gordon regresa con Play Me: ruido, arte y resistencia en estado puro Leer más »

30 años de Placebo: el debut que definió una era vuelve a tomar forma

En 1996, Placebo irrumpió con un debut homónimo que se convirtió en refugio para toda una generación que encontraba en la ambigüedad, el exceso y la sensibilidad un nuevo lenguaje. Hoy, tres décadas después, la banda liderada por Brian Molko ha decidido celebrar sus 30 años de carrera regresando al origen: regrabando aquel primer álbum que los posicionó como una de las propuestas más singulares del rock alternativo de los noventa. Volver al punto de quiebre El debut Placebo (1996) no fue un disco cualquiera. Fue una declaración de identidad en plena efervescencia del britpop, pero desde un lugar completamente distinto: más oscuro, más íntimo, más incómodo. Canciones como “Nancy Boy” o “36 Degrees” no solo construyeron un sonido, sino una estética que rompía con lo establecido. Regrabar este álbum no es un gesto de nostalgia fácil. Es, más bien, una forma de reinterpretar ese momento desde la experiencia acumulada, desde las cicatrices y la evolución sonora que la banda ha desarrollado a lo largo de los años. ¿Revisitar o reescribir? En tiempos donde los aniversarios suelen celebrarse con reediciones o giras conmemorativas, Placebo opta por un movimiento más arriesgado: volver a grabar desde cero. Esto abre una pregunta interesante: ¿cómo suenan hoy esas canciones? ¿Se mantienen intactas o se transforman bajo el peso del tiempo? Lo cierto es que el contexto ha cambiado. Lo que en los 90 era provocación, hoy es parte del ADN cultural. Pero el espíritu de Placebo —esa mezcla de fragilidad, intensidad y confrontación— sigue siendo relevante. Un legado que sigue en movimiento A lo largo de 30 años, Placebo ha construido una discografía sólida, convirtiéndose en una banda de culto con impacto global y una relación especialmente fuerte con el público latinoamericano. Su capacidad para evolucionar sin perder identidad es, quizá, lo que hace que este regreso al origen tenga sentido. Regrabar su debut no es mirar hacia atrás, sino entender que algunas historias merecen ser contadas más de una vez, desde nuevas perspectivas. El inicio que nunca termina A tres décadas de distancia, Placebo vuelve a ese primer paso que lo cambió todo. No como un ejercicio de nostalgia, sino como una reafirmación: hay discos que no envejecen, solo encuentran nuevas formas de resonar.

30 años de Placebo: el debut que definió una era vuelve a tomar forma Leer más »

El punk toma la CDMX: llega Rock Out con Evaristo y Bad Religion al frente

La Ciudad de México se prepara para una descarga directa de distorsión, ideología y energía cruda. El próximo 2 de mayo, el Festival Rock Out celebrará su primera edición en el Foro Cuauhtémoc, apostando por un cartel que no solo reúne nombres clave del punk, sino también distintas generaciones y formas de entender el género. Encabezando esta jornada están dos fuerzas fundamentales: por un lado, Evaristo, figura central del punk ibérico y voz histórica detrás de proyectos como La Polla Records, quien llega con un set que promete recorrer décadas de inconformidad y resistencia. Por el otro, Bad Religion, una de las bandas más influyentes del punk californiano, cuya presencia en el festival marcará además su única presentación en México durante 2026. Un cruce de escenas, generaciones y posturas Rock Out no se plantea como un festival más dentro del calendario capitalino. Desde su arranque, busca posicionarse como un punto de encuentro entre distintas corrientes del punk, el hardcore y el ska, reuniendo tanto nombres internacionales como propuestas con peso dentro de la escena. El cartel —que también incluye actos como Cock Sparrer, Save Ferris y Voodoo Glow Skulls— apunta a construir una experiencia donde el pasado y el presente del género dialogan en un mismo espacio. Punk como postura, no solo como sonido Más allá de la música, el festival se perfila como una declaración: un espacio donde el punk vuelve a colocarse como vehículo de crítica social, identidad y comunidad. La combinación entre la tradición combativa europea de Evaristo y la conciencia política melódica de Bad Religion subraya esa intención. En un contexto donde la saturación de propuestas musicales es constante, Rock Out apuesta por algo más directo: recuperar la intensidad, el discurso y la energía que hicieron del punk una herramienta cultural y no solo un género. Una cita obligada para la escena El 2 de mayo, el Foro Cuauhtémoc se convertirá en territorio de riffs acelerados, coros colectivos y posturas incómodas. Más que un festival, Rock Out apunta a consolidarse como un nuevo espacio para una comunidad que sigue encontrando en el punk una forma de entender —y confrontar— el mundo. Line up Rock Out México 2026 🧨 Headliners 🌎 Internacionales 🇲🇽 Nacionales y escena local Contexto del festival

El punk toma la CDMX: llega Rock Out con Evaristo y Bad Religion al frente Leer más »

Scroll al inicio