Depósitio Sonoro

Estrenos

David Byrne vuelve a mirar hacia México con “¿Cuál es la razón?”

David Byrne a sus 73 años sigue encontrando nuevas maneras de dialogar con el mundo. Su nuevo sencillo, “¿Cuál es la razón?”, no solamente representa otro capítulo en su obsesión permanente por la reinvención musical; también funciona como una carta de amor extraña, elegante y profundamente emocional hacia México. a canción es una reinterpretación en español de “What Is The Reason For It?”, tema incluido en Who Is The Sky?, el más reciente álbum de Byrne, publicado vía Matador Records. Pero esta nueva versión no es un simple remix latino para mercados hispanohablantes. Aquí hay una reconstrucción completa de la pieza. Natalia Lafourcade toma el rol vocal originalmente interpretado por Hayley Williams, mientras que Mexican Institute of Sound transforma el track en una experiencia más cálida, llena de metales, percusiones y una energía que se siente particularmente cercana a la Ciudad de México. Y eso es precisamente lo más interesante del lanzamiento: Byrne no está “usando” una estética mexicana. Está entrando en conversación con ella. Desde hace décadas, Byrne ha demostrado fascinación por los sonidos globales. Ya sea explorando ritmos afro-latinos con Talking Heads, colaborando con músicos brasileños o construyendo proyectos como American Utopia, siempre ha entendido la música como un territorio híbrido. “¿Cuál es la razón?” continúa esa lógica, pero ahora desde un enfoque más íntimo y nostálgico. La participación de Natalia Lafourcade es clave porque aterriza emocionalmente la canción. Su voz aporta humanidad y cercanía a una composición que en inglés tenía una vibra más cerebral y art-pop. Aquí, la melancolía se vuelve más romántica, más callejera, incluso más nocturna. Hay algo en el fraseo en español que convierte el tema en una especie de bolero futurista disfrazado de pop alternativo. La producción de IMS también cambia por completo la textura del track. Los metales y la percusión generan una sensación cinematográfica que remite tanto al caos elegante de la CDMX como a la nostalgia urbana de Byrne por Latinoamérica. Según medios cercanos al lanzamiento, la nueva versión fue inspirada directamente por las experiencias del músico en México y por “los eternos misterios del amor”. El timing tampoco parece casual. El lanzamiento llega justo cuando Byrne anunció nuevas fechas en México como parte de su gira Who Is The Sky? Tour, incluyendo conciertos en el Teatro Metropólitan de CDMX, el Auditorio Telmex y el Escenario GNP Seguros. Y aunque Byrne nunca ha necesitado validación cultural externa, “¿Cuál es la razón?” sí se siente como un gesto genuino hacia el público mexicano. No desde la apropiación superficial, sino desde la curiosidad artística que siempre ha definido su carrera.

David Byrne vuelve a mirar hacia México con “¿Cuál es la razón?” Leer más »

Draco Rosa regresa con Olas de Luz: un disco nacido del caos, la sanación y la raíz

El universo creativo de Draco Rosa vuelve a expandirse. Este viernes 24 de abril, el mítico artista puertorriqueño estrena Olas de Luz, un nuevo álbum de estudio que promete reconectar con la esencia más cruda, espiritual y honesta de su música. Definido por el propio Draco como un trabajo “nacido del caos y el pulso crudo de la vida”, el disco se presenta como una obra profundamente emocional, donde conviven la introspección, la memoria y la sanación. Lejos de buscar tendencias, Olas de Luz apuesta por algo más difícil: autenticidad. En tiempos donde la inmediatez domina, Draco Rosa entrega un material pensado para escucharse con atención, casi como un ritual. Un álbum que dialoga tanto con quienes han seguido su trayectoria durante décadas como con nuevos oyentes en búsqueda de una conexión más real con la música. El lanzamiento viene acompañado del video oficial de “Carro de Heno”, uno de los momentos centrales del disco, que refuerza la identidad visual y emocional de esta nueva etapa. Un recorrido por la luz y la sombra A lo largo de sus 12 canciones, Olas de Luz construye un viaje que transita entre la penumbra y la claridad, entre la fragilidad y la fuerza: Hay una narrativa clara: del caos hacia la redención. Del dolor hacia la reconstrucción. Un artista que trasciende generaciones Hablar de Draco Rosa es hablar de una de las figuras más influyentes de la música latina contemporánea. Su carrera, que abarca décadas, lo ha llevado a recorrer el mundo y consolidarse como un artista total: compositor, productor, intérprete y visionario. Ganador de múltiples premios Grammy y Latin Grammy, e integrante del Salón de la Fama de los Compositores Latinos, su impacto va mucho más allá de los escenarios. Su obra ha marcado a distintas generaciones, tanto por su sensibilidad lírica como por su constante búsqueda sonora. Pero también hay una dimensión humana que atraviesa su carrera. A través de iniciativas como Vox Forte Alliance y la Fundación Royal Isabela, Draco ha enfocado parte de su vida en apoyar a pacientes con cáncer y en la preservación ambiental y educativa en Puerto Rico. Más que un disco, una declaración Olas de Luz no es solo un nuevo lanzamiento en la discografía de Draco Rosa. Es una declaración de principios. Un recordatorio de que la música todavía puede ser un espacio de verdad, de vulnerabilidad y de transformación. En un mundo saturado de ruido, Draco apuesta por lo esencial: emoción, identidad y profundidad. Y ahí, justamente ahí, es donde su música sigue encontrando sentido.

Draco Rosa regresa con Olas de Luz: un disco nacido del caos, la sanación y la raíz Leer más »

Where Light Pauses In The Silence Of The Sun: el encuentro entre dos arquitectos del silencio

En un territorio donde el sonido se diluye hasta convertirse en atmósfera, Abul Mogard y Rafael Anton Irisarri encuentran un punto de convergencia con Where Light Pauses In The Silence Of The Sun, un álbum colaborativo que se mueve entre la contemplación, la abstracción y una profunda sensibilidad emocional. Black Knoll Editions lanzará Where Light Pauses In The Silence Of The Sun el 26 de junio de 2026. Autor de la foto de portada: Alessio Pizzacannelli. Dos visiones que dialogan en la quietud Por un lado, Mogard ha construido una discografía marcada por la nostalgia y el deterioro sonoro, trabajando con texturas que parecen emerger de memorias fragmentadas. Por el otro, Irisarri ha desarrollado un lenguaje propio dentro del ambient contemporáneo, donde la reverberación, el ruido y las capas densas generan paisajes inmersivos de gran carga emocional. En este nuevo trabajo, ambos lenguajes no chocan: se entrelazan. El resultado es una obra que evita el protagonismo individual y apuesta por una construcción conjunta donde cada elemento respira con paciencia. Aquí no hay clímax evidentes ni estructuras tradicionales; lo que hay es una exploración del tiempo, de la suspensión y de los pequeños cambios que ocurren casi imperceptiblemente. La luz como fenómeno sonoro El título del álbum no es gratuito. Where Light Pauses In The Silence Of The Sun sugiere una paradoja: la luz deteniéndose, el sonido transformándose en silencio. Y esa idea atraviesa toda la obra. Las composiciones avanzan lentamente, con drones expansivos, capas granuladas y una sensación constante de disolución. Hay momentos en los que la música parece evaporarse, dejando apenas rastros, como si el silencio también formara parte activa de la composición. No es un disco que busque llenar el espacio, sino todo lo contrario: lo redefine. Escuchar como acto consciente En tiempos de consumo acelerado, este álbum propone una experiencia distinta. Requiere atención, paciencia y disposición. No hay hooks ni momentos inmediatos; hay procesos, transiciones y una narrativa que se revela poco a poco. Es música que dialoga con la tradición del ambient más introspectivo, pero que también se siente contemporánea en su tratamiento del sonido y su sensibilidad estética. Un encuentro natural La colaboración entre Mogard e Irisarri no se siente forzada ni oportunista. Más bien, parece inevitable. Ambos comparten una visión del sonido como materia maleable, como espacio emocional y como herramienta para explorar la memoria y la percepción. Where Light Pauses In The Silence Of The Sun no busca impresionar. Busca permanecer. Un refugio en el ruido En un panorama saturado de estímulos, este disco funciona como un refugio. Un lugar donde el tiempo se estira y donde la escucha se convierte en una experiencia casi física. No es música para todos, y ahí radica parte de su valor. Es una obra que exige, pero también recompensa. Y en ese equilibrio —entre exigencia y belleza— es donde este encuentro encuentra su verdadera fuerza.

Where Light Pauses In The Silence Of The Sun: el encuentro entre dos arquitectos del silencio Leer más »

Squarepusher y la orquesta imposible: Kammerkonzert como síntesis de una mente inagotable

Hablar de Squarepusher es hablar de uno de los cerebros más inquietos y radicales de la música electrónica contemporánea. Desde mediados de los 90, Tom Jenkinson ha operado en un territorio propio: una zona donde el drum & bass se funde con el jazz, donde la programación digital adquiere el vértigo de la improvisación y donde la técnica nunca está por encima de la emoción, aunque a veces lo parezca. Con Kammerkonzert (2026), publicado por Warp Records, Jenkinson vuelve a hacer lo que mejor sabe: reinventarse sin traicionarse. Un “concierto de cámara” para el siglo XXI El título del disco —Kammerkonzert, “concierto de cámara”— no es casual. Este nuevo trabajo se plantea como una reinterpretación de la música académica desde la lógica de la electrónica. No hay orquesta real, pero sí una ilusión: capas de cuerdas, piano, maderas y texturas que se entrelazan con precisión quirúrgica, ejecutadas en su mayoría por el propio Jenkinson mediante sistemas híbridos y programación avanzada . El resultado es un álbum que: En piezas como “K10 Terminus” o “K13 Vigilant”, la sensación es la de escuchar a Mozart reprogramado para la era digital: escalas frenéticas, arreglos barrocos y una energía que nunca termina de asentarse . Menos máquina, más composición Si en discos recientes como Be Up a Hello (2020) o Dostrotime (2024) Squarepusher exploraba su faceta más agresiva y rítmica, aquí hay un giro evidente hacia lo compositivo. No se trata de abandonar la electrónica, sino de desplazarla: Este cambio de textura no implica una ruptura radical, sino una mutación. Como han señalado algunas críticas recientes, Kammerkonzert funciona más como una “reformulación” que como una revolución dentro de su lenguaje . Una discografía imposible de domesticar Para entender Kammerkonzert hay que entender la trayectoria de Squarepusher. Desde Feed Me Weird Things (1996) hasta obras clave como: Jenkinson ha construido una discografía que desafía cualquier categorización estable. Su música ha sido etiquetada como: pero en realidad funciona como un lenguaje propio. Kammerkonzert, su álbum número 20+ dentro del proyecto, confirma algo clave: Squarepusher no evoluciona linealmente; se desplaza en espiral. Cada disco revisita ideas anteriores desde nuevas herramientas. Trascendencia: el arquitecto del caos controlado Dentro del catálogo de Warp Records —hogar de figuras como Aphex Twin o Autechre— Squarepusher ocupa un lugar particular. Mientras otros exploran lo abstracto o lo cerebral, Jenkinson introduce: Su música no solo se escucha: se experimenta como un sistema en constante colapso y reconstrucción. ¿Obra menor o reafirmación de un maestro? Kammerkonzert no es un disco de ruptura. No redefine la electrónica ni inaugura una nueva etapa radical en la carrera de Squarepusher. Pero tampoco lo necesita. Lo que hace —y lo hace con maestría— es refinar una idea: la posibilidad de que la música electrónica funcione como composición clásica contemporánea. Es, en ese sentido, un disco de madurez: Conclusión Kammerkonzert confirma que Squarepusher sigue siendo un artista imposible de domesticar. A más de tres décadas de carrera, continúa explorando nuevas formas de tensión entre lo humano y lo digital, entre lo orgánico y lo programado.

Squarepusher y la orquesta imposible: Kammerkonzert como síntesis de una mente inagotable Leer más »

Paradises: Ladytron y el arte de seguir sonando al futuro

. A 25 años de su nacimiento, Ladytron demuestra que la elegancia fría, la melancolía sintética y la visión pop todavía pueden mutar. Ladytron, grupo que lleva más de dos décadas desafiando esa condena con una fórmula que no depende de la nostalgia, sino de la mutación. Su nuevo álbum, Paradises, lanzado el 20 de marzo de 2026 a través de Nettwerk, no busca resucitar el electroclash de principios de siglo ni reactivar la postal Y2K de la que tantas veces se les ha querido hacer rehén. Lo que hace, en cambio, es algo mucho más complejo y más interesante: reafirmar que Ladytron nunca fue una moda, sino una visión. Desde su aparición a finales de los noventa, Ladytron entendió algo que muchísimas bandas de synth-pop jamás terminaron de comprender: la electrónica no tenía por qué sonar pulcra, y el pop no tenía por qué renunciar al misterio. En su música siempre convivieron la sensualidad mecánica, la dureza industrial, la elegancia europea, la frialdad de la máquina y un corazón profundamente melancólico. Por eso, incluso cuando fueron agrupados —a veces con pereza crítica— dentro del boom del electroclash, ellos ya estaban pensando más allá. No eran solo una banda “cool”; eran una banda con lenguaje propio. Y esa es precisamente la sensación que deja Paradises: la de escuchar a un grupo que sigue hablando con una voz inconfundible, aunque haya cambiado el paisaje que lo rodea. Un disco que no suena a regreso, sino a continuidad viva Lo primero que llama la atención en Paradises es que no intenta recuperar la dureza de sus años más ásperos ni repetir la solemnidad etérea de sus discos más atmosféricos. Aquí Ladytron parece haberse permitido una suerte de apertura luminosa, aunque no necesariamente “feliz”. Hay una energía más expansiva, menos encapsulada en la penumbra industrial de otros momentos de su carrera. Según la recepción crítica temprana, el disco gira hacia una paleta más soleada, más orgánica y, por momentos, incluso más juguetona, sin perder del todo esa sensación de distancia elegante que siempre los ha definido. Pero conviene decirlo con claridad: Paradises no es un disco cálido en el sentido convencional. No estamos ante una reconciliación complaciente con el pop brillante ni ante un intento de “humanizar” artificialmente su sonido. Lo que hace Ladytron aquí es descongelar ligeramente su universo, permitiendo que entren nuevos colores, nuevas texturas y un sentido más dúctil del movimiento. El resultado es un álbum que respira con más amplitud, pero que sigue habitado por la misma tensión emocional de siempre: deseo, extrañeza, belleza, decadencia, vigilancia, fantasía. Hay canciones que funcionan como espejos muy claros de esa nueva etapa. Temas como “Kingdom Undersea”, “Caught in the Blink of an Eye” o “I Believe You” muestran una banda menos interesada en imponer una muralla estética y más enfocada en dejar que la atmósfera se vuelva permeable. Sigue habiendo capas sintéticas, pulsos hipnóticos y esa arquitectura sonora minuciosa que distingue a Ladytron, pero ahora con un mayor margen para la flotación, el ensueño y cierta rareza pastoral. No es casual que algunas reseñas hayan hablado de una veta más “naturalista” o mística en el álbum. Ladytron sigue sonando futurista, sí, pero aquí el futuro ya no parece una ciudad de neón vacía; más bien, un jardín electrónico cubierto de niebla. La elegancia de la contención Una de las mayores virtudes de Ladytron siempre ha sido su capacidad para hacer que la contención suene poderosa. Nunca han necesitado el maximalismo escandaloso de otras bandas electrónicas para construir identidad. Su fortaleza está en la tensión, en el detalle, en la sensación de que cada elemento está colocado con una intención muy precisa. Paradises mantiene esa ética de diseño sonoro, aunque la desplaza hacia una escucha menos agresiva y más envolvente. Eso puede generar una división natural entre oyentes. Quienes prefieren el filo sintético de 604, la fisicidad inmediata de Light & Magic o el músculo oscuro de Witching Hour quizá encuentren aquí un disco menos frontal. Pero sería un error leer eso como debilidad. Más bien, Paradises se presenta como un álbum de madurez estética, donde Ladytron ya no necesita probar nada. Su gesto no es el del impacto inmediato, sino el de la permanencia. Es un disco que se infiltra más que imponerse; que seduce más que golpea. Y en ese sentido, el título no podría ser más acertado. Paradises no habla de un solo paraíso, sino de múltiples espacios posibles: interiores, imaginarios, sensoriales, afectivos. Ladytron no describe el paraíso como plenitud, sino como una zona ambigua entre belleza y artificio, entre refugio y extrañamiento. Y esa ambigüedad ha sido, desde siempre, su verdadero territorio. La transformación después de Reuben Wu Hay otro elemento importante para leer este disco: Paradises es el primer álbum del grupo tras la salida de Reuben Wu en 2023, lo que deja a la formación histórica reducida al núcleo de Helen Marnie, Mira Aroyo y Daniel Hunt. Eso podría haber significado una pérdida estructural fuerte, pero el álbum no suena como una banda en repliegue; suena como una banda en reconfiguración. De hecho, parte de lo interesante de Paradises está en cómo absorbe ese cambio sin convertirlo en discurso. No hay dramatismo de “reinicio”, no hay marketing de reconstrucción. Hay algo mucho más elegante: Ladytron simplemente sigue. Y ese “seguir” es una declaración artística muy poderosa. Después de más de 25 años, continuar sin volverse museo ya es, en sí mismo, una forma de resistencia. Ladytron: una carrera construida contra la obsolescencia Para entender por qué Paradises importa, hay que mirar la carrera completa de Ladytron. Formados en Liverpool en 1999, emergieron en un momento particularmente fértil para la música electrónica alternativa: cuando el post-rave, el electro, el post-punk revival y la estética Y2K estaban redefiniendo el lenguaje de los clubes y del indie. Pero incluso en ese contexto, Ladytron sonaban distintos. Su debut, 604 (2001), ya revelaba una identidad que combinaba frialdad robótica, glamour decadente y un oído muy fino para la melodía. Después llegaría

Paradises: Ladytron y el arte de seguir sonando al futuro Leer más »

The Lemon Twigs regresan con Look For Your Mind!, un nuevo álbum entre la paranoia y el pop perfecto

En una época donde casi todo parece correr demasiado rápido, The Lemon Twigs han decidido hacer lo contrario: detenerse a perfeccionar la canción pop como si aún fuera un arte mayor. Y ahora, el dúo neoyorquino formado por los hermanos Brian y Michael D’Addario está listo para abrir un nuevo capítulo con Look For Your Mind!, su sexto álbum de estudio, programado para salir el 8 de mayo a través de Captured Tracks. El anuncio llega acompañado por “I Just Can’t Get Over Losing You”, un primer sencillo que vuelve a confirmar una de las mayores virtudes de la banda: hacer que la nostalgia suene viva, elegante y ligeramente extraña. Porque si algo ha distinguido a The Lemon Twigs desde sus inicios es esa capacidad de tomar la tradición del pop barroco, el soft rock setentero, la melodía beatle y el teatro glam, y convertirlo en algo que no se siente como simple revival, sino como una obsesión cuidadosamente actualizada. El pop luminoso también puede esconder ansiedad Aunque a primera escucha el nuevo material parece moverse dentro de ese universo soleado, melódico y pulcro que The Lemon Twigs ha venido refinando en los últimos años, Look For Your Mind! también parece esconder una tensión más oscura. Según la información compartida con el lanzamiento, el disco carga un trasfondo de paranoia, sospecha y desorientación emocional, una lectura que dialoga perfectamente con el presente y con la manera en que la banda ha aprendido a disfrazar la incomodidad existencial bajo armonías impecables. Brian D’Addario resumió el espíritu del álbum con una frase tan sencilla como certera: hay que aferrarse a la mente propia para no perderla. Y eso es justamente lo que vuelve tan interesante este nuevo anuncio: The Lemon Twigs no parecen interesados en repetir una fórmula complaciente, sino en seguir explorando cómo la canción clásica puede contener fracturas, rareza y una sensibilidad emocional más compleja de lo que aparenta. Una nueva etapa más abierta y colaborativa Otro de los elementos que vuelven atractivo este lanzamiento es que, por primera vez de manera más formal, el universo de estudio de The Lemon Twigs se abre a músicos que ya eran parte esencial de su experiencia en vivo. En Look For Your Mind! participan Reza Matin en la batería y Danny Ayala en el bajo, además de Eva Chambers, integrante de Tchotchke, quien también suma presencia en esta nueva etapa. Este detalle no es menor. Durante buena parte de su trayectoria, los hermanos D’Addario se han distinguido por tener un control casi obsesivo de su obra: escriben, arreglan, producen y ejecutan con una precisión que raya en lo quirúrgico. Abrir ese espacio a otros músicos no necesariamente significa perder identidad; más bien sugiere una evolución natural hacia una versión más expansiva y orgánica de su sonido. Si sus discos anteriores ya habían mostrado una madurez compositiva notable, este nuevo álbum podría representar un momento donde esa disciplina se encuentre con una energía más colectiva, más libre y quizá incluso más impredecible. Después de dos discos clave La noticia de Look For Your Mind! también llega en un momento particularmente importante dentro de la carrera de The Lemon Twigs. Sus dos trabajos previos, Everything Harmony (2023) y A Dream Is All We Know (2024), ayudaron a consolidar a la banda no solo como un proyecto de culto, sino como una de las propuestas más refinadas y consistentes del pop rock contemporáneo. En especial, canciones como “My Golden Years” ayudaron a reforzar la idea de que lo suyo ya no era solamente un ejercicio de estilo, sino una propuesta con identidad propia y una escritura realmente notable. En ese sentido, Look For Your Mind! no llega como un simple “nuevo disco”, sino como la continuación lógica de una etapa especialmente inspirada. Una en la que The Lemon Twigs parecen haber entendido con absoluta claridad qué tipo de banda quieren ser: una que honra el pasado, sí, pero que también sabe retorcerlo lo suficiente para que siga sorprendiendo. Tracklist de Look For Your Mind! El álbum contará con 14 canciones, y desde los títulos ya se adivina una mezcla de romanticismo, conflicto interno y teatralidad pop muy en la línea del grupo: Solo con esos nombres ya se puede intuir que el disco podría moverse entre el enamoramiento, la pérdida, la ansiedad y cierta ironía sentimental que tan bien le sienta a la banda. Una gira para llevar el nuevo capítulo al escenario Además del anuncio del álbum, The Lemon Twigs también revelaron una gira internacional en 2026 que incluirá fechas por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Irlanda, consolidando el impulso de esta nueva etapa. El tour incluye recintos como The Fillmore en San Francisco, O2 Shepherd’s Bush Empire en Londres y varias fechas clave por Norteamérica y Europa, lo que confirma que la banda sigue creciendo como un acto en vivo cada vez más sólido y querido. Y no es para menos: si en estudio The Lemon Twigs ya son detallistas hasta el extremo, en vivo suelen convertir ese perfeccionismo en algo mucho más vibrante, inmediato y juguetón. Aferrarse a la melodía en tiempos raros Quizá eso es lo que vuelve tan especial a The Lemon Twigs en el panorama actual: su fe absoluta en la melodía. En un momento donde gran parte del pop alternativo parece debatirse entre la ironía, el cinismo o la descomposición digital, ellos siguen apostando por canciones que creen en el estribillo, en la armonía vocal, en el arreglo bien construido y en el poder de una estructura pop casi perfecta. Pero lo más interesante es que esa fe nunca ha sido ingenua. Detrás de sus canciones siempre hay algo raro, algo desacomodado, algo que rompe la superficie de belleza con un gesto inesperado. Y si Look For Your Mind! realmente va a profundizar en esa mezcla de claridad melódica y ruido mental, entonces podría convertirse en uno de los lanzamientos más interesantes de su carrera reciente. Porque a veces, en medio del caos, también hace falta

The Lemon Twigs regresan con Look For Your Mind!, un nuevo álbum entre la paranoia y el pop perfecto Leer más »

Sale “El Ángel Exterminador” de Paradiso, dirigido por Nikita Roteker

Un portal visual a la nostalgia de lo que nunca fue En un ecosistema audiovisual donde los videoclips han quedado reducidos muchas veces a meros productos de acompañamiento, el trabajo que Nikita Roteker ha realizado para Paradiso irrumpe como un recordatorio de lo que el formato puede alcanzar cuando se lo aborda desde la ambición artística y la libertad creativa. “El Ángel Exterminador” no es solo un video musical: es una experiencia inmersiva que dialoga, expande y potencia el universo sonoro del colectivo internacional. Dirigido por el artista serbio Nikita Roteker, el videoclip del sencillo homónimo se presenta como un collage maximalista que recupera la estética frenética y vibrante de los idents de MTV de los años 90. Pero lejos de caer en la mera nostalgia, Roteker utiliza ese lenguaje visual para construir algo más complejo: “un portal a la nostalgia por tiempos que nunca vivimos” . Hay en cada fotograma una familiaridad difusa, un eco de algo que reconocemos sin haberlo experimentado, una memoria prestada que nos atraviesa sin que podamos nombrarla del todo. La imagen como territorio de resistencia Lo primero que impacta del videoclip es su textura analógica y su saturación cromática deliberada. En una época donde la imagen digital ha alcanzado una pureza casi quirúrgica, Roteker apuesta por lo imperfecto, lo procesado físicamente, lo que se siente como tocado por manos humanas. Los colores explotan, las imágenes se superponen en un caos calculado, los destellos de iconografía reconocible aparecen y desaparecen antes de que podamos fijarlos. Este tratamiento visual no es un capricho estético; es una declaración de principios. En palabras de la propia producción, el video funciona como “un manifiesto visual sobre recuperar los colores de la vida y el placer de habitar el mundo sin celulares”. Esa tensión entre lo analógico y lo digital, entre la presencia física y la mediación tecnológica, atraviesa cada segundo del clip. No hay aquí una condena simplista de la tecnología, sino una exploración de lo que se pierde cuando la experiencia del mundo se filtra exclusivamente a través de una pantalla táctil. El ritmo como estructura Si el álbum “El Ángel Exterminador” es una obra “multi-palindrómica” que puede escucharse al derecho y al revés, el videoclip de Roteker tiene su propia lógica de repetición y retorno. El montaje frenético no es un simple ejercicio de estilo; construye una estructura donde las imágenes regresan transformadas, donde los motivos visuales se espejean y contradicen, creando una experiencia que, como el disco, recompensa la revisión. Cada visionado del video puede revelar nuevos detalles, nuevas conexiones, nuevas capas. No es una pieza para consumir pasivamente; es un objeto para explorar. En ese sentido, Roteker logra algo que pocos videoclips contemporáneos alcanzan: crear una obra que no se agota en el primer encuentro, que invita a volver, a sumergirse nuevamente en su caos cromático para descubrir aquello que antes pasó desapercibido. Un refugio contra la apatía digital Quizás lo más significativo del videoclip de “El Ángel Exterminador” es su capacidad para funcionar como un refugio sensorial. En un momento donde la saturación de estímulos digitales ha generado, paradójicamente, una creciente apatía, donde el scroll infinito ha adormecido nuestra capacidad de asombro, Roteker propone un espacio donde la intensidad visual no es agotamiento sino revitalización. Las texturas analógicas, la densidad de las imágenes, la calidez del color saturado, la presencia de los cuerpos: todo en el video contribuye a construir un territorio habitable. No es casual que la pieza se describa como un portal. Un portal no se mira desde afuera; se atraviesa. Y el video de Roteker invita precisamente a eso: a cruzar hacia otro lugar, a dejarse llevar por su corriente visual sin intentar controlarla, a experimentar la música no como acompañamiento sino como inmersión total. Conclusión Con este videoclip, Nikita Roteker y Paradiso han logrado algo que trasciende la categoría de “video musical”. Han creado una pieza que expande el universo sonoro del álbum hacia un territorio visual coherente, potente y emocionalmente resonante. Integrando la estética de los *idents* de MTV con una sensibilidad contemporánea, construyendo un collage que es al mismo tiempo caótico y riguroso, y apostando por la presencia humana y la materialidad analógica como formas de resistencia cultural, el trabajo se erige como un manifiesto en movimiento. “Paradiso no es una banda: es un presagio”, han dicho sus creadores. Con este videoclip, Nikita Roteker demuestra que el presagio también puede ser imagen. Y que, en tiempos de apatía digital, un portal bien construido puede ser el mejor refugio. El videoclip de “El Ángel Exterminador” ya está disponible en plataformas digitales. El álbum homónimo de Paradiso puede escucharse en streaming y adquirirse en formato físico.

Sale “El Ángel Exterminador” de Paradiso, dirigido por Nikita Roteker Leer más »

Kim Gordon regresa con Play Me: ruido, arte y resistencia en estado puro

Hablar de Kim Gordon es hablar de una figura clave en la historia del ruido, el arte y la contracultura. Cofundadora de Sonic Youth, su trayectoria siempre ha orbitado entre lo sonoro y lo conceptual. Hoy, con Play, su nuevo álbum, reafirma que su inquietud creativa sigue intacta. Después de No Home Record (2019) y el abrasivo The Collective (2024), Gordon continúa explorando terrenos donde el hip hop experimental, el noise y la electrónica industrial se cruzan sin pedir permiso. Play no es un giro, sino una expansión: una obra que suena cruda, fragmentada y profundamente contemporánea. El disco mantiene esa estética que Gordon ha pulido en su etapa solista: beats pesados, estructuras rotas y una voz que no busca ser protagonista, sino un elemento más dentro del caos controlado. Hay momentos que remiten al spoken word, otros al collage sonoro, pero siempre con una intención clara: incomodar, provocar, cuestionar. En términos líricos, Play se mueve entre la crítica cultural, la saturación digital y la identidad en tiempos hiperconectados. No hay nostalgia aquí. Si algo define este material es su mirada hacia el presente —y, en muchos momentos, hacia un futuro incierto. Musicalmente, el álbum dialoga con nuevas generaciones de productores experimentales, pero sin perder ese ADN que Gordon ayudó a construir desde los años 80: hacer del ruido un lenguaje. En ese sentido, Play no busca competir con la actualidad, sino infiltrarse en ella desde su propio código. Lejos de ser un ejercicio de legado, este disco confirma que Kim Gordon no está interesada en mirar atrás. Play es una declaración de vigencia, pero también de resistencia: una artista que sigue creando desde la incomodidad, desafiando estructuras y manteniéndose fiel a su naturaleza indómita. En un panorama donde muchas figuras históricas optan por la repetición, Gordon apuesta por el riesgo. Y en ese riesgo, encuentra —una vez más— su lugar.

Kim Gordon regresa con Play Me: ruido, arte y resistencia en estado puro Leer más »

Scroll al inicio