Depósitio Sonoro

22 septiembre, 2026

¿El shoegaze no existe? Una discusión sobre un género que quizá nunca quiso serlo

Hay algo particularmente interesante en escuchar a músicos que fueron colocados en el centro de una escena decir que esa escena nunca existió. En semanas recientes, Jim Reid de The Jesus and Mary Chain cuestionó directamente la existencia del shoegaze como género. Y ahora, en una entrevista para Depósito Sonoro, un integrante de Chapterhouse ha sostenido una idea similar. Dos voces vinculadas, de maneras distintas, con la genealogía de aquello que hoy llamamos shoegaze parecen coincidir en algo: el término no describe necesariamente lo que ellos pensaban que estaban haciendo. La afirmación puede parecer paradójica. ¿Cómo puede no existir un género cuyos discos, bandas, características sonoras, historia, escenas, etiquetas discográficas, libros, festivales, reediciones y hasta nuevas generaciones de músicos están perfectamente documentados? Tal vez la respuesta esté en distinguir entre un género que existe como identidad y un género que existe como categoría histórica. Y ahí comienza el problema. Antes de ser un género, fue una etiqueta “Shoegaze” no nació como manifiesto. Ninguna banda salió a decir: vamos a fundar un nuevo género musical basado en capas de guitarras, distorsión, feedback, voces etéreas y músicos mirando hacia sus pedales. El término apareció en la prensa musical británica alrededor de 1991. Su origen exacto incluso es discutido: Andy Ross, entonces vinculado a Food Records, ha contado una versión sobre cómo surgió el término; sin embargo, el primer uso impreso confirmado de “shoe-gazers” aparece en NME en mayo de 1991, en referencia a Slowdive. Es importante detenerse aquí. Porque el nombre no surgió de las bandas. Fue una manera de agruparlas desde afuera. El famoso “shoegazing” hacía referencia, en principio, a una característica escénica: músicos que permanecían relativamente inmóviles mientras miraban hacia sus pedales de efectos. Pero esa descripción visual terminó convirtiéndose en una categoría sonora. El problema es que las bandas reunidas bajo ese nombre no necesariamente se consideraban parte de una misma corriente. Rachel Goswell, de Slowdive, ha explicado que el término surgió a partir de esa observación sobre los pedales y posteriormente fue aplicado a un conjunto mucho más amplio de grupos. Otros músicos de aquella generación también han señalado que la etiqueta era externa y, en muchos casos, despectiva. Es decir: el shoegaze comenzó siendo una etiqueta periodística antes de convertirse en una categoría musical. Y eso cambia bastante la discusión. Entonces, ¿qué estaban haciendo realmente? Pensemos en las bandas que hoy colocamos dentro de ese universo. My Bloody Valentine.Slowdive.Ride.Lush.Chapterhouse.Swervedriver.Catherine Wheel.Pale Saints.The Boo Radleys. No suenan iguales. Y eso es precisamente lo interesante. My Bloody Valentine llevó la guitarra hacia un territorio donde el ruido, la melodía y la textura podían convertirse en una misma cosa. Slowdive desarrolló una dimensión mucho más atmosférica y melódica. Ride incorporó elementos psicodélicos y una estructura más cercana al rock tradicional. Lush podía desplazarse entre el pop, el dream pop y las guitarras densas. Chapterhouse tenía otra relación con el ritmo y la psicodelia. Incluso AllMusic, al describir retrospectivamente el shoegaze, reconoce esa diversidad: identifica el modelo de My Bloody Valentine como fundamental, pero señala también la influencia de Dinosaur Jr., The Jesus & Mary Chain y Cocteau Twins, mientras que bandas como Ride, Lush, Chapterhouse y The Boo Radleys desarrollaron sus propias variantes. Por eso quizá sea más exacto pensar que shoegaze nunca fue un sonido único. Fue una zona de intersección. Una especie de territorio donde distintas bandas llegaron desde diferentes caminos y terminaron utilizando herramientas similares: volumen, capas, distorsión, feedback, modulación, reverberación, melodías parcialmente ocultas y una relación menos frontal entre intérprete y público. Y aquí aparece The Jesus and Mary Chain Hay una ironía particularmente hermosa en que The Jesus and Mary Chain cuestione la existencia del shoegaze. Porque, aunque no sea una banda shoegaze en sentido estricto, su música forma parte fundamental de la genealogía que llevó hasta él. Psychocandy, publicado en 1985, ya había planteado una combinación extraordinaria: canciones pop relativamente sencillas sepultadas bajo ruido, distorsión y feedback. Después aparecerían Cocteau Twins y, sobre todo, My Bloody Valentine, llevando aquella relación entre melodía y ruido hacia lugares mucho más extremos. En otras palabras: El shoegaze no apareció de la nada. Existía una conversación musical previa. Y esa conversación tenía entre sus participantes a bandas que jamás necesitaron llamarse shoegaze. The Jesus and Mary Chain es, en ese sentido, una especie de antepasado que no reconoce el apellido. My Bloody Valentine tampoco necesitaba llamarse shoegaze Aquí encontramos otra contradicción. Cuando hablamos de shoegaze, casi inevitablemente terminamos hablando de My Bloody Valentine y de Loveless. Pero Loveless no necesitó de la palabra “shoegaze” para existir. La música estaba ahí antes de que la categoría terminara de consolidarse. Esto ocurre con frecuencia en la historia de la música. Los músicos hacen música. Después alguien intenta explicarla. Primero aparecen las canciones. Después los periodistas encuentran patrones. Después las compañías discográficas encuentran una forma de vender esos patrones. Finalmente, los historiadores construyen una genealogía. Y años después aparece alguien diciendo: “Nosotros nunca fuimos eso.” Probablemente tenga razón. Y probablemente también la tenga quien utiliza el término. ¿Un género necesita que sus músicos crean en él? Aquí está la verdadera discusión. Supongamos que cinco bandas hacen música con características similares, tocan en los mismos lugares, comparten público, sellos discográficos, productores, amigos y circuitos de conciertos. Los periodistas comienzan a agruparlas. El público comienza a reconocer similitudes. Años después, nuevas bandas escuchan esos discos, identifican determinadas características y comienzan a utilizarlas deliberadamente. ¿Existe el género? Aunque los músicos originales digan que no, históricamente la respuesta parece ser sí. Porque los géneros no son únicamente declaraciones de identidad. También son herramientas para describir relaciones entre obras. El rock mismo es un ejemplo extremo. Ningún género musical es una caja perfectamente cerrada. ¿Dónde termina el punk y comienza el post-punk? ¿Dónde termina el dream pop y comienza el shoegaze? ¿Es Disintegration de The Cure goth, post-punk, dream pop o simplemente The Cure? ¿Es Sonic Youth noise rock? ¿Es Souvlaki exclusivamente shoegaze? Las fronteras se vuelven borrosas en cuanto dejamos de trabajar con etiquetas comerciales

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Drizzle: Cai de Cara Ayer, el urbano que se atreve a salir del molde 

 Drizzle llega con “Cai de Cara Ayer”, un estreno que pone sobre la mesa una versión más honesta, orgánica y vulnerable del artista urbano alternativo. La canción nace desde ese momento en el que toca reconocer los errores, tocar fondo y entender que levantarse también implica dar la cara. Sin disfraces ni fórmulas prefabricadas, Drizzle convierte esa experiencia en una pieza que se siente cercana desde la primera escucha. Pero, ¿qué hace diferente a Drizzle dentro del urbano? 🤔 Mientras gran parte de la escena apuesta por sonidos reconocibles y estructuras que ya sabemos cómo funcionan, su propuesta juega en otro terreno: mezcla códigos del urbano con una sensibilidad mucho más alternativa, melodías y una interpretación que prioriza la emoción. “Cai de Cara Ayer” no intenta encajar perfectamente en una etiqueta; más bien toma elementos del urbano y los lleva hacia un lugar propio, demostrando que hablar de género también puede significar romper sus límites. Y ahí está precisamente lo interesante. ⚡ Drizzle no necesita alejarse completamente del urbano para ser diferente: lo transforma desde adentro. Su sonido puede conectar con quienes disfrutan del rap, trap o reggaetón alternativo, pero también con quienes buscan propuestas más experimentales y emocionales. Es esa combinación la que comienza a construir una identidad reconocible: una música que puede sonar cruda, moderna y alternativa al mismo tiempo, sin perder la esencia de alguien que está encontrando su propia voz. “Esta canción nace de un momento de absoluta honestidad. Cuando regresamos al estudio en enero, hablábamos justo de cómo a veces te toca tocar fondo por tu culpa y no te queda de otra más que dar la cara y levantarse. Teníamos que llevar ese sentimiento a un sonido orgánico e impecable”  Para darle vida a toda la vulnerabilidad de “Cai de Cara Ayer”, Drizzle se rodeó de un gran equipo en el Estudio Topetitud: Alex Patri en la ingeniería, Sami Mendoza en la batería, Carlos Noriega (Bani) en producción y composición, y VV Brujo en la dirección vocal. El resultado: un track crudo, emocional. Así que si todavía no has escuchado “Cai de Cara Ayer”, este es el momento de darle play. Porque más allá de ser un nuevo lanzamiento, el track representa otro paso en el crecimiento de Drizzle y en esa búsqueda por construir un urbano diferente, menos predecible y mucho más personal. Dale una escucha, descubre qué pasa cuando lo urbano se encuentra con lo alternativo y cuéntanos: ¿Drizzle ya está creando su propio camino?

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90’s ROCK: cuatro nombres fundamentales del rock mexicano llegarán al Parque Naucalli

Cuca, La Castañeda, La Lupita y Santa Sabina compartirán escenario el próximo 14 de noviembre en Naucalpan, Estado de México. El próximo sábado 14 de noviembre, cuatro de esas voces volverán a encontrarse en un mismo escenario con “90’s ROCK”, festival que llegará al Parque Naucalli, en Naucalpan, Estado de México. A partir de las 18:00 horas, Cuca, La Castañeda, La Lupita y Santa Sabina compartirán una jornada que reúne distintas caras de aquella escena: la irreverencia, el humor, la oscuridad, la experimentación, el funk, los ritmos latinos y una manera particularmente intensa de entender el rock. Desde Guadalajara, Cuca llegará con José Fors al frente. La banda construyó buena parte de su identidad alrededor de guitarras contundentes, letras provocadoras y un sentido del humor que se convirtió en una de sus principales señas. Temas como “El son del dolor”, “La balada” y “Cara de pizza” forman parte de un repertorio que permanece estrechamente ligado a la memoria del rock mexicano de los noventa. La oscuridad tendrá su propio espacio con La Castañeda. Encabezada por Salvador Moreno, la agrupación desarrolló una propuesta donde el rock convivió con la teatralidad, la psicodelia y una atmósfera profundamente particular. “Cenit”, “Noches de tu piel” y “Transfusión” son algunas de las canciones que han mantenido vigente ese universo sonoro y visual. El baile llegará de la mano de La Lupita, agrupación que encontró uno de sus principales distintivos en la mezcla de rock, funk y ritmos latinos. Con Héctor Quijada al frente, canciones como “Ja, ja, ja”, “Paquita Disco” y “Supersónico” representan una faceta más festiva y rítmica de aquella generación de bandas que amplió los límites del rock nacional. Por su parte, Santa Sabina representa una de las vertientes más experimentales y poéticas de aquella escena. Su música, marcada por una búsqueda artística que trascendió los formatos convencionales del rock, dejó un legado que continúa encontrando nuevos escuchas. Su participación en “90’s ROCK” funcionará también como una celebración de esa herencia y de una obra que permanece profundamente ligada a la historia de la música alternativa en México. Más que reunir cuatro nombres asociados a una misma década, “90’s ROCK” plantea un encuentro entre distintas formas de entender el rock mexicano. Sonidos que en su momento convivieron dentro de una escena amplia y diversa y que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en parte de la memoria musical de varias generaciones. El Parque Naucalli será el escenario de esta reunión en el Estado de México, en una presentación de gran formato organizada por Beyond Stage Entertainment. Los boletos ya se encuentran disponibles a través del sistema Arema. La primera fase de venta permanecerá vigente hasta el 1 de octubre, con precios de $1,000 pesos en zona Preferente y $800 pesos en zona General. Posteriormente, los precios estarán sujetos a las siguientes etapas de comercialización. El próximo 14 de noviembre, Naucalpan recibirá una noche construida alrededor de canciones que sobrevivieron a su propia época. Cuatro bandas, cuatro maneras distintas de aproximarse al rock y un mismo escenario para volver a escuchar una parte fundamental de la historia de la música mexicana. 90’s ROCK📍 Parque Naucalli, Naucalpan, Estado de México📅 Sábado 14 de noviembre de 2026🕕 18:00 horas🎟️ Boletos: Primera fase: $1,000 Preferente / $800 General, hasta el 1 de octubre.

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