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Altar: el ritual de ruido que unió a Sunn O))) y Boris

Altar es un álbum colaborativo delgrupo japonés de música experimental Boris y la bandaestadounidense de drone metal Sunn O))) , lanzado el 31 de octubre de 2006 a través de Southern Lord Records ( SUNN62 ). Una edición limitada de dos CD fue lanzada el 23 de octubre a través de Southern Lord con una pista extra de 28 minutos con Sunn O))), Boris y Dylan Carlson , titulada “Her Lips Were Wet with Venom”. Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. Obras que no fueron pensadas para acompañar una tarde, sino para desfigurar la percepción del tiempo, poner al cuerpo en alerta y recordarnos que la música pesada también puede ser una experiencia casi espiritual. Altar, la monumental colaboración entre Sunn O))) y Boris, pertenece exactamente a esa clase de álbumes. Publicado originalmente en 2006, el disco reunió a dos de los proyectos más radicales y visionarios del sonido pesado y experimental de su tiempo: por un lado, el abismo drónico y ceremonial de Sunn O))); por el otro, la naturaleza mutante de Boris, una banda capaz de navegar con la misma naturalidad entre el sludge, el noise, el shoegaze, el psych rock y la devastación absoluta. El resultado fue una obra que no se conformó con sonar pesada: quiso sonar total. Un encuentro inevitable Más que un “split de lujo” o una simple colaboración entre nombres de culto, Altar fue la consolidación de una afinidad artística profunda. Ambas entidades compartían una visión: entender la distorsión, la repetición y el volumen no como trucos de impacto, sino como herramientas de trance, densidad emocional y expansión sensorial. Desde su portada hasta su ejecución, Altar se siente como un ritual de comunión entre dos formas distintas de entender la oscuridad. Sunn O))) llega con sus riffs lentísimos, sus capas tectónicas y su obsesión por el peso físico del sonido; Boris aporta una sensibilidad más elástica, más psicodélica, más impredecible. La mezcla de ambas fuerzas no genera caos gratuito: genera arquitectura sonora. Un disco que no teme mutar Lo extraordinario de Altar es que, a pesar de su reputación de álbum “pesado”, no está construido únicamente desde la aplastante brutalidad. Claro, temas como “Etna” y “Blood Swamp” son verdaderas masas de lava sonora: lentas, ominosas, aplastantes. Pero en medio del humo aparecen grietas de belleza extraña, momentos donde el disco parece levitar. Ahí entra “The Sinking Belle (Blue Sheep)”, probablemente el corazón emocional del álbum. La participación de Jesse Sykes convierte la pieza en una anomalía hermosa dentro del paisaje dronero: una canción fantasmagórica, melancólica y profundamente hipnótica que demuestra que el peso también puede ser delicado, seductor y emocionalmente devastador. Luego está “Akuma No Kuma”, donde la oscuridad adquiere una forma más lúdica y surrealista, casi como si el álbum se permitiera sonreír con los colmillos puestos. Y más adelante, “Fried Eagle Mind” funciona como un puente perfecto entre la agresividad y la abstracción, reafirmando que este disco nunca quiso ser lineal ni cómodo. Pesadez como lenguaje, no como pose Uno de los mayores méritos de Altar es que entiende la pesadez como una experiencia física y psicológica, no solo como una estética metalera. Aquí el volumen no es un accesorio cool, sino una forma de alterar la escucha. El disco trabaja con la repetición, la textura, el aire, el eco y la espera como si estuviera construyendo un templo hecho de amplificadores y ceniza. Eso explica por qué Altar ha envejecido tan bien. No está atrapado en una tendencia de época ni en una escena específica. Aunque nace del drone metal, del doom y del noise, su verdadero territorio está en otro lado: en el arte de hacer que el sonido se sienta como una presencia viva. Y quizá ahí radica su importancia: no fue solo un gran disco colaborativo. Fue una obra que ayudó a demostrar que la música extrema podía ser también cinematográfica, abstracta, poética y profundamente inmersiva. Un altar para la música pesada de culto Con los años, Altar se ha consolidado como una pieza fundamental dentro de la discografía de ambas agrupaciones. No solo por lo ambicioso del cruce, sino porque representa un momento en el que dos mundos compatibles decidieron no contenerse en absoluto. La presencia de colaboradores como Kim Thayil, Dylan Carlson y otros músicos cercanos a este universo expandió todavía más el carácter comunal, casi litúrgico, del proyecto. Escuchar Altar hoy sigue siendo una experiencia exigente, pero también profundamente gratificante. No es un disco para poner “de fondo”. Es un disco para entrar. Para dejarse envolver por sus frecuencias, su niebla, su tensión y su misterio.

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Kim Gordon regresa con Play Me: ruido, arte y resistencia en estado puro

Hablar de Kim Gordon es hablar de una figura clave en la historia del ruido, el arte y la contracultura. Cofundadora de Sonic Youth, su trayectoria siempre ha orbitado entre lo sonoro y lo conceptual. Hoy, con Play, su nuevo álbum, reafirma que su inquietud creativa sigue intacta. Después de No Home Record (2019) y el abrasivo The Collective (2024), Gordon continúa explorando terrenos donde el hip hop experimental, el noise y la electrónica industrial se cruzan sin pedir permiso. Play no es un giro, sino una expansión: una obra que suena cruda, fragmentada y profundamente contemporánea. El disco mantiene esa estética que Gordon ha pulido en su etapa solista: beats pesados, estructuras rotas y una voz que no busca ser protagonista, sino un elemento más dentro del caos controlado. Hay momentos que remiten al spoken word, otros al collage sonoro, pero siempre con una intención clara: incomodar, provocar, cuestionar. En términos líricos, Play se mueve entre la crítica cultural, la saturación digital y la identidad en tiempos hiperconectados. No hay nostalgia aquí. Si algo define este material es su mirada hacia el presente —y, en muchos momentos, hacia un futuro incierto. Musicalmente, el álbum dialoga con nuevas generaciones de productores experimentales, pero sin perder ese ADN que Gordon ayudó a construir desde los años 80: hacer del ruido un lenguaje. En ese sentido, Play no busca competir con la actualidad, sino infiltrarse en ella desde su propio código. Lejos de ser un ejercicio de legado, este disco confirma que Kim Gordon no está interesada en mirar atrás. Play es una declaración de vigencia, pero también de resistencia: una artista que sigue creando desde la incomodidad, desafiando estructuras y manteniéndose fiel a su naturaleza indómita. En un panorama donde muchas figuras históricas optan por la repetición, Gordon apuesta por el riesgo. Y en ese riesgo, encuentra —una vez más— su lugar.

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30 años de Placebo: el debut que definió una era vuelve a tomar forma

En 1996, Placebo irrumpió con un debut homónimo que se convirtió en refugio para toda una generación que encontraba en la ambigüedad, el exceso y la sensibilidad un nuevo lenguaje. Hoy, tres décadas después, la banda liderada por Brian Molko ha decidido celebrar sus 30 años de carrera regresando al origen: regrabando aquel primer álbum que los posicionó como una de las propuestas más singulares del rock alternativo de los noventa. Volver al punto de quiebre El debut Placebo (1996) no fue un disco cualquiera. Fue una declaración de identidad en plena efervescencia del britpop, pero desde un lugar completamente distinto: más oscuro, más íntimo, más incómodo. Canciones como “Nancy Boy” o “36 Degrees” no solo construyeron un sonido, sino una estética que rompía con lo establecido. Regrabar este álbum no es un gesto de nostalgia fácil. Es, más bien, una forma de reinterpretar ese momento desde la experiencia acumulada, desde las cicatrices y la evolución sonora que la banda ha desarrollado a lo largo de los años. ¿Revisitar o reescribir? En tiempos donde los aniversarios suelen celebrarse con reediciones o giras conmemorativas, Placebo opta por un movimiento más arriesgado: volver a grabar desde cero. Esto abre una pregunta interesante: ¿cómo suenan hoy esas canciones? ¿Se mantienen intactas o se transforman bajo el peso del tiempo? Lo cierto es que el contexto ha cambiado. Lo que en los 90 era provocación, hoy es parte del ADN cultural. Pero el espíritu de Placebo —esa mezcla de fragilidad, intensidad y confrontación— sigue siendo relevante. Un legado que sigue en movimiento A lo largo de 30 años, Placebo ha construido una discografía sólida, convirtiéndose en una banda de culto con impacto global y una relación especialmente fuerte con el público latinoamericano. Su capacidad para evolucionar sin perder identidad es, quizá, lo que hace que este regreso al origen tenga sentido. Regrabar su debut no es mirar hacia atrás, sino entender que algunas historias merecen ser contadas más de una vez, desde nuevas perspectivas. El inicio que nunca termina A tres décadas de distancia, Placebo vuelve a ese primer paso que lo cambió todo. No como un ejercicio de nostalgia, sino como una reafirmación: hay discos que no envejecen, solo encuentran nuevas formas de resonar.

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El punk toma la CDMX: llega Rock Out con Evaristo y Bad Religion al frente

La Ciudad de México se prepara para una descarga directa de distorsión, ideología y energía cruda. El próximo 2 de mayo, el Festival Rock Out celebrará su primera edición en el Foro Cuauhtémoc, apostando por un cartel que no solo reúne nombres clave del punk, sino también distintas generaciones y formas de entender el género. Encabezando esta jornada están dos fuerzas fundamentales: por un lado, Evaristo, figura central del punk ibérico y voz histórica detrás de proyectos como La Polla Records, quien llega con un set que promete recorrer décadas de inconformidad y resistencia. Por el otro, Bad Religion, una de las bandas más influyentes del punk californiano, cuya presencia en el festival marcará además su única presentación en México durante 2026. Un cruce de escenas, generaciones y posturas Rock Out no se plantea como un festival más dentro del calendario capitalino. Desde su arranque, busca posicionarse como un punto de encuentro entre distintas corrientes del punk, el hardcore y el ska, reuniendo tanto nombres internacionales como propuestas con peso dentro de la escena. El cartel —que también incluye actos como Cock Sparrer, Save Ferris y Voodoo Glow Skulls— apunta a construir una experiencia donde el pasado y el presente del género dialogan en un mismo espacio. Punk como postura, no solo como sonido Más allá de la música, el festival se perfila como una declaración: un espacio donde el punk vuelve a colocarse como vehículo de crítica social, identidad y comunidad. La combinación entre la tradición combativa europea de Evaristo y la conciencia política melódica de Bad Religion subraya esa intención. En un contexto donde la saturación de propuestas musicales es constante, Rock Out apuesta por algo más directo: recuperar la intensidad, el discurso y la energía que hicieron del punk una herramienta cultural y no solo un género. Una cita obligada para la escena El 2 de mayo, el Foro Cuauhtémoc se convertirá en territorio de riffs acelerados, coros colectivos y posturas incómodas. Más que un festival, Rock Out apunta a consolidarse como un nuevo espacio para una comunidad que sigue encontrando en el punk una forma de entender —y confrontar— el mundo. Line up Rock Out México 2026 🧨 Headliners 🌎 Internacionales 🇲🇽 Nacionales y escena local Contexto del festival

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Neurosis regresa con su nuevo disco: An Undying Love for A Burning World

Después de años de silencio, incertidumbre y una ruptura que parecía definitiva, Neurosis vuelve. Y no lo hace con nostalgia ni concesiones, sino con un disco que suena a reconstrucción emocional, a catarsis colectiva: An Undying Love for A Burning World. El lanzamiento llegó de forma sorpresiva, sin campaña previa, reafirmando algo que siempre ha definido a la banda: su distancia de las lógicas tradicionales de la industria. Pero más allá del factor sorpresa, lo que realmente impacta es el contexto. Este es su primer álbum en una década y también el inicio de una nueva etapa tras la salida de Scott Kelly, marcando un punto de quiebre dentro de una de las bandas más influyentes del post-metal. Una nueva voz, el mismo peso existencial Para esta nueva encarnación, Neurosis suma a Aaron Turner —figura clave de proyectos como ISIS y SUMAC— como vocalista y guitarrista. No es una elección aleatoria: Turner ha orbitado el universo sonoro de la banda durante décadas, y su incorporación se siente más como una evolución natural que como un reemplazo. Su presencia aporta una intensidad distinta, más contenida pero igual de abrasiva, que se funde con la densidad característica del grupo. El resultado no es un intento de replicar el pasado, sino una reinterpretación de su propio lenguaje. Un mundo en llamas El título del disco no es casual. An Undying Love for A Burning World es, en esencia, una respuesta al colapso contemporáneo: crisis climática, ansiedad colectiva, aislamiento y un entorno social cada vez más fragmentado. La banda lo plantea como una necesidad urgente de encontrar liberación en medio del caos. Musicalmente, el álbum se despliega como un viaje denso y progresivo: Es Neurosis en estado puro: pesado, espiritual y profundamente emocional. Catarsis, no regreso Más que un comeback, este disco se siente como una reconfiguración. Neurosis no regresa para repetir fórmulas, sino para reafirmar por qué su música sigue siendo necesaria. En un mundo saturado de ruido superficial, su propuesta sigue siendo incómoda, lenta y profundamente introspectiva. Incluso su regreso a los escenarios —tras años de ausencia— apunta en la misma dirección: no como celebración, sino como un acto de comunión y liberación colectiva. El peso de seguir adelante Si algo deja claro este álbum es que Neurosis nunca fue solo una banda, sino un proceso. Uno que atraviesa el dolor, la pérdida y la transformación para convertirlos en sonido. An Undying Love for A Burning World no es fácil de escuchar. Tampoco lo pretende. Es un disco que exige tiempo, atención y disposición a habitarlo. Pero en esa exigencia está su fuerza. Discografía completa de Neurosis:

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Nailbomb: el ruido como protesta, el caos como manifiesto

En una época donde el metal comenzaba a diversificarse hacia territorios más extremos y experimentales, surgió un proyecto breve pero demoledor: Nailbomb. Más que una banda, fue una descarga de rabia concentrada, un experimento sonoro que encapsuló el descontento social de los años noventa en apenas un disco. Detrás de Nailbomb estaban dos figuras clave: Max Cavalera, entonces líder de Sepultura, y Alex Newport, mente detrás de Fudge Tunnel. Juntos crearon un proyecto paralelo que no buscaba complacer, sino incomodar. Un solo álbum, una explosión En 1994 lanzaron Point Blank, un disco que hoy es considerado de culto dentro del metal industrial. La fórmula era simple pero brutal: riffs densos, bases electrónicas, samples cargados de crítica política y una energía casi punk en su ejecución. Nailbomb no se alineaba completamente con el metal tradicional ni con la electrónica industrial; más bien, operaba en un punto de colisión. Su sonido era sucio, directo y deliberadamente agresivo, con influencias que iban desde el hardcore hasta el noise. El contexto: violencia, medios y control Point Blank no solo era un ejercicio musical, sino un reflejo del mundo. El álbum aborda temas como: Todo esto envuelto en un lenguaje sonoro que parecía diseñado para saturar y confrontar al oyente. Un proyecto efímero, un impacto duradero Nailbomb tuvo una vida corta: un solo álbum y una presentación en vivo durante el festival Dynamo Open Air en 1995. Sin embargo, eso fue suficiente para dejar una marca profunda. El proyecto demostró que el metal podía dialogar con la electrónica de forma más radical, anticipando sonidos que años después se volverían más comunes en la escena industrial y experimental. Más allá del ruido Lo interesante de Nailbomb es que no buscaba ser una banda “exitosa” en términos tradicionales. Era más cercano a un statement artístico: una válvula de escape para canalizar frustración, enojo y crítica social sin filtros. Hoy, en un contexto donde la saturación de información y la violencia mediática siguen presentes, Point Blank suena tan vigente como en los noventa. Quizá incluso más.

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H.U.M.STIVAL: un nuevo festival underground que apuesta por la autogestión y la comunidad en la Ciudad de México

En un momento donde gran parte de la industria musical se mueve bajo dinámicas corporativas y festivales cada vez más masivos, surgen iniciativas que recuperan el espíritu original del hazlo tú mismo, la organización colectiva y el valor de las escenas independientes. Bajo esa filosofía nace H.U.M.STIVAL, un nuevo encuentro dedicado a la música extrema y a la cultura DIY que celebrará su primera edición en la Ciudad de México. El festival es impulsado por Iniciativa H.U.M., un colectivo y productora de eventos underground que, de la mano de Open Sesame, busca crear un espacio donde la música pesada se conecte con la acción colectiva, la inclusión y la autonomía cultural. Más que un festival tradicional, H.U.M.STIVAL se plantea como un punto de encuentro para comunidades que históricamente han operado al margen de la industria, aquellas que han construido sus propios circuitos de conciertos, distribución musical y redes de apoyo. Un festival que reivindica el espíritu DIY El proyecto nace bajo los principios de H.U.M. (Hágalo Usted Mismo), una ética profundamente arraigada en escenas como el punk, el hardcore y el metal underground. La idea es sencilla pero poderosa: autogestionar la cultura para mantener su independencia. En este sentido, H.U.M.STIVAL busca convertirse en un referente de práctica DIY en México, promoviendo un espacio seguro para disidencias, creatividad radical y solidaridad entre artistas y público. La intención no es únicamente ofrecer conciertos, sino transformar a la audiencia en una comunidad activa, donde cada asistente participa en la construcción del evento. El festival reunirá proyectos de punk, hardcore, metal, doom, screamo y scramz, géneros que comparten una tradición de autogestión y resistencia cultural dentro de la música alternativa. Más que un festival: una comunidad Uno de los principios centrales del evento es revalorizar el trabajo artístico dentro de las escenas independientes. En lugar de apostar por grandes ganancias económicas, la iniciativa busca asegurar condiciones dignas para quienes hacen posible el festival: artistas, organizadores y público. La invitación es clara: apoyar activamente la escena. Esto implica desde la compra del boleto hasta asistir a todas las presentaciones y adquirir la mercancía de las bandas. En ese gesto colectivo se encuentra la base del proyecto: una red de apoyo que permita que estas escenas continúen existiendo y creciendo. El objetivo final es que cada persona que asista viva una experiencia auténtica, honesta y sin adornos, fiel al espíritu del underground. Valores que definen H.U.M.STIVAL El festival se construye sobre una serie de principios que guían su organización y visión: Lineup de la primera edición La primera edición de H.U.M.STIVAL reunirá una serie de proyectos de la escena underground: BOLETOS

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El fin de una era: la legendaria Amoeba Music de Los Ángeles se transformará en un spa

Durante décadas, Amoeba Music ha sido uno de los templos más importantes para los amantes de la música en Estados Unidos. Su enorme tienda en Hollywood, famosa por sus interminables estantes de vinilos, CDs, DVDs y rarezas musicales, ha sido un punto de encuentro para coleccionistas, músicos y fanáticos del sonido físico. Sin embargo, un nuevo capítulo se abre en la historia del lugar: el inmueble que ocupaba la legendaria tienda cerrará sus puertas definitivamente para convertirse en un spa. La noticia marca simbólicamente el cierre de una etapa para la cultura musical de Los Angeles. Durante años, Amoeba fue mucho más que una tienda de discos. Era un espacio donde se descubrían artistas, se encontraban ediciones difíciles de conseguir y donde los empleados —auténticos melómanos— recomendaban música con la misma pasión con la que otros recomiendan libros o películas. Fundada en 1990 en Berkeley, Amoeba Music se expandió posteriormente a San Francisco y a Los Ángeles, convirtiéndose rápidamente en una institución dentro de la cultura musical independiente de la costa oeste. La tienda de Hollywood, abierta en 2001, fue durante años una de las tiendas de discos más grandes del mundo. Su relevancia también se debió a los conciertos íntimos y presentaciones sorpresa que se realizaban dentro del local. Artistas como Paul McCartney, Elvis Costello, Tyler, The Creator y Red Hot Chili Peppers llegaron a presentarse ahí, convirtiendo el lugar en un escenario inesperado donde fans y músicos convivían sin la distancia de los grandes recintos. Pero el panorama de la ciudad y del comercio ha cambiado. El edificio que durante años albergó la tienda será transformado en un spa, un movimiento que refleja cómo los espacios urbanos de Hollywood han ido mutando hacia modelos comerciales muy distintos a los que dieron identidad cultural al barrio. Cabe recordar que Amoeba Music no desapareció completamente. En 2021, la tienda reabrió en una nueva ubicación también en Hollywood, a unos cuantos kilómetros de su histórico local. Aunque el nuevo espacio mantiene la esencia del proyecto —vinilos, música independiente y cultura musical—, el cierre definitivo del edificio original tiene una carga simbólica importante para varias generaciones de melómanos. Para muchos, recorrer los pasillos de Amoeba significaba perderse durante horas buscando discos de The Velvet Underground, rarezas de Kraftwerk o nuevas recomendaciones del indie contemporáneo. Era uno de esos pocos lugares donde la experiencia de descubrir música físicamente seguía siendo parte esencial del ritual. El cambio del histórico espacio a un spa puede parecer una simple decisión inmobiliaria, pero también refleja algo más profundo: la transformación de las ciudades y la forma en que los espacios dedicados a la cultura musical han ido desapareciendo o adaptándose a nuevas realidades. Aun así, el legado de Amoeba Music permanece intacto. Para quienes alguna vez pasaron una tarde entera revisando vinilos entre sus estantes, ese lugar seguirá siendo uno de los grandes santuarios de la cultura musical independiente. Porque más allá del edificio, lo que representó Amoeba fue algo que difícilmente podrá reemplazarse: la emoción de descubrir música en el mundo real. Aquí la historia completa.

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